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OBRAS - COMPLETAS - EL HOMBRE VASCO


OBRAS COMPLETAS PUBLICADAS - EL HOMBRE VASCO 
 

EL VASCO. FRANCISCO DE VITORIA


El descubrimiento de América vino a plantear, entre otros problemas, el del dominio de ks tierjas recién halladas y el de la libertad de sus pobladores.
La codicia y la ambición de poder, de un lado, y los sentimientos de justicia y de consideración a la dignidad humana, del otro, se enfrentaban en un campo en el que habían de reñir duras batallas, ante los ojos de todo el mundo constituidos en espectador, más o menos interesado, de la contienda.

Y fue entonces cuando surgió el hombre que las circunstancias demandaban: el hombre a quien brevemente vamos a estudiar hoy: ese hombre que fue, ante todo, un varón de respuestas.
Porque él no fue ni podía haber sido uno de esos sabios abstractos que ante un problema que conmueve al mundo, lo soslayan o lo desdeñan desde la altura de su torre de marfil.

No fue tampoco uno de esos eruditos que se contentan con aplicar a las cuestiones vivas una cualquiera de sus recetas copiadas, casi siempre, de sabios que fueron, recetas que las tienen siempre a mano allá en los anaqueles donde se alinean los inertes volúmenes que están proclamando su sapiencia.

Era un varón de respuestas. Uno de esos hombrea que para darlas cumplidas al problema vivo que se alza gritando la angustia y el supremo interés humano que lo ha hecho surgir, va derecho a su encuentro, se abraza con él y lucha como Jacob con el Ángel, poniendo en la contienda toda la sangre de su corazón y de lo más íntimo de éste va sacando la verdad escondida; la va hilando fibra a fibra, como el insecto lo hace con su propia entraña, y da a los otros hombres la luz resplandeciente de una verdad valiente y limpia; la verdad que es la respuesta que está esperando la angustia humana del momento y que será dicha, cómo esta clase de hombres sabe decir las verdades: sin velos y sin miedos.

Así fue Francisco de Vitoria, uno de esos hombres nacidos, en su sencillez, para todo lo grande y a quienes la pequenez y la injusticia repugnan hasta el hondón de su alma, un hombre que se retrata a sí mismo en aquellas palabras que en cierta ocasión escribía a su amigo el Padre Arcos: "No me espantan ni embarazan las cosas que vienen a mis manos, excepto trampas de beneficios y cosas de Indias, que se me hiela la sangre en el cuerpo en mentándomelas" (Vid. "Obras de Francisco de Vitoria". Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1960, pág. 57).
El fenómeno del Padre Vitoria. Ernest Nys, en su introducción a "De Indis et Jure Belli Relectiones" de Francisco de Vitoria, escribe lo que sigue:

"Está claro; no es en los maestros de Filosofía o de Teología de París donde Francisco de Vitoria adquirió los fondos preciosos en que se reunían el espíritu de investigación y de innovación, la tendencia hacia el progreso, el amor del prójimo, el sentimiento de la solidaridad. La naturaleza le había dotado de

Era un varón de respuestas. Uno de esos hombrea que para darlas cumplidas al problema vivo que se alza gritando la angustia y el supremo interés humano que lo ha hecho surgir, va derecho a su encuentro, se abraza con él y lucha como Jacob con el Ángel, poniendo en la contienda toda la sangre de su corazón y de lo más íntimo de éste va sacando la verdad escondida; la va hilando fibra a fibra, como el insecto lo hace con su propia entraña, y da a los otros hombres la luz resplandeciente de una verdad valiente y limpia; la verdad que es la respuesta que está esperando la angustia humana del momento y que será dicha, cómo esta clase de hombres sabe decir las verdades: sin velos y sin miedos.

Así fue Francisco de Vitoria, uno de esos hombres nacidos, en su sencillez, para todo lo grande y a quienes la pequenez y la injusticia repugnan hasta el hondón de su alma, un hombre que se retrata a sí mismo en aquellas palabras que en cierta ocasión escribía a su amigo el Padre Arcos: "No me espantan ni embarazan las cosas que vienen a mis manos, excepto trampas de beneficios y cosas de Indias, que se me hiela la sangre en el cuerpo en mentándomelas" (Vid. "Obras de Francisco de Vitoria". Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1960, pág. 57).
El fenómeno del Padre Vitoria. Ernest Nys, en su introducción a "De Indis et Jure Belli Relectiones" de Francisco de Vitoria, escribe lo que sigue:

"Está claro; no es en los maestros de Filosofía o de Teología de París donde Francisco de Vitoria adquirió los fondos preciosos en que se reunían el espíritu de investigación y de innovación, la tendencia hacia el progreso, el amor del prójimo, el sentimiento de la solidaridad. La naturaleza le había dotado de grandes cualidades: en sí mismo llevaba una fuerza que nada deberá comprimir ni ahogar".


Y e] profesor español Camilo Barcia Trelles (en su monografía titulada "Francisco de Vitoria, fundador del Derecho Internacional") estampa estas palabras; "Para el estudio de esta cuestión no contaba el maestro con la existencia de teorías o principios preestablecidos sobre los cuáles basar sus reflexiones; una realidad inmediata le requería y a encuadrarla jurídicamente dirige sus esfuerzos; tal labor solo puede realizarla quien lleva dentro de sí una gran capacidad creadora; Vitoria era portador de ese don divino; ello nos explica que el profesor salmantino no tan solo exponga criterios nuevos, si no que los conciba en forma tan genial que ellos adquieren carácter de eternidad".

He aquí en estas dos citas enunciado lo que podríamos llamar el "fenómeno" del Padre Vitoria- Se nos muestra a éste y se nos presentan sus doctrinas como cosas que no pueden ser explicadas por antecedentes conocidos, ni mucho menos ser producidos por las corrientes de pensamiento que dominan en su época. No hay otra explicación para sus inmortales enseñanzas que la que pueda derivarse del impulso de su genial individualidad.
Olvidan estos tratadistas una cosa, para nosotros, al menos, tan simple como fundamental: la nacionalidad del Padre Vitoria. Olvidan o no se dan cuenta de que se trata de un vasco. Que lo es tan representativamente que, para los que lo somos, su figura y su obra, sin subestimar por un momento lo que a su clarísima mente y sólo a ella se debe, se nos aparecen no de otra manera sino como un fruto natural y espontáneo, aunque desde luego egregio de la estirpe.

Así vamos a intentar demostrarlo siguiendo en nuestra exposición un método que se parece al hoy en día pasado de moda de Taine: estudiaremos primero la raza; después el momento y, finalmente, en la tercera etapa consideraremos la obra del Padre Vitoria como natural reacción de la primera sobre el segundo.
1. LA BAZA. Si consideramos al Padre Vitoria encuadrado racialmente en Euzkadi, como en efecto lo está, hemos de empezar nuestro estudio mirando a su patria. Y pues de una obra Jurídica se trata —aunque en rigor él no fue jurista sino teólogo—, hemos de considerar, al menos sumariamente, las instituciones y clima jurídico de su tierra. Y he aquí que, al dirigir la vista a ella, nos encontramos con una de las más antiguas, con la denominada del árbol Malato.
Según una vieja tradición, Ordoño, rey de León, había entrado en Vizcaya en son de conquista y fue derrotado en la batalla de Arrigorriaga. Los vizcaínos persiguen al enemigo vencido y en esta persecución llegan a las fronteras de Vizcaya señaladas en aquella parte por el árbol llamado Malato. Y entonces sucede aquello que ha inmortalizado con su pincel el genial artista Pablo de Uranga. En la plenitud de la em* briaguez de la victoriosa persección, los hombres de Vizcaya se detienen y bajan las armas. La daga de su legendario jefe Jaun Zuria clavada en el tronco del árbol Malato les ha recordado la ley siempre cumplida; no se puede atropellar los territorios ajenos: la victoria no da derechos como habría de decirse siglos más tarde.
A este hecho vasco de Vizcaya corresponde otro que el reino de Navarra nos brinda. Sancho el Sabio, rey de la gloriosa monarquía vascona, reconquista de Alfonso VIII de Castilla las tierras de la Hioja y Bureba que por dicho rey castellano le habían sido arrebatadas. Y al llegar triunfante al lugar de Ata-puerca, clava sus armas en un árbol al propio tiempo que exclama: "¡Hasta aquí es el reino de Navarra!".


Y esto que nos dice la tradición vizcaína, ésto que en la historia navarra leemos, responde a algo tan metido, tan ahincado en el espíritu vasco que lo podemos ver, casi en nuestros días expresado por un hijo célebre de nuestra raza. Este vasco famoso que, al mismo tiempo no es sino un hombre del pueblo, un hombre de cultura poco más que elemental y, por ello mismo, el más adecuado exponente de los sentires y reacciones del alma popular, el guipuzcoanc/ Iparraguirre se pone a cantar al árbol de nuestras libertades. Y al componer la primera estrofa de su "Gernika'ko Arbola", tras saludar al famoso roble como a una cosa bendita y amada por los vascos todos, no se le ocurre decirle otra cosa que la expresada en el verso tan conocido: "Ernán ta zabal zazu munduan frutua", es decir, "Da y propaga por .todo el mundo tu fruto de libertad". Porque al vasco no le basta que su patria sea libre, anhela también que lo sean todas las demás; porque sabe o porque siente quizá mejor que sabe, que ningún pueblo de la tierra es digno de llamarse libre mientras no busque compartir su libertad con todos los demás.

He aquí en la tradición, en la historia y en la conciencia popular fuertes y vivos, estos principios de libertad de los pueblos y de solidaridad internacional que constituyen dos de los enunciados fundamentales de la doctrina del Padre Vitoria: he aquí en nuestra tradición, en nuestra historia y en la conciencia de nuestro pueblo, vivo y fecundo, el gran principio básico del Derecho Internacional, porque el primer requisito para que éste exista es, obviamente, la libertad de los pueblos.

Al llegar a este punto creemos oportuno recordar que prima hoy en los tratadistas una tesis que puede encontrarse en cuanto autor actual de Derecho Internacional se examine: Kelsen, Borchard, Schelle, Naasik... y que puede resumirse escuetamente asi: "La persona humana con todas sus libertades esenciales es el titular del Derecho Internacional".

Trataremos de ver ahora si esta teoría moderna, entrevista ya por Vitoria, puede hallar fundamentos más sólidos que los que nos brinda la legislación vizcaína que en esto de la tutela de la dignidad humana y de sus derechos esenciales alcanzó límites realmente dignos de admiración. Veamos, brevemente, algunas muestras.
Habeos Corpus. En el título XI, ley XXVI del Fuero de Vizcaya leemos: "Que ningún Prestamero ni Merino ni ejecutor alguno sea osado de prender a persona alguna sin mandamiento de Juez competente, salvo en caso de infragante delito".

Esta ley, esencial garantía de la libertad y dignidad del hombre y análoga a la del Rabeas Corpus inglés, considerada como una de las grandes conquistas del Derecho, es anterior y superior a ella. Anterior, porque si bien es cierto que en la Carta Magna, arrancada por los barones ingleses a Juan Sin Tierra, en 1415, se establecían garantías para la libertad individual, no lo es menos, como dice Macaulay, que esas garantías eran ineficaces. Así lo consigna también Fischel, en su "Constitución de Inglaterra", estableciendo que en el reinado de Carlos II se determinó con la precisión debida el valor legal del Hábeas Corpus por el

Parlamento Británico, el 27 de mayo de 1679. La, ley vasca aparece no sólo en la compilación de 1526, sino ya en la de 1452 y en ésta con todos los caracteres de cosa inmemorialmente observada.
Es mejor, más generosa, amplia y liberal que la inglesa. 

Porque ésta había sido dada para los nombres libres que allí se enumeran: obispos, condes, caballeros, etc., etc. o sea para aquellas castas privilegiadas que en su propio beneficio se la habían arrancado al rey. ¡Cómo contrasta con esas limitaciones el viril y generoso lenguaje de la ley vizcaína:
"Que ningún ejecutor sea osado de prender a persona
alguna...". Porque todas las personas son iguales ..
ante la democrática ley de Vizcaya; iguales en la cínia /
de la libertad. ¡


Tormento. La dignidad de la persona humana era( respaldada por otra ley, la XII del título I, en la que se establece: "A ningún vizcaíno por delito ni maleficio alguno fuese público o privado, de cualquier calidad y gravedad, se dé tormento ni amenaza de tormento, directa ni indirectamente, en Vizcaya ni en parte alguna fuera de ella". Fijaos en la insistencia con que esa ley rechaza hasta el pensamiento de que la dignida.d de un hijo de Vizcaya —de cualquier vizcaíno— pueda ser ofendida con la aplicación del tormento y no olvidéis que esa ley se escribió en épocas en que el tormento era uno de los medios de prueba que el Derecho Procesal general y corrientemente admitía.

Inviolabilidad del domicilio y prisión -por deudas. La ley IV del título XVI, dice en síntesis;
"Que por cuanto de derecho es que a cada cual su casa de vivir sea tuto refugio, que por deuda alguna que no descienda d« delito, los vizcaíno» no puedan ni» presos ni las cosas de sus inoradas, ni armas, ni caballos ejecutados, y que en Vizcaya, salvo deuda procedente de delito, ni Prestamero Merino, ni ejecutor sea osado de entrar a hacer ejecución alguna, salvo que entre con escribano sin armas a ver los bienes que hay, pudiéndole resistir ain temor a pena".


¿No os parece que suenan como eco de estas magníficas palabras de la ley vizcaína aquellas que Vitoria había de dedicar a los moradores de estas tierras, entonces recién descubiertas, y cuya posesión por. la rapiña quería justificar el imperialismo de su tiempo: "...ellos estaban en pacífica posesión de sus cosas, pública y privadamente. Por lo tanto, mientras no se demuestre lo contrario, deben ser considerados como dueños y no debe turbárseles su posesión".

Libertad religiosa. Puesto que estamos estudiando la figura de un religioso, espiguemos en la legislación vasca las disposiciones que se refieren a las relaciones entre el poder civil y el eclesiástico. Y nos encontramos aquí con que el pueblo vasco, uno de los más prácticamente religiosos de la tierra, aquel pueblo que comenzaba sus Juntas generales bajo el árbol de Guer-nica, con una misa solemne y con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, excluía cu absoluto de esas mismas Juntas como delegados a los clérigos —ciertamente estamos muy lejos de los Concilios toledamos— y se llegaba en el Fuero de Guipúzcoa e igualmente en el de Álava, a invalidar la representación del apoderado a quién poco antes de la Junta se hubiera visto hablando con un sacerdote. Ese mismo pueblo que ofrecía y ofrece tal cantidad de misioneros como, en proporción, no puede presentar ninguno otro de la tierra, establecía la Ley III del Título XXXIII del Fuero de Vizcaya: "que se prohibe a loa obispos y prelados se entrometan en conocer cuestiones entre vizcaínos legos sobre cosas que corresponden a la jurisdicción civil aun cuando se cometan entre los mismos prelados eclesiásticos y contra ellos".


Y en otra ley: "Que no se lea excomunión sobre pleitos y causas crimínales de cualquier calidad que sean, bajo pena de seiscientos maravedises, salvo que procedan civil o criminalmente ante los jueces seglares conforme a derecho".

Y para evitar la acumulación de riquezas en manos del clero y comunidades religiosas y con ello una excesiva influencia de las mismas en la vida civil, establece también el Fuero una limitación a los legados por el alma —el tercio del quinto— que los hace prácticamente insignificantes y pudo evitar los trastornos ocasionados en España por la falta de una disposición semejante, trastornos que las llamadas leyes desamor timadoras fueron incapaces de resolver justicieramente.

En el país vasco, como decíamos uno de los más católicos del mundo, en aquella tierra donde el clero goza de una autoridad moral que su vida ejemplar, su ilustración y su dedicación al pueblo justifican plenamente, fue repudiada la Inquisición. No podía ésta, naturalmente existir, en nuestro clima de fiera pasión por la dignidad humana. El sentido de libertad de conciencia del pueblo se manifiesta elocuentemente en 1510 —frisaba entonces por los treinta años el Padre Vitoria— cuando la ciudad navarra de Tudela ordena a sus procuradores en Cortes que exigieran la retirada de algunos frailes que se decían inquisidores. Ya antes en la misma ciudad, por el año de 1485, como consecuencia de una demanda de extradición a raíz del asesinato en Zaragoza por los judíos del Inquisidor Pedro de Arbués, había respondido por boca de su ayuntamiento que podían llegarse los inquisidores, pero que serian arrojados al Ebro. Estoy hablando de la catolicísima Navarra, de esa Navarra donde en el siglo xv florecía una institución ejemplar: la asamblea de las religiones. En virtud de ella, los representantes de la católica, la musulmana y la judía que entonces convivían en Tudela, se reunían, los días de fiesta mayor de cada una de ellas, para tratar de los problemas comunes a todos los creyentes. No ha llegado aún a tanto el mundo moderno con todo su cacareado progreso y decantada tolerancia.


Después de este rápido examen de nuestras condiciones de vida religiosa, —y permítasenos también recordar el pase obligatoriamente exigido por nuestras Juntas Forales a Bulas y Breves pontificios—, podrá parecemos tan extraño que nuestro Padre Vitoria, siempre dentro de la más estricta ortodoxia, pero con una entereza y valentía que disuena en el coro absolutista y fanático español que con Sepúlveda a la cabeza pretendía justificar la conquista de estas tierras con un título emanado de la donación del Pontífice, se alzara para proclamar, serena y tranquilamente, como verdad que en él nacía de algo consustancial a su espíritu: "Papa non est Dominus civilis aut tera-poralis totius orbis", es decir, el Papa no es señor civü o temporal del mundo?
No, para un vasco nada tiene de extraordinaria esa postura, como tampoco la tiene para nosotros o para quienes se apliquen a conocer nuestra vida histórica y recuerden aquel precepto consignado en el Título I, capítulo I del Fuero de Navarra: "Nos que cada uno somos tanto como vos y todos juntos más que vos os proclamamos rey para que guardéis y llagáis guardar nuestras leyes". O aquel otro de la Constitución vizcaína (Tit. 10, ley 11 del Fuero de Vizcaya) en que se consigna que la manera de elegir Señor será por sucesión o por voluntad del país expresada ,'en sus Juntas Generales", el que nuestro Francisco Ide Arcaya o de Vitoria replicase a los que justificaban ía conquista de estas tierras de América en nombre de la autoridad imperial: "Imperator non est Dominus Mundi" (el Emperador no es el dueño del mundo).


Y su sangre se manifestaba igualmente en la entereza de su carácter. Las advertencias del topoderoso Emperador no harán callar aquella voz ni tampoco la enfermedad implacable. Llevado en una silla desde su celda a la cátedra por sus fervorosos discípulos, por esos discípulos incondicionales que siempre encuentra entre la juventud generosa la voz valiente de un maestro honesto y sabio, Vitoria sigue dictando sus clases hasta el último momento.

Hemos de decir que en esa clase, en esa cátedra de la Universidad de Salamanca que ocupó desde 1520 a 1546, Vitoria fue un profesor que revolucionó los métodos de enseñanza. He aquí en qué consistieron sus ¡novaciones, según las concreta en un trabajo (EUZKO DEYA, París, Abril 1947) nuestro actual Lendakari don Jesús María de Leizaola.

En primer lugar, los estatutos de la Universidad prescribían que la teóloga se enseñase según el texto de Lombardo, el llamado Maestro de las Sentencias. Pero Vitoria había estudiado a fondo a Santo Tomás de Aquino cuyas doctrinas seguía. Se puso, pues, a enseñar la Teología en Salamanca según Aquino. El fuero del Profesor pasó por encima del plan de estudios. A pesar de la oposición de los que seguían las leyes a la letra, Vitoria mantuvo su ¡novación. La Universidad hubo de hacer una excepción en su favor ante la importancia de los discípulos de Vitoria y terminó por adoptar el texto de Santo Tomás. La resistencia del Maestro vasco y la victoria por él obtenida significaban que la vía quedaba abierta para que un día, como modernamente había de suceder, los médicos se emancipasen de Galeno y los filósofos de Aristóteles.


La segunda innovación de Vitoria la constituyó la supresión de cursos escritos y 'a introducción de la enseñanza oral. Los discípulos debían volcar sus enseñanzas al papel. Ésto constituye una nueva manifestación de la espontaneidad que se encuentra en la obra del Profesor. Por razón de esta innovación, fue llamado en el siglo xvi "el nuevo Sócrates", pues sabido es que, como Sócrates, no escribió nada.

La tercera nota original en los métodos pedagógicos del P. Vitoria ha sido su realismo. Se ocupó de la moral en la guerra, del Derecho Natural, de los derechos de los pueblos indígenas, etc. Vitoria, al tratar estos temas, se acercaba a los problemas de actualidad. De los acontecimientos en que intervienen sus contemporáneos y compatriotas, de los errores de la política de su Emperador y de los otros reyes de la época. Esos asuntos son los que vienen una y otra vez a sus labios de una manera realista. Y no por oposición política, sino buscando siempre el modo más eficaz de enseñar.

Y este Maestro que nunca escribió sus lecciones dejó, al extinguirse una obra que perdura y perdurará siempre, porque tiene la eterna actualidad de las creaciones en que el hombre pone lo mejor de su herencia divina.

Y en este mundo que no acaba de encontrar su camino, sigue resonando la formidable voz del gran vasco. Es la voz que clama porque los pueblos tomen la senda de la justicia en el trato internacional. Es la voz acusadora de su patria; de nuestra patria esclavizada hoy por la más incalificable de las tiranías, que recuerda a los poderosos del mundo que, mientras se carezca de valor y de desinterés para hacer justicia a los débiles, tampoco los fuertes encontrarán la codiciada meta de la paz.
2. EL MOMENTO. Francisco de Vitoria nació hacia 1480 y murió el 12 de agosto de 1546. No sabemos gran cosa de su vida. Hasta su nacimiento en la capital alavesa ha sido controvertido, dándosele por cuna Burgos y ascendencia semita. Pero sabemos seguro que su padre era de Vitoria, que su apellido era Arcaya y pertenecía al bando gamboíno, según dice en una de sus Relectiones. Desde luego, vivió en Burgos desde muy niño y en esa ciudad profesó en la Orden de Santo Domingo. Hacia los 20 años de edad fue enviado a París donde, en el Colegio Máximo de la Orden, calle Saint Jacques, permaneció, primero como alumno y después como profesor, más de 20 nfios. Se doctoró en Teología en la Sorbona y en 1522 fue trasladado al Colegio de San Gregorio de Valla-dolid donde enseñó durante cuatro años. En 1526 quedó vacante la cátedra de "Prima Teología" en la renombrada Universidad de Salamanca. Compitió, en dura oposición, con el eminente profesor portugués Margallo y ganó brillantemente la cátedra. Y el 21 de septiembre de ese año de 1526 inicia una enseñanza que sólo iba a terminar con su muerte, veinte años más tarde.
A dos sucesos contemporáneos vamos a hacer breve referencia aquí: uno sucede de 1526 al 28; el otro de 1518 al 22.


En 1526 los vizcaínos reunidos en Guerníca con-cuerdan en la necesidad de revisar el Fuero- Que conviene "quitar de él cosas superfinas e innecesarias y añadir al mismo lo que por uso y costumbre se practicaba". Los letrados designados por aquella verdadera Asamblea Constituyente se ponen a la obra y pronto está lista la nueva codificación del derecho vizcaíno. Carlos I, entonces señor de Vizcaya al mismo tiempo que rey de España y Emperador de Alemania, da en 1527 su aprobación y autoriza su publicación, imprimiéndose en Burgos en 1528.
Las leyes vizcaínas que antes hemos citado están todas contenidas en él.

Y ahora, yo os pregunto: ¿creéis que Vitoria, vasco de sangre y seguramente de nacimiento; Vitoria, una de cuyas características es la preocupación por los problemas del día: Vitoria hombre de gran actividad intelectual y que residía desde 1526 en Salamanca, no tendría noticia de la gestación del nuevo Código vizcaíno y no se preocuparía por conocerlo en su nueva forma al salir éste, en 1528, de las prensas de la cercana ciudad de Burgos?

Todo hace creer en la piobabilidad de que así fuese y que su noble y poderoso espíritu se nutriese con el tuétano de león de las democráticas y liberales disposiciones del Código vizcaíno cuyo tono general por otra parte, le debió ser familiar desde la niñez.

Otro suceso contemporáneo llama necesariamente nuestra atención. Pocos años antes, corriendo el 1512, las tropas castellanas de Fernando ei llamado Católica, invaden Navarra y proceden a la conquista del viejo reino vascÓQ, núcleo principal de nuestra raza.

La ambición de dominio se disfraza de "cruzada". Fernando se lanza a la conquista esgrimiendo una Bula papal —falsificada o no, poco nos importa en este momento—. Por esa Bula se declara cismáticos a los Beyes de Navarra y se entrega el reino como res nullius, como cosa sin dueño, al primero que la conquista. No hay cuidado de que nadie se adelante a Fernando. Sus tropas castellanas, al mando del duque de Alba están prestas. El tristemente célebre navarro, conde de Lerín (cuñado del Católico), actúa como jefe de la quinta columna y rápidamente la resistencia navarra se desmorona y el Duque de Alba entra en Pamplona el 25 de julio de 1512.

Pocos días más tarde, el 31 del mismo julio, hace publicar Fernando un "Manifiesto" en el que explica los motivos de la invasión; exige el juramento de fidelidad como a legítimo rey y dice que era su gran amor a la Iglesia lo que la había hecho actuar, cumpliendo los acuerdos de la Santa Liga y por el disgusto que le producía la amistad de los reyes navarros con el excomulgado Luis XII de Francia.

Y como ésto produce poco efecto, días más tarde, el 29 de agosto el Duque de Alba, obrando en nombre de! Bey, convoca a las representaciones navarras en el convento de San Francisco y les lee un grandilocuente discurso que, sin embargo, tampoco produce el pretendido efecto sobre los navarros que le contestan "que le tomarían por Rey e Señor, pero que por rey natural no podían en cuanto el otro era vivo a quien tenían jurada naturaleza y que vasallos no podía ni lo debían jurar, puesto que a ellos jamás se les había llamado sino subditos". Y tiene el representante de Fernando que acudir, para vencer la repugnacia de los navarros a reconocerlo por rey a otra Bula presuntemente falsificada, con la cual, finalmente, parece vencer su resistencia.

Pero, mientras en Pamplona estas cosas pasan, ya están los sorpendidos patriotas navarros preparando la reconquista. No habían transcurrido tres meses de la toma de Pamplona y ya comienzan los intentos de recuperación que se repiten en tres ocasiones principales, la última en 1521, pero, por desgracia, infructuosamente. La corona de Navarra queda definitivamente unida a la de Castilla y el territorio del reino vas cónico partido en dos trozos que irán a integrar los Estados de España y Francia.

Durante todo el tiempo en que estas cosas sucedían en Navarra, Francisco de Vitoria residía en Paris. Por tratarse de hechos que tocaban tan dolorosamente a su tierra; por residir en la ciudad corte de los reyes enemigos de los invasores de Navarra; por tratarse de Tierra vasca fronteriza con Francia, y finalmente, por haberse fraguado en ésta todas las tentativas de recuperación del trono navarro para sus legítimos reyes, es seguro que Vitoria, hombre siempre al día, siguió los acontecimientos muy de cerca y puso en su examen aquel profundo espíritu de crítica serena y noble análisis que le caracterizan.

Es más, muchos de los patriotas navarros siguieron a sus reyes al destierro francés. ¿Seria algo extraño que Vitoria hubiese entrado en relación con algunos de ellos, por ejemplo, con el padre de San Francisco Xabier, aquel Don Juan de Jatsu y Atondo que hubo de morir en su exilio de Francia el año 1515 y quien por su condición de Doctor en Cánones, graduado en la Universidad de Bolonia, podía ofrecerle puntos de contacto e incluso servirle de fuente de información para su análisis de aquellos hechos? 

Si por él mismo sabemos que era de la parcialidad gamboína, estrechamente vinculada en Navarra al bando agrámenles, cómo no iba a tener por lo menos un interés muy fuerte y tal vez una decidida antipatía por los autores de aquella pérfida acción a cuya cabeza estaba el ya mentado conde de Lerín jefe del bando beaumon-tés, precisamente?

Pero, dejando en hipótesis, estos últimos puntos, así como el de la estrecha amistad que le unió con Azpilikiieta, el célebre Dr. Navarro, es evidente que hay cosas que se nos imponen: conoció los hechos, los siguió, los estudió y, respecto al fundamento jurídico de la conquista castellana, es decir, a la Bula papal esgrimida por Fernando, no os parece estar oyendo su profundo sentir en la respuesta que, pocos años después, da a quienes pretenden justificar la conquista de América, basándose en que los indígenas no practican ni aceptan la fe católica: "No, no es título legitimo". Porqué? "Quia credere est volunta-tis"; porque el creer es voluntario.
3. LA OBRA DEL PADRE VITORIA. La conquista de las tierras recién descubiertas de América y la esclavitud a que se sometía a los indígenas pobladores de las mismas, había hecho surgir, entre otras, la generosa voz del Padre Las Casas, decisivamente ayudado en su labor mdianófila por su gran amigo el vasco Pedro de Rentería.
Y el tema va tomando cada vez más apasionante actualidad. Estamos en el año 1532. El anterior fue el de la invasión del Perú por los españoles al mando de Pizarro. Vitoria en posesión desde hacía cinco años de su cátedra de Salamanca, considera el tema como de suprema importancia y urgencia para su estudio. "Entiendo —dice— que llevaría yo a cabo un trabajo esgrimidos comúnmertc por los juristas y estadistas españoles para justificar í-1 hecho do la conquista, el señorío del Emperador sobre todo el mimdo, la primacía también universal del Papado; el derecho de ocupación; que la infidelidad es incompatible con la soberanía; la potestad dt;l Papa para ffistigar pecados mortales contra el Derecho Natural delegando la ejecución de este castigo en reyes y príncipes.


Todos estos títulos son estudiados minuciosamente, calificados de ilegítimos y rechazados cu absoluto por Vitoria, quien sienta a(»i:i;lla serie de rotundas proposiciones: "El Emperador no es diifño de todo el mundo"; "El Papa no es dueño dei mundo"; "No se puede arrebatar a nadie ni su libertad ni sus tierras" "quia credere est voluntatis" "por que el creer es voluntario"; "acaso no son más grandes los pecados en las costumbres de algunos cristianos que entre aquellos salvajes", etc., etc.

En la tercera parte, finalmente, enuncia los títulos que, por su parte considera legítimos para justificar la presencia de los españoles y, en general de los europeos, en América: Derecho de comunicación; derecho de comerciar libremente; el que los europeos pasen a ayudar a un pueblo indígena que reclame su asistencia en una guerra con otro, y, finalmente, cuando la intervención sea en tutda de los indígenas.

Como se puede ver, en esta "Relectio" sienta dos principios fundamentales: la independencia de todos los pueblos y la solidaridad entre todos ellos, el hecho de la comunidad internacional, la existencia de un Derecho de Gentes común a todas las naciones. Esto le lleva lógicamente en la "Relectio de Jure BelÜ" a hablar de la guerra justa ofensiva, de la guerra como sanción.

En esta "Relectlo de Jure Belli" o sea sobre el derecho de guerra, estudia los casos en que ésta puede ser justa y, ante todo, considera ilegitima la guerra religiosa.
En segundo lugar, es ilegitimn. h guerra por motivos de conquista.

Y en tercer lugar, es injusta la que se hace por capricho del príncipe o gobernante.
Descartados los falsos motivos que suelen alegarse para emprender una guerra justa, enuncia Vitoria la única causa que a su juicio puede legitimarla y es la ofensa recibida.

Termina esta Relectio con un estudio sobre la conducta a observar durante la guerra y fines de la misma, estudio en el que resplandece siempre e! altísimo concepto que del hombre, de la justicia y de! derecho tenía nuestra dominico,

Al terminar este brevísimo resumen de las ideas del Padre Vitoria, viene a nuestra memoria aquel estudio de gran interés que con el título de "Origine des idees politiques de Rousseau" publicó Jules Vuy y en el que muestra cómo, al construir sus teorías políticas, tenía el filósofo ginebrino puesto su pensamiento en su país natal.
Yo os invito a reflexionar sobre las doctrinas de Vitoria y sobre los antecedentes raciales y heclios vascos contemporáneos que hemos considerado y a que me digáis sí no os parece claro que, al enunciar Vitoria sus inmortales enseñanzas, la voz de su raza vasca no resonaba en ellas con acento inconfundible.

EPÍLOGO. Compatriotas: a todos los vascos que visiten tierras de América creo yo que se les ha planteado esta interrogante que tantas vcc?s me ha asaltado a mí. Al darnos cuenta del sentimiento de alta estima y particularísimo aprecio con que a los de nuestra raza aquí se distingue nos hemos puesto 8 pensar —yo, al menos lo he hecho muchas veces— en las causas profundas de este fenómeno del que individualmente al menos éste que os habla no se siente merecedor.


Y uno ha de empezar entonces a dirigir un recuerdo agradecido a los hombres que el pasado siglo, en dos grandes oleadas consecuencia de nuestras desgraciadas guerras carlistas, arribaron a estas tierras y con su espíritu de empresa, con su laboriosidad, honestidad y un respeto a su propia palabra que ha pasado en proverbio, en tierras como las del Plata, labraron para nosotros esta herencia.
Pero no puedo detenerme aquí. Mi imaginación avanza más en los días de América y el nombre sonoramente vasco de Bolívar, el gran libertador, sacude mi fibra nacional, y avanzo más y veo al gran Zabala, fundador de Montevideo, y a Caray que creó a Buenos Abes y a Irala que edifica la Asunción del Paraguay. Pienso en Zumarraga, el primero que trae la imprenta al Nuevo Mundo y recuerdo la gesta incomparable de Anchieta... Fundadores, colonizadores, misioneros, libertadores... su nombres surgen a cientos y entre ellos apenas el de un conquistador. Y cuando vemos a un vasco, como el gran Alonso de Ercilla luchando contra los araucanos que defienden heroicos su independencia, contemplamos esa injusticia reparada, pues es él mismo quien compone el himno más noble y entusiasta al coraje y amor a la independencia de aquéllos a quienes por obligación ha de combatir...

Y sigo avanzando más hasta llegar a los primeros años del descubrimiento, y he aquí que se presenta ante mi vista una figura que crece y crece con gigantescos perfiles. Pareciera como si colocada entre Europa y América protegiera a ésta envolviéndola en su blanco hábito de dominico. Y es en esos momentos cuando me parece oir resonar su voz enteriza y serena:


"Atrás, vosotros, los de la rapiña; vosotros los de la codicia y el botín; los que con la bandera de la "cruzada" encubrís la injusticia y hacéis mercadería de la religión; atrás os digo. Dios no creó estos pueblos de América para que fueran vuestros esclavos.
Sois los de siempre: los que, escudados en las Bulas, os lanzasteis a la conquista de Navarra; los que tras las palabras más santas escondéis vuestro odio & la más sagrada herencia del hombre: la justicia y la libertad".

Montevideo, Paraningo, 26-VIII-1946

 

 
 
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I) INIDICE OBRAS COMPLETAS PUBLICADAS INTERNET

 

I.1 Linea de Vida  y su Obra

I.2 Poesias en Euskera Recopilacion Total

I.3 Conferencias Recopilacion

I,4 Articulos Periodisticos Recopilacion Total

I.5 Lengua Vasca

I.6 Gernika

I.7 Uruguay

I.8 Venezuela

I.9 Reseñas Biograficas

I.10 Traducciones

I.11 Obras Publicadas

I.12 Semana Vasca en Montevideo

I.13 Ciclo de Clases

I.14 Nota Bio-Bibliografica

I,15 Biografia en Euskera

I.16 Sitio en Internet en Euskera

I.17 Nostalgia

I.18 Articulos Periodisticos Indice Cronologico

I.19 Articulos Periodisticos Indice Alfafabetico

II) OBRAS COMPLETAS - Libros Publicados en Internet

 

II.1  El Hombre Vasco

II.2 Hombres de la Compañia  Guipuzcoana

II.3  El Elemento Vasco en el siglo XVIII Venezolano

II.4 Vicente Antonio de Icuza

III) INDICE de TEMAS RELACIONADOS. Libros publicados por sus hijos;

 

III.1 Nere Aita - el exilio vasco - Mirentxu Amezaga 

III.2 Cronicas del Alsina -  Arantzazu Amezaga de Irujo

IV) Sus Hijos Escriben;

 

IV.1 Los tres Barcos que llevaron a Ama y Aita

IV.2 Travesia

V) Sus Hijos Escriben tras su muerte;

 

V.1 A mi Aita

V.2 La cancion de mi Padre

VI) Otros aspectos

 

VI.1 Reunion Familar en su Memoria

VI.2 Exodo

VI.3 Comision del Cuatricentenario de Caracas

VI.4 Inauguracion de la Plaza que lleva su nombre en Algorta

VI.5 Su Pequeño Poema en la Nota Necrologica 4 Febrero 1969

VII) Toda su Obra Publicada convertida en Formato PDF- puede ser leida en dispositivos  e-Book

 

 VII.1 Amézaga Vicente  Autor Irujo Ametzaga Xabier

 VII.2 Articulos de Prensa

 VII.3 Bio Biografica

 VII.4 Biografia en Euskera

 VII.5 Ciclo de Clases

 VII.6 Ciclo de Conferencias

 VII.7 Nostalgia

 VII.8 El Elemento vasco en el Siglo XVIII Venezolano

 VII.9 El Hombre Vasco

 VII.10 Los Hombres de la Compañia Guipuzcoana

 VII.11 Obras Publicadas

 VII.12 Vicente Antonio de Icuza

 VII.13 Poesias

 VII.14 Relacion de Escritos como Autor

 VII.15 Reseñas Biograficas

 VII.16 Semana Vasca Montevideo

 VII.17 Semana Vasca Montevideo Indice de Articulos

 VII.18 Traducciones

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Dedicatoria y mi homenaje a Mercedes Iribarren Gorostegui - Su esposa y mi ama

 
Sitio en Internet en homenaje a Vicente de Ametzaga Aresti.
http://vicenteamezagaaresti.blogspot.com
Unico sitio en Internet, que lleva su nombre, de referencia completa de su vida y su Obra totalmente publicada en Internet, 
Poesias, Articulos de Prensa, sus Libros, completando asi, y cerrando todo lo que se habia escrito en libros sobre el y su vida
Creacion, Edicion y contacto: Xabier Iñaki Ametzaga Iribarren
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Blog Xabier Amezaga Iribarren: http://xabieramezaga.blogspot.com
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