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OBRAS - COMPLETAS - LOS HOMBRES DE LA COMPAÑIA GUIPUZCOANA


CAPITULO VI

 

PEDRO DE  BERASTEGUI

1.   Noticia personal.

Muy poco podemos saber, a través de los archivos caraqueños, de los orígenes y familia de don Pedro de Beras-tegui. Sospechamos que algo tenga que ver con aquellos don Antonio de Berastegui y su sobrino Juan José, que, como al-bacea del anterior, prosigue el juicio por su tío incoado el año 1773, contra la Real Compañía Guipuzcoana, pretendiendo el abono, por parte de ésta, de ciertas partidas de tabaco depositadas en la factoría de la misma en Puerto Cabello (183). La identidad de apellidos, el que don Antonio "natural de los Reynos de España y residente en esta ciudad" se declare, no sólo comerciante en tabaco, sino que añada que "girando por este comercio con positiva aplicación me he Impuesto en todas las calidades de dho. fruto, hasta haberlo por mi propio sembrado, y cultivado y cosechado" (ídem. fl. 3 vuelto y 4), es decir, el que sepamos a don Antonio experto en la misma materia que, como veremos, era de la alta competencia de nuestro biografiado, autoriza a sospechar en un

<183)   Real Compañía Guipuzcoana. T. XXVII, fí. 1-145.

posible nexo familiar; pero la verdad es que el nombre de don Pedro para nada aparece en el citado voluminoso expediente que se prolonga hasta el año de 1785, es decir, comprendiendo los años de residencia de don Pedro en Caracas hasta el de su muerte.

Poco sabemos también de él por los historiadores. Baralt nos da alguna noticia al escribir que: "En 1781 llegó a Caracas un químico español de nombre Don Pedro Verástegui, y recorriendo los pueblos occidentales de Venezuela, observó que sus naturales hacían mucho uso del tabaco molido y hecho una pasta blanda, a la cual agregaban sal de urao. Esta no es otra cosa que un sesquicarbonato de sosa que se halla abundantemente en el fondo de una laguna de la provincia de Mérida, semejante al de Trona en el África. El químico perfeccionó su beneficio y elaboración, enseñó a mezclarlo en proporciones convenientes y a utilizar para aquellas pastas el tabaco de desperdicio; con lo que, despertada la codicia del fisco, se mandaron comprender en el monopolio asi la sal como las pastas, dichas vulgarmente mo y chimó" (184).

Esta escasez de noticias nos podría hacer dudar sobre su inclusión en esta galería de "Hombres de la Guipuzcoana". Lo hacemos, sin embargo, porque, si no nos consta que viniese con la Compañía o perteneciese a ella, sí sabemos lo bastante de su oriundez para proclamarlo auténtico guipuz-coano. Nos lo está diciendo su apellido, no sólo de irrecusable vasquía, sino que es, además, el mismo del de un conocido pueblo de Guipúzcoa; lo sabemos por el testimonio indirecto de Francisco Miguel de Goicoechea, administrador de Real Hacienda de Trujillo, quien en el encabezamiento de una carta que dirige a Berastegui el 1 de octubre de 1781, le llama "paisano", palabra que repite al despedirse; lo confirma su actuación como testigo en el testamento "a usanza militar ante tres testigos" del guipuzcoano, natural de la villa de Segura, don Francisco de Muxica, en cuyo testamento los otros dos testigos son los destacados hombres de la Compañía don Agustín de Zuaznabar y don Pedro de Ibarrarte (185), y, finalmente, por el único familiar de quien, a través de los papeles del Archivo, tengamos noticias: su sobrino don Martín de Zubiria (186).

(184)   ffiítorla de Venencia. T.  1, pág. 369.

No obsta el que, en lo que sabemos de su actuación en Venezuela, aparezca, precisamente, como comisionado y hombre de confianza del Intendente don José de Abalos. Si la terrible fobia con que éste distinguió a la Compañía es bien conocida, fácil es también ver que ella era dirigida a la empresa, como tal, en la que veía el más fuerte rival para sus afanes de prepotencia. Pero era, al mismo tiempo, sobradamente inteligente para poder apreciar el valor de sus hombres y no hay más que echar una ojeada a la lista de los Administradores de Hacienda en ejercicio por los años en que Berastegui actuó en Venezuela (1781-84), para comprobar el modo impresionante en que esos altos puestos, de la inmediata dependencia de Abalos, eran ocupados por guipuzcoa-nos, en las poblaciones mas importantes: Muxica en Caracas, Arráiz y Zavala en Maracaibo, Echeverría en Guayana, Artea-ga en Mérida, Esponda en Barinas, Eguiño en Maracay, Oraa en La Guaira, Uriz en Tocuyo, Iriondo en Barquisimeto, Goi-coechea en Trujillo, Garmendia en el Pao... y asi podríamos seguir prolongando ampliamente la lista.

En la breve noticia que a continuación vamos a dar de las actividades de Berastegui en Venezuela, según nos son conocidas, las consideraremos en tres aspectos: primeramente, como el hombre que, con mas competencia que nadie hasta su época, se ocupa en el estudio del cultivo y beneficio del tabaco; en segundo lugar, como el que se dedica a otras fructuosas exploraciones, a fin de mejorar el rendimiento de la tierra venezolana, plantaciones, minas, etc.; y, finalmente, al comisionado especial del Intendente Abalos en la sublevación de Mérida,

(185)    A. G. N. Intendencia del Ejército y Real Hacienda. T. XXXIU.

tí. 49 y 50. C186)    A. G. N. Intendencia... T. XXII, íf. 214 y 223.

2.   El tabaco.

El historiador Gil Fortoul, después de haber escrito que: "Otros cultivos prosperaron también, gracias a la influencia directa o indirecta de la Compañía", dice que: "Cosa análoga sucedió con el cultivo y venta del tabaco, cuya plantación empezó durante el siglo XVI en dimana, Guayana y Barinas, y no aumentó considerablemente en los valles de Aragua hasta mediado el siglo XVIII" (187). No está conforme con esta supuesta benéfica influencia Depons (188), quien rotundamente escribe que: "la Compañía Guipuzcoana fue traba, enemigo y opresor del comercio de tabaco".

La verdad es que el tabaco, como dice Depons, "es planta que se da allí admirablemente; puede cultivarse en grande o en pequeño, sin utensilios ni máquinas costosos", por todo lo cual su cultivo fue de antiguo natural en Venezuela y amplío su comercio. Desde que los ingenuos cabildantes del Tocuyo, en su informe de 1579, escribieran que: "Usaban (los indios), antes de agora y de presente es común verse con el Demonio usando de supersticions e ritos o bebiendo el humo de una yerba que llaman tabaco que es propiamente a manera de beleño de España y este humo bebido les embriaga" ("Descripción de la ciudad del Tocuyo"), el uso de la nueva planta se generalizó en Europa e incrementada la demanda del viejo mundo, en las costas de Venezuela, alcanzó a ser el producto de mayor exportación. Y así sabemos que "En los últimos años del siglo XVI, ya salían anualmente por Maracaibo más de 1.000 arrobas de tabaco de Guanare, al mismo tiempo que por La Guaira se iniciaban las extracciones en vertiginoso aumento hasta alcanzar cifras enormes" (189), hasta el punto de que, no sólo las plantaciones se extendían por todas partes, sino que el comercio de contrabando alcanzó un auge tal que el mismo Cabildo de Caracas hubo de hacer una representación al Rey quien, respondiendo a la misma, prohibió, por Cédula de 25 de agosto de 1606, el cultivo del tabaco en toda la provincia de Venezuela durante un lapso de diez años. Esta real medida fue llevada hasta el extremo por la drástica determinación del gobernador Sancho de Alquiza de talar todo el tabaco que había en esta Provincia, previniendo, además, a los vecinos de que nadie lo sembrase sin su licencia. Todo esto originó que por los siguientes años las exportaciones de tabaco fueran reducidas a insignificantes cifras, y aunque luego el comercio resurge, sólo a fines del siglo XVII llega a restablecerse su comercio con España. Tenemos para principios del XVIII el cuadro de producción y consumo de la Provincia, según consta en la inédita e interesantísima "Instrucción..." de don Pedro José de Olavarriaga, por el cual nos informamos de que la Provincia producía 23.000 arrobas, de las cuales gastaba 3.700, quedando, de consiguiente, para el embarque 19.000. Y con esto llegamos a los años de la Guipuzcoana, duramente censurados, como en otros aspectos, por lo que hace concretamente al tabaco, en la exposición elevada al Gobernador por el Alférez Juan Quintero de Toledo, el año de 1750, con motivo de la sublevación de Juan Francisco de León. Según Quintero, la Compañía había relegado de tal forma el cuítivo y comercio de este producto, que no sólo no lo compraba a los debidos precios, sino que cuando lo aceptaba, estimándolo de mala calidad, conforme al dictamen de un perito parcial suyo, lo pagaba "en ínfimo precio, dando en cambio sus efectos por el más alto y subido y en aquellos que quería y no de los que el vendedor necesitaba", llegando la arbitrariedad al extremo de que el tabaco dado por malo era arrojado al mar, sin que el propietario pudiese impedirlo; todo lo cual ocasionaba que labradores y mercaderes se fueran retrayendo en la siembra y en la compra, y así los cultivos fuesen, en gran parte, abandonados.

(187)   Historia Constitucional de Venezuela, T. 1, págs. 99-100.

(188)   Viaje a la parte oriental de Tierra Firme. Pag. 272.

(189)   Arcila Farías. Economía colonial de Venezuela, pág. 81-87.

Dando por sentada la exageración de algunas de las anteriores manifestaciones hechas en evidente clima de hostilidad a la Compañía, la verdad es que ésta, según puede comprobarse con un ligero estudio de sus exportaciones generales, no se distinguió por su especial atención al cultivo y comercio del tabaco. En la representación que los guipuzcoa-nos elevaron al Rey en 1757 (Ver Hussey: "The Caracas Company", pág. 181), se hace notar el fracaso del intento de colocar dicho producto en los países del norte de Europa, ante la poderosa competencia holandesa. Las cosechas venezolanas dieron de 6.000 a 7.000 quintales cada año, pero las ventas sólo alcanzaron a 9.172 en cuatro años; el precio había bajado el 50% y la Compañía debió quemar parte de sus existencias.

En otra representación que el ministerio español, al parecer, halló digna de crédito, decía que la Provincia entera se había volcado al cultivo del tabaco. Mientras que en 1751 sólo produjo anualmente de 8.000 a 9.000 quintales, en 1755 alcanzó a producir unos 16.000. Las ventas de la Compañía, incluyendo las del Norte de Europa, sólo dieron un promedio de 6.000 y, mientras tanto, tenia almacenados en Europa 12.000 quintales y muchos más en América. Evidentemente, el tabaco era negocio que no le iba a la Compañía.

No pueden, sin embargo, desconocerse algunos esfuerzos que ésta hizo por mejorar este renglón de su comercio, como se ve, p. ej. en la circular que el Capitán General dirigió con fecha 15 de octubre de 1782 a las autoridades de Tur-mero, Valencia, Nirgua, Aragua, Barquisimeto, San Carlos, Guanare y San Felipe en que les participa que próximamente pasará a sus jurisdicciones D. José Antonio Enríquez "destinado por la Rea! Compañía Guipuzcoana, de orden de Su Majestad, para la elaboración del tabaco al modo del de Brasil", ordenándoles que le presten todos los auxilios que necesite "procurando que con este motivo no se alteren los precios regulares de esta especie ni los jornales de los peones que se destinaren a la fábrica, obligándoles en caso necesario por la preferencia que debe tener este encargo (190). Lo cierto es que de la mentada opresión de la Compañía se pasó, como dice Baralt, a otra mayor cuando, en 1777 (Real Cédula del 24 de junio), mandó Carlos III establecer el estanco del tabaco en estas provincias al modo en que lo estaba en casi todos los reinos de Europa, y de la misma manera que se

(190)    A. G. N. Gobernación y Capitanía  General. T. XII, f.  227.

había hecho en Méjico trece años antes, y en el Perú, Guatemala y Santa Fe.

"Lo mas singular que hay en la historia del estanco —escribe Baralt— es que el Gobierno puso a los habitantes de Venezuela en la alternativa de sufrirlo o pagar anualmente un encabezamiento que equivaliese a la ganancia que se pro-ponia sacar del fruto.. - El caso fue que entre los habitantes y el primer intendente de Venezuela don José Abalos se levantaron grandes disputas y que los primeros (a quienes tal vez hubiera convenido más el encabezamiento que el estanco) prefirieron éste por vanidad, viendo en aquél un tributo que los asimilaba a los indios y los confundía con la plebe". De los dos extremos, dice con mucha exactitud el viajero Depons, eligieron el peor, y sin oir la razón ni consultar sus intereses, lo sacrificaron todo a la presunción, todo a la ira y al encono".

Abalos aceptó el cambio y el 28 de abril de 1779 se publicaba su bando por el que se decretaba el establecimiento del estanco del tabaco; prohibiéndose la siembra libre y otras disposiciones que no dejaron de promover oposiciones manifestadas tumultuosamente en La Grita, y en forma más pacífica en Cumaná, Margarita y en la misma Caracas. En lo que respecta a la Real Compañía Guipuzcoana, quedaba obligada a recibir todo el tabaco que se le entregase por cuenta de la Real Hacienda, pagándolo a los precios establecidos para los diversos territorios de su jurisdicción.

El motivo que impelía al establecimiento del estanco se hace constar muy elocuentemente en el art. 1 de la "Instrucción a que deberán arreglarse los sujetos destinados y que se destinaren para el establecimiento del derecho de regalía y estanco de tabaco en esta Provincia de Venezuela, en donde, a consecuencia de las expedidas a dicho fin, debe verificarse la nominada renta para lo cual se previene por ahora lo que consta de los artículos que siguen" (191). En el comienzo de dicha Instrucción que firma el Intendente Abalos, se dice

(191)    A. G. N. Gobernación y Capitanía General. T. XXII, ff. 15-36.

así: "Habiéndose aumentado considerablemente en todas partes las obligaciones de la Corona sin que basten para atender a ellos los actuales productos de las rentas establecidas, se ha hecho indispensable y necesario el proporcionar medios suficientes para ocurrir a las urgencias presentes y futuras, bajo cuyo concepto y el de que el derecho de regalía y estanco de la Renta de Tabaco corresponde a la Real Hacienda, y que, aunque se halla establecido en España y otros varios parajes de esta América, no se na verificado aún en esta Provincia de Venezuela: por Real Cédula expedida en Aran-juez, a veinte y cuatro de junio de. mil setecientos setenta y siete, se sirvió S.M. mandar se ejecutase dicho establecimiento en esta Gobernación y en las demás del Departamento de la Intendencia..." O lo que es lo mismo, como dice Depons, que "llegó el momento en que los compromisos del Estado y el aumento de los gastos del Gobierno en Tierra Firme, obligaron al Rey a sacar del tabaco de estas provincias recursos fiscales semejantes a los que, desde hacia tiempo, venían produciéndole el de México, el Perú y Santa Fe".

En este mismo primer artículo de la Instrucción consta el nombramiento de Administrador en la Provincia de Venezuela, es decir, el cargo que inmediatamente seguía en jerarquía al de Intendente, según se establece en el art. 25 de la dicha Instrucción, nombramiento que recayó en el prominente guipuzcoano don Juan Bautista de Zarandia, como guipuz-coanos eran, según puede verse en la "Relación de los empleados de la Administración de la Real Renta de Tabaco en la Provincia de Venezuela... (192), los administradores de los lugares mas importantes, como Eyaralar en Puerto Cabello, Oroquieta en Valencia, Mendía en Turmero, Eguiño en Aragua, Larragoiti en San Felipe, Michelena en Barquisimeto, Huarte en Tocuyo, Elizalde en Calabozo, Castillobeitía en Orituco, etc., etc. No puede, pues, extrañar, que cuando, para cumplir con lo prevenido en el art. 7 de la citada Instrucción, es decir, que para que hubiese abundancia de tabaco en lo sucesivo, se dispusiera que: "...será de la inspección

(192)    A. G. N. Intendencia, y Capitanía General. T. XXVI, f. 275.

así: "Habiéndose aumentado considerablemente en todas partes las obligaciones de la Corona sin que basten para atender a ellos los actuales productos de las rentas establecidas, se ha hecho indispensable y necesario el proporcionar medios suficientes para ocurrir a las urgencias presentes y futuras, bajo cuyo concepto y el de que el derecho de regalía y estanco de la Renta de Tabaco corresponde a la Real Hacienda, y que, aunque se halla establecido en España y otros varios parajes de esta América, no se na verificado aún en esta Provincia de Venezuela: por Real Cédula expedida en Aran-juez, a veinte y cuatro de junio de. mil setecientos setenta y siete, se sirvió S.M. mandar se ejecutase dicho establecimiento en esta Gobernación y en las demás del Departamento de la Intendencia..." O lo que es lo mismo, como dice Depons, que "llegó el momento en que los compromisos del Estado y el aumento de los gastos del Gobierno en Tierra Firme, obligaron al Rey a sacar del tabaco de estas provincias recursos fiscales semejantes a los que, desde hacia tiempo, venían produciéndole el de México, el Perú y Santa Fe".

En este mismo primer artículo de la Instrucción consta el nombramiento de Administrador en la Provincia de Venezuela, es decir, el cargo que inmediatamente seguía en jerarquía al de Intendente, según se establece en el art. 25 de la dicha Instrucción, nombramiento que recayó en el prominente guipuzcoano don Juan Bautista de Zarandia, como guipuz-coanos eran, según puede verse en la "Relación de los empleados de la Administración de la Real Renta de Tabaco en la Provincia de Venezuela... (192), los administradores de los lugares mas importantes, como Eyaralar en Puerto Cabello, Oroquieta en Valencia, Mendía en Turmero, Eguiño en Aragua, Larragoiti en San Felipe, Michelena en Barquisimeto, Huarte en Tocuyo, Elizalde en Calabozo, Castillobeitía en Ori-tuco, etc., etc. No puede, pues, extrañar, que cuando, para cumplir con lo prevenido en el art. 7 de la citada Instrucción, es decir, que para que hubiese abundancia de tabaco en lo sucesivo, se dispusiera que: "...será de la inspección

(192)    A. G. N. Intendencia, y Capitanía General. T. XXVI, f. 275.

hace referencia. El primero de los dos que conocemos, fechado en Mérida el 2 de junio y que, al igual que el segundo, lo hemos hallado en la colección de "Papeles del Dr. Julián Viso (Tomo XI) (*), lleva el título de "Dictamen de los terrenos de las ciudades de Guanare, Harinas y sus respectivas jurisdicciones a efecto de si convendrá fomentar en ellas las siembras de tabaco o el beneficio cura-seca y otros", y en él, después de referirse a su citado informe sobre los terrenos de Aragua en el que se dice propuso "el beneficio que necesita después de su colección, y además de haber insinuado el modo del exterminio del contrabando que se hace en aquellos valles con los retoños que producen los tallos que quedan en las haciendas", da también instrucciones sobre "el modo de tener abundante, segura y buena la semilla", entra ya en materia, comenzando por referirse a lo que sucede con los más de los labradores que se hallan escasos "o por mejor decir exhaustos de aquellas luces necesarias para la elección de terrenos para hacer las siembras que desean aumentar". Da, pues, algunas instrucciones sobre los terrenos propios para la siembra del tabaco, comenzando por establecer que "Los terrenos de Guanare, Harinas y sus respectivas jurisdicciones tienen tan acreditada la propagación del tabaco que se puede asegurar todos son buenos para criar en abundancia y de buena calidad este vegetal". Habla, a continuación, del abono de las tierras diciendo que: "Si las tierras de Guanare, Harinas y sus jurisdicciones tuviesen todos los operarios precisos para sus respectivas labores, insensiblemente, y acaso sin conocerlo, abonarían dichos terrenos", pero sucede que "Es constante y cierto que en las expresadas ciudades y sus jurisdicciones apenas hay operarios para trabajar la cuarta parte de los terrenos que poseen, por lo que en cada cosecha mudan de terreno sin haber disfrutado lo más particular y exquisito que, a mi ver, les promete el que dejaron". Seguidamente, propone el método de hacer almacigos o viveros "que es uno de los principales puntos y el primero que debe aprender el labrador cuando se promete sembrar tabaco". Y después de dar varios consejos

(•)   Archivo General de la Nación

al respecto, ya en cuanto a los terrenos adecuados para los dichos viveros, ya sobre los distintos tiempos en que conviene se hagan, explica el modo de arrancar las matas de los almacigos y proceder a su plantación con todos los cuidados a ésta inherentes, deteniéndose en el caso de que el cultivador determine en el siguiente año plantar tabaco en el mismo terreno o rastrojo. Después vienen las consideraciones sobre la recolección que se hará cuando el tabaco manifiesta su madurez con su hoja que empieza a arrugarse y a "manifestar un color dorado oscuro como la corteza leñosa de la almendra". Viene entonces la preparación de los caneyes, el arranque hoja por hoja "si ser puede", el golpear, el arrollar, el hacer los manojos, el colgarlos, secarlos y otra serie de pormenores, hasta terminar "sacando de la pila el tabaco según se va hilando, cuyas cuerdas o longaniza será muy del caso se hagan lo mas delgadas que se puedan". Pasa a explicar el ambirado, mediante la debida prevención del moho o chimó 'llámese como se llamare", sobre lo cual termina diciendo "en carta separada hablé de esto con atención a las siembras de Aragua".

Después de esto, tenemos unas interesantes consideraciones de carácter social cuando dice que: Todos los cultivadores de tabaco en la ciudad de Guanare y Barinas apenas se les reconoce mas bienes que la chamarreta o camisa con que cubren su cuerpo y tan poco apurados por conseguir otros que a nada se mueven si no les animan". Fuera de esto las tierras de ambos partidos las poseen poco mas de una docena de particulares cada una de ellas, "con que si toctos estos particulares no contribuyen en animar y fomentar a todos estos desvalidos franqueándoles, ademas de sus tierras, en los tiempos de labores, lo que necesitan, respectivamente para cada una, en mi entender, no se ha de conseguir en estas ciudades el tabaco con la abundancia que se piensa". Cada particular o vecino de éstos que poseen las tierras mantiene en las propias suyas treinta o más de esta especie de labradores, permitiéndoles a cada uno cultivar un pedazo de terreno que su alquiler lo pagan con jornales o frutos de los mismos que cogen en aquella hacienda, ademas de contribuir con esto a los propietarios, se hallan reconocidos en algún modo, sujetos y dóciles para efectuar cuanto éstos les mandan". Y después de otras consideraciones de este tipo en que humanitarismo y utilitarismo marchan, más o menos, hábilmente mezclados, termina diciendo que "...convendría que a los propietarios y dueños de tierras, además cíe lo que verdaderamente se les ha prevenido acerca del cultivo y beneficio del tabaco, se les mande una instrucción extractada de este original y de orden del señor administrador que asi la recibirán con respeto y patrocinarán el fomento de todo lo que corresponde al tabaco",

El otro informe que poseemos, de puño y letra de Beras-tegui, es de los últimos meses de su estancia en Venezuela, y en menos de un año anterior a su fallecimiento, como fechado en Guanare el 26 de agosto de 1784. Se refiere a los ensayos practicados con el tabaco cura-seca en dicha región venezolana a imitación del que se trabaja en Brasil y sobre su costo y el que podrá tener si se establece fábrica para trabajarse en cantidad, y comienza diciendo, tras algunas reflexiones generales, que: "Como hasta ahora (que yo sepa) en el tabaco de esta especie y que con el mismo objeto se ha conducido a los Reinos de España, no se ha tenido el cuidado de prevenir las cosas referidas... a fin de precaver igual suceso... se dispuso como se hizo, tres diversas especies de ensayos, todos tres con la mira de que lleguen, ya que no perfectos, sin perderse o corromperse, y en disposición de instruirnos para reparar las faltas en los primeros trabajos de la misma especie". Expone, a continuación, con toda clase de pormenores, el ambir con que se ha beneficiado el tabaco que va marcado con el numero 2 y el número 4, y después el ambir con que se ha beneficiado el número 3, y explicadas las tres suertes de ensayos, "omitiendo varios que se malograron", pasa a determinar su costo y las causas que lo han motivado, terminando con la observación de que como "no habia ninguna disposición cuando se determinó ensayar este tabaco, sería demasiada prolijidad y enfadoso explicar por menor las causas que han motivado su alto precio. La falta de casa con almacenes proporcionados, la diversidad de trojes y que no se advertía hasta cuando se necesitaban, la de los asoliadores para secar el retoño que se perdía mucho de éste por no poderse reducir a ambir para cuando llegaba otro que era preciso recibir por la falta y pequenez de los fondos en que se cocía, la demasía de peones que se ocupaba por falta de las cosas referidas, últimamente se considera se ha hecho duplicado gasto del que se hará poniendo fábrica con los utensilios necesarios para ambirar anualmente 24.000 quintales que, a lo sumo, se considera puedan cosecharse en esta Provincia con reflexión al actual vecindario y a los que se ocupan en sembrar tabaco".

3.   Apéndice   I.

"Informe que rinde Don Pedro Berasteguí acerca del fomento y conveniencia de la siembra de tabaco, en los terrenos de la jurisdicción de los ciudades de Guanare y Harinas, «u beneficio y demás medidas para favorecer este ramo de la agricultura." (193)

(COPIA) DICTAMEN de los terrenos de las ciudades de Guanare, Barinas y sus respectivas jurisdicciones a efecto de sin convendrá fomentar en ellos las siembras de tabaco a el beneficio cura-seca y otros.

Anteriormente tengo dado en igual asunto mi parecer de los terrenos de Aragua y su utilidad para el tabaco cura-negra que generalmente lo estiman para mascar y fumar en lo mas de esa Provincia, lo conveniente que consideraba tentar por los medios posibles su consumo en todos los pueblos y, teniendo por demás explicar su cultivo de hacienda, propuse el beneficio que necesita después de su colección, y ademas de haber insinuado el modo del exterminio del contrabando que se hace en aquellos valles con los retoños que producen los tallos que quedan en las haciendas, indiqué el modo de tener abundante, segura y buena la semilla. En este presente diré lo que concibo de los terrenos nominados, lo que convendrá para adelantar y mejorar el cultivo y bene-íicio cura-seca y otros, el medio para fomentar las siembras sin perjuicio de lo dispuesto en este particular.

(193)    A. G. N. Papeles del Dr. Julián Viso. T. XI, H. 9-22.

Acontece regularmente a los mas de los labradores hallarse escasos o por mejor decir exhaustos de aquellas luces necesarias para la elección de terreno para hacer las siembras que desean aumentar; esta es, a mi ver, la causa por que algunas siembras nuevas que se intentan no surten los fines de los que desean su fomento. Convengo en que el labrador esté bien instruido, en qué tiempo y de qué modo ha de trabajar un pedazo de terreno que se ha propuesto sembrar, por ejemplo de garbanzos, que igualmente se halle enterado de las labores de siervos y acaso otras prolijidades que necesita esta semilla hasta que su mata se haya de cortar o arrancar de la tierra; otro labrador sabe, y se halla enterado de los beneficios y labores que requiere otro terreno para cáñamo, los pone en práctica, hace su sementera y logra perfectamente su cosecha; asi mismo sucede a otro que sembró tabaco: esta especie de cultivadores son buenos y se deben estimar para propagar los terrenos que tienen acreditados que con aquellas labores y beneficio van en abundancia garbanzos, cáñamo y tabaco. Ahora, pues, siempre que se intenten sembrar de las que no tiene el terreno acreditado su producción, y se fíen a sujetos que sólo poseen la agricultura en la forma que se insinúa, es indubitable que se perderá el tiempo y caudal, a no tener estos la fortuna de topar con un terreno bueno, y propio a la naturaleza de la semilla que sembraron, que les favorezca el temperamento y clima: ademas por falta de las precisas luces se hallan tan distantes de proponer mas medios para la multiplicación de las siembras que malograron, que desestimando toda razón que les proponen, afirman la imposibilidad de su sementera en aquel terreno, solo porque saben que su abuelo, su padre y hermanos con solo el trabajo que ellos han puesto por obra lograron bien semejantes cosechas. inundaciones; pues en tal caso se ve que si dichos sitios no se hallan con arena pura, las plantas que se crian en ellos, son pajosas, estoposas o lanosas, y de un corazón enteramente blando y de fácil separación y sí acontece hallar algún árbol que por su calidad le corresponda buena madera y fruto, por lo regular está desmedrado, enfermo y no se perfecciona aquel y así todas las demás plantas, por lo que solo se hallan cañas, juncos, sombrerera y otros semejantes; tampoco es mi ánimo se pongan estos en orden para las siembras de tabaco, antes si persuadiré se dejen hasta que naturaleza los trabaje y prepare con el tiempo, y asi sólo propondré lo que me parece útil para hacer aquellos terrenos buenos, uniformes y mejores, por un medio nada gravoso y que den igualmente este fruto mas nutrido y jugoso que hasta aquí.

Si las tierras de Guanare, Barinas y sus jurisdicciones tuviesen todos los operarios precisos para sus respectivas labores, insensiblemente y acaso sin conocerlo abonarían dichos terrenos; pero ya que al presente se considera esto difícil se hace preciso indicar los medios para que les sirva de guía a los que se hallan avecindados en ellas.

Es constante, y cierto, que en las expresadas ciudades y sus jurisdicciones apenas hay operarios para trabajar la quarta parte de los terrenos que poseen, por lo que en cada cosecha mudan de terreno, sin haber disfrutado lo mas particular y exquisito que, a mi ver, les promete el que dejaron: no hay duda y tiene infinitas veces demostrada la experiencia que una tierra nueva plantada de árboles de frutas sabrosas y sembrado de semillas particulares, los frutos que producen dichos arboles en la primera cosecha no son tan jugosos y dulces, y los granos no quedan tan nutridos como a la segunda, tercera y quarta, y asi, al paso que la tierra se va desembarazando de los humores extraños que recogió en el tiempo que estuvo inculta, va suministrando a las plantas mejor alimento, éstas como mas puro y propio lo adaptan mejor, lo elaboran como corresponde, y después dan frutos y simientes en el grado de perfección correspondiente cada una en su especie. Ahora pues, si a estos cultivadores de tabaco que SM. les concede particular y privativamente estas

siembras se les obligase a que seguidamente sembrasen en un mismo terreno cinco o seis años, desde luego que estas tierras libres de aquellos jugos extraños y superfluos criarían mejor tabaco; y sólo por este medio que se deja ver no es nada gravoso se consigue más nutrido y jugoso este fruto; además por este mismo medio de continuar en un mismo trabajo las siembras conseguirán modificar una capa delgada de arena que poseen los mas de los terrenos de que se habla, que sin dificultad les es vastamente nociva. La arena por su naturaleza es caliente y seca, chupa la humedad a la tierra y encierra en sí el calor del sol, con que si después que se planta el tabaco, no vienen a menudo las lluvias, extrae la arena la humedad tan precisa que tiene la tierra, y con el calor destempla, si no quema, la planta e interrumpe el tránsito de la savia, o alimento, y así queda desustanciada aun sucediendo esto después de haber criado bastante cuerpo la planta. Como esta arena es poca, aunaue suficiente para causar los efectos dichos, no hay duda de que con la continuación de repetir en un mismo terreno las siembras, se unirá con la tierra buena, que, cuando no la abone, no se experimentaran los daños que se han hecho presentes.

Acostumbrados, los cultivadores de tabaco, a mudar de terreno todos los años, alegan sin práctica ni conocimiento, que si nuevamente vuelven a sembrar en los rastrojos o pe-dujales anteriores para lograr el fruto bueno en ellos, se hace preciso darles dos o tres deshiervos. Está bien y se contemplan necesarios: pero sacadas las cuentas de los costos de los dos o tres deshiervos que se necesitan para la segunda cosecha, no equivalen al de la roza penosa que les es indispensable hacer para la primera; además, si aquella arroja tanta hierba que se hacen precisas las citadas labores, por la misma razón de matar para ella con tanta prolijidad la hierba en las siguientes cosechas arrojará muy poca o ninguna, y se hallan con solo este trabajo adelantado, con una hacienda que les producirá buenas cosechas en seis o más años continuos, sin el quehacer de la roza trabajosa que todos los años hacen para sembrar tabaco.

Siguiendo el mismo orden propondremos el método de hacer almacigos o viveros que es uno de los principales puntos, y el primero que debe aprovechar el labrador cuando se promete sembrar tabaco. Asi mismo indicaremos el modo de adelantar el cultivo; esto es, la distancia que se deberá guardar en las haciendas de una mata a otra cuando se planta el tabaco.

Para vivero o almacigo se buscará el mejor terreno que sea fértil y más seco Que húmedo porque en este temperamento se crían las plantas más sanas, y sienten novedad cuando las mudan de terreno; se limpiará con particular cuidado este sitio de todas las malezas, plantas, hierbas y raices que tuviere; se revolverá bien la tierra sea arándola a mano, o con reja, a fin de que reciba con igualdad el beneficio que le administra el sol, el aire y las lluvias y quede más suelta en este estado y estando más húmeda un poco la tierra, se repartirá por ella la semilla, y para que éste caiga igual se le puede mezclar antes dos tantos de arena o tierra muy menuda; esta diligencia es muy precisa, atendiendo a la pequenez de la semilla del tabaco para que se distribuya mas rala y no nazca cepera en el almacigo, acusando por este medio la saca que se debe hacer en el vivero, caso que venga muy espesa. Si a pocos días de haber sembrado esta semilla no nace, y el terreno está seco, se le puede dar un riego suave de forma que no haga mas que humedecer la tierra evitando se reduzca a lodo; pues si no se tiene esta precaución, y viene a continuación un sol ardiente, se formará una corteza dura en la superficie de la tierra que, cuando no ahogue la semilla, retardará su planta. Cuando ésta consiga tener como tres pulgadas fuera de la tierra, si no tiene las lluvias necesarias, se puede regar sin aquel peligro, siempre que se reconozca tiene necesidad. Sin perjuicio de la mezcla de arena o tierra que se ha insinuado para repartir esta semilla en el almacigo, convendrá mucho si este viene demasiado espeso y cuando esta planta tenga la mitad de su longitud, hacer alguna saca que deberá ser con la precaución siguiente. Se reconocerá la cantidad de plantas que convendrá extraer, para lo cual si no está blanda la tierra se debe humedecer antes, y luego a mano se arrancan de raíz aquellas matas menos lozanas y vigorosas para que las que queden reciban el alimento que inútilmente gastaban aquellas.

Como las siembras de tabaco regularmente principian por Agosto y duran hasta Noviembre, convendrá hacer almacigos en distintos tiempos a fin de que en todos se logren las plantas proporcionadas, tiernas y fáciles de prender y no queden las tierras laboreadas sin plantar por falta de viveros hechos en su debido tiempo. Esto es, que se deben hacer almacigos con alguna diferencia de dias de unos a otros.

Hecho el vivero como queda prevenido, dispuesta la roza, quemada la leña y, si ser puede, surcada la tierra, no sólo con el fin de que quede más esponjosa, sino también con el de exterminar varios insectos que suele tener, y son nocivos con cuyas labores, sino todos, se malogran muchos. Se arrancaran del almacigo estando húmedo, y sin maltratar las raices las matas necesarias y que consideren se pueden plantar en un día, se dispondrán en mano o sin que se rompan, y guardando la distancia de cinco cuartas en cuadro de mata a mata, se harán unos hoyos con un palo duro y resistente proporcionados a las raices de las plantas. En cada uno de estos hoyos se pondrá una mata sin maltratarla, se llenará el hoyo de tierra con mucha suavidad a fin de no romper dichas raices, y en esta conformidad se proseguirá hasta que se haya concluido de plantar toda la hacienda. Los manojos que por la mañana se sacaron del almacigo, se deben guardar por aquel día en un sitio fresco y resguardado del sol para que no se sequen los raices, y se marchite la guia, y según se vayan plantando, se irán llevando de este lugar a la hacienda, para ver las plantas que no han prendido, y luego en la forma que queda prevenido, se plantarán las que faltaren. Se reconocerá asi mismo la hierba que tuviere, y si fuere necesario, se le dará un deshierbo con una azada de mano a dos pulgadas de profundidad, esto es, poco mas que raspar la tierra. Estas mismas diligencias se practicarán por dos veces más, y en el intermedio que el tabaco se levante poco más que a la mitad de su altura. Hallándose el tabaco en esta disposición, ya se considera por demás el resiembro y se supone con bastante lozanía para ahogar la hierba que puede criar la tierra, pero, si ésta está seca, será muy del caso arrimarle a cada mata una poca de su vecindad; esto es aporcar el tabaco a fin de que el tallo se mantenga más fresco y el sol no le cause impresión. Sin perder de vista estas prevenciones, se tendrá cuidado si da señales de querer florecer el tabaco, para antes tostarle la guia con el fin de que no se eleve demasiado, la planta dejando desmedradas las hojas lo que se reiterará de tres en tres días por tres o mas veces, cortando asi mismo además de la guia los retoños o hijos de las matas han brotado de las heridas que se les hizo para que quitarles la guia, y a esto se llama capar. Con este beneficio se cria el tabaco bien jugoso y nutrido hasta que se haya de coger de la hacienda.

Si el cultivador determina el siguiente año plantar tabaco en el mismo terreno o rastrojo, no deberá poner las matar tan distantes, bastara ponerlas una vara en cuadro de una a otra y en los siguientes años un poco mas arrimadas cuyo método convendrá observarse, tanto porque la tierra libre de superfluidades comunica a las plantas jugos más puros y abundantes, como también porque hallándose mas juntas las matas cubren con sus hojas lo más del terreno e impiden la evaporación de la humedad a la tierra. Después que en un terreno se hayan cogido dos o mas cosechas las plantas no se crían en él tan altas ni las hojas tan grandes, lo que también alegan para no volver a sembrar en el mismo pedujaí, pero si advierten a lo bien nutrido de la hoja, su grosor y últimamente el peso, verán como además de ser el tabaco de mejor condición, nada pierden en la cantidad.

Cuando el tabaco está maduro y en disposición de cogerse, empieza la hoja a arrugarse y manifestar un color dorado oscuro como la corteza leñosa de la almendra, en varias partes de la hoja. Para cuando el tabaco llegue a este estado se tienen dispuesto los caneyes en que se ha de secar y lo demás del beneficio que requiere. Los más de los caneyes que hay en los terrenos mencionados están dispuestos, unos en parajes húmedos y sin ventilación, y otros, aunque secos, se hallan en hondonadas, sin que el ñire pueda visitarlos. Para los caneyes se debe destinar un lugar o sitio seco y airoso que corra libremente el aire por todas partes; debe ser bastante capaz de proporcionado a la cantidad de tabaco que se quiera secar, debe tener algunas ventanas o lumbreras por todos lados para dar entrada al aire cuando convenga e impedirlo cuando corra demasiado húmedo.

Dispuesto asi el caney, se cogerá el tabaco en el estado y con las señales que se han indicado; y hoja por hoja, si ser puede, se le quitará la vena recta que corre desde el pezón hasta su extremidad y cuando esto no pueda hacer con el todo, siquiera cuatro o cinco dedos de ella y a la restante darle dos, tres o mas golpes con un palo ancho que para ello se tendrá apropósito a fin de que se separe y quede igual con la hoja y venga a secarse a un mismo tiempo. Esta vena en un mismo espacio de volumen contiene cuando menos tres veces más humedad que la hoja mas viscosa, pesada y gruesa y dificil de evaporarse, por lo que se condensa y lija en aquella parte. Puesta asi en rollos, si se recalienta por algún accidente, se pone en movimiento, se fermenta e inficciona lo demás de la hoja, y cuando no la pierda del todo, al menos le comunica olor y sabor desagradables. Dispuestas asi las hojas se hacen manojos de dos o tres en tres, se atan con dos cabullas o cuerdas que se tiene dispuestas de una planta que llaman vijiran y se cuelgan no muy juntos en el referido caney, y se dejan hasta que se sequen. Ya está sentado tener el tabaco en dicho caney hasta que empiezan los primeros aguaceros que llaman invierno, y asi que éste llegue en la conformidad que se halla lo descuelgan para ponerlo en pila que es darle a calentura; como el tabaco no lo ponen siempre en una misma disposición a la calentura ya se ve no pueden atinar sobre poco mas o menos el tiempo que lo deben mantener en ella, y por lo regular este beneficio lo dejan imperfecto. Si el tabaco lo ponen en pila o a la calentura, sin que esté bien seco, toma en tanto grado el calor que se fermenta y se pierde; con que para obviar este inconveniente luego y en la pila de tabaco reconocen un mediano calor, lo sacan, lo tuercen, lo hacen rollos, y asi el tabaco no queda bien curado. Informados de esto los mercaderes o compradores de tabaco, lejos de remediar el daño por que no conocen la causa, cuidan de que los cosecheros no le dan mucho calor al tabaco, porque de darle se exponen a no cobrar lo que de sus caudales les adelantaron a cuenta de sus cosechas de tabaco; por lo que tanto los mercaderes como Jos cosecheros han contribuido a que no se perfeccione este beneficio. Ahora pues, los aguaceros o invierno se suelen adelantar unos años y otros se retardan, y asi el sol unos tiempos calienta mas que los otros; igualmente sucede con el aire; unas veces corre húmedo y otras mas caliente y seco; la humedad en el tabaco, a corta diferencia, se supone igual, aunque por el método que se practica la desecación, no es posible quede todos los años igualmente seco el tabaco, 

Fácil es de conocer cuando el tabaco está bastante seco y en disposición de ponerlo en pila o calentura, si se pone un poco de cuidado. El tabaco contiene un zumo viscoso y glutinoso que se condensa poniendo en disposición de reducirse a polvo. Esto supuesto, no nos hemos de guiar para ponerlo en pila en que se deshaga entre las manos reduciéndose a polvo; nos hemos de valer de otra observación; para conocer, pues si el tabaco está despojado de aquel zumo extraño viscoso y glutinoso que le es tan perjudicial, se tomaran como media o una libra de sus hojas, éstas envueltas con otras que tengan alguna humedad, si se revienen y humedecen en poco tiempo; esto es, en día y medio o dos días, es señal evidente de que el tabaco no está despojado de aquellos sucos perjudiciales; pero si retarda a revenirse, humedecerse y calentarse cuatro, cinco o más días, es señal cierta que el tabaco está perfectamente seco. Esta observación en plantas de esta casta se puede autorizar con experiencias de hombres eruditos que se han dedicado a practicarlas y lo mismo idéntico he advertido yo con el tabaco. Con esta precaución se deberá poner el tabaco a desfogar o en calentura y así no corre riesgo de calentarse pronto y demasiado, sino que adquiriendo un calor lento y continuo, se conserva en él por tres o cuatro días y queda perfectamente curado. Para ponerlo en este beneficio de calor se deberá tener a prevención una tarima asentada, una cuarta más alta que la tierra, y sobre ella se pondrá una buena cama de hojas de plátanos secas o de otras que no le comuniquen al tabaco olor ni sabor. Sobre estas hojas se pondrá el tabaco que se quiere desfogar cubriéndolo con una capa buena de las mismas hojas, y en esta forma, en el tiempo que se ha dicho, se consigue la cura del tabaco. A continuación y sin perder tiempo, se van sacando de la pila el tabaco, según se va hilando, cuyas cuerdas o longanizas será muy del caso se hagan lo mas delgadas que se puedan.

Ya queda explicado el modo de mejorar los terrenos y el beneficio que requiere para que el tabaco quede perfectamente curado, veamos ahora como recibirá el ambirado o bra-siliense: hallándose el tabaco de recibir este beneficio lo primero que se deberá prevenir es el moho o chimo o llámese como se llamare; este se debe hacer con tabaco bastantemente seco, a lo menos que por la secación se le hayan exhalado todas las partes herbáceas suculentas y mocosas, pues si el tabaco se ambira con moho hecho con tabaco verde, en lugar de mejorarlo, lo pone fuerte de un gusto áspero, causa nauseas y lo dispone a una pronta fermentación aun cuando el moho se le mezcle en su debido punto y en la debida cantidad. Conviene, pues, mucho saber elegir y preparar el tabaco para hacer el moho que se ha de gastar en ambirar tabaco; asi mismo importa darle el punto necesario y no más. Debe tener el moho para este efecto un punto de miel, esto es, cuando está frió o de un jarabe espeso; hecho el moho en esta conformidad y del tabaco preparado como corresponde se pasa a ambirar el tabaco que se quiere reducir a brasil, cuyo modo es el siguiente. Se pondrá el tabaco a revenir, según se ha dicho, en el beneficio de calentura; asi que las hojas estén algo flexibles, se tomará una vasija capaz y plana donde estará a prevención el moho frió; en esta vasija se irán metiendo las hojas del tabaco, una por una, hasta que se empapen de moho; luego se sacarán y, asi que se enjuguen un poco, se hilarán con mucha delicadeza y con igualdad de modo que no quede mas gruesa la cuerda que un dedo regular de la mano de una persona. Estas cuerdas, según se vayan hilando, se deben ir colgando en una azotea o solana bien ventilada y resguardada del sol. En ella se mantendrá colgado este tabaco hasta que se sequen perfectamente; luego se harán rollos y en un almacén bien seco se guardará este tabaco. Los tallos o troncos, las hojas menudas y algo pasadas, los botones y las cabezas que quedan en las haciendas después de haber cogido el tabaco bueno, son muy a propósito para hacer este moho siempre que para ello se dispongan como corresponde; también se pueden aplicar y sin tantos requisitos estas mismas partes de la planta para la fábrica de moho; en carta separada hablé de esto con atención a las siembras de Aragua.

Todos los cultivadores de tabaco en la ciudad de Guanara y Barinas apenas se les reconoce mas bienes que la chamarreta o camisa con que cubren su cuerpo y tan poco apurados por conseguir otros que a nada se mueven, si no los animan. Fuera de ello, las tierras de ambos partidos las poseen poco mas de una docena de particulares cada uno de ellos, con que si todos estos particulares no contribuyen en animar y fomentar a todos estos desvalidos franqueándoles además de sus tierras en los tiempos de labores lo que necesitan respectivamente para cada una, en mi entender, no se ha de conseguir en estas ciudades el tabaco con la abundancia que se piensa. Cada particular o vecino de estos que poseen las tierras mantiene en las propias suyas treinta o más de esta especie de labradores permitiéndoles a cada uno cultivar un pedazo de terreno que su alquiler lo pagan con jornales o frutos de los mismos que cogen en aquella hacienda, además de contribuir con esto a los propietarios, se hallan reconocidos en algún modo, sujetos y dóciles para efectuar cuanto estos les mandan. Los vecinos dueños de tierras que a cada uno de estos conoce particular y distintamente saben muy bien como benefician y cultivan las tierras, y, últimamente como curan el tabaco, con este conocimiento los fomentan según y como conviene. Primeramente le dan a cada uno lo correspondiente para hacer la roza; después para sembrar el almacigo, luego para plantar la hacienda, y asi para las demás labores y beneficios; de manera que si no observan esta mecánica de darles lo que necesitan en tantos y distintos tiempos, a buen seguro que siembren tabaco, y si por ejemplo sólo les dan la mitad de estas labores o parte de ellas, las ejecutan y asi dejan el tabaco y se malogra; pues si a tantos individuos les precisa estar continuamente sobre esta especie de cultivadores para que siembren tabaco y observen la mecánica dicha porque de cuenta de nadie se les puede adelantar en una vez lo que necesitan para cultivar su pedujal, no es posible, a mi ver que uno solo pueda dar y mantener el aire con que lo enbuelbe de cosas extrañas a promover y excitar la putrefacción cuyas circunstancias en dichos ensayos no se han de perder de vista, menos de que con ellos se ha de dar gusto a un sinnúmero de consumidores en el color, olor, punto y fortaleza y que para ello primero han de pasar por temperamentos conocidamente opuestos, a países y climas diversos y conserbarse en ellos quando menos cinco años para que resulte útil este trabajo.

Bajo estas reflexiones y conocimiento, aunque no se consiguió el tabaco cultivado y beneficioso, según de antemano se tenía prebenido, se tomó, del que había, el que pareció más bien curado con el que se repitieron muchos y diversos ensayos y tenía adelantadas estas diligencias con el ambir que debía serbir para los primeros; y unos y otros demostraron que de la elección del tabaco perfectamente libre de jugos herbáceos, del punto crítico del ambir, la cantidad y fortaleza con que se ha de poner el tabaco, depende precisamente la perfección de esta obra.

Sin perder de vista la más menuda de las circunstancias referidas, se premeditó la cantidad de ambir que embebe el tabaco, que tanto se podrá disipar en la exportación por tierra hasta llegar a embarcarse en la nabegacion, y en el tiempo que debe permanecer en los Reinos de España hasta lograr su consumo y se dedujo no cómbenla incorporarle todo el que se graduó por necesario hasta obserbar con diligencia las mutaciones que padece hasta ponerlo en Europa, donde indispensablemente se ha de reconocer, adbirtiendo y anotando con beracidad sus defectos de cuyas bien practicadas y relatadas diligencias (pues han de servir de norte) se han de deducir reglas seguras y ciertas para trabajar con perfección en los sucesibo este tabaco, y lo mismo que el que nos venden los Portugueses de su Reyno o Provincia del Brasil,

Como hasta aora (que yo sepa), en el tabaco de esta especie, y que con el mismo objeto se ha conducido a los Reynos de España, no se ha tenido el cuidado de prebenir las cosas referidas y, aunque se hubiese mandado con estte intento no se han practicado por haberse perdido en la nabegacion, según relación de algunos viajeros por la sobra de ambir y su mala disposición; a ítn de precaber igual sucesso, y nos prlbe de unas obserbaciones tan Importantes con el que aora se conduce; se dispuso como se hizo tres dibersas especies de ensayos todos tres con la mira de que lleguen, ya que no perfectos, sin perderse o corromperse, y en disposición de instruirnos para reparar las faltas en los primeros trabajos de la misma especie; en cuya virtud se explicara a beneficio de cada una de las especies insinuadas de ensayos y el ambir que les corresponde.

AMBIR CON QUE SE HA BENEFICIADO EL TABACO que ba marcado con el n. 2 y el n. 4.

Después que se cojen las primeras ojas que produce la planta del tabaco de que se hace el cura-seca, arroja otras que llaman retoño: se cojen estas asi que lleguen a su mayor grandeza y se tienden por dos o mas días al sol o hasta que queden medio secas; luego se cortan y se echan en una canoa con agua hasta que les sobrepuje una quarta, y se dejan por un dia; luego se cuecen en un perol (hasta que resulten blandas y el caldo bien impregnado de su sustancia); se cuela y exprime muy bien este tabaco y en el mismo o en otro perol se buelbe a cozer este caldo rebolbiendolo continuamente hasta que se ponga grueso de la consistencia de miel espesa y asi se conserba y guarda en todo el tiempo que se quiere en basija limpia y tapada.

Prebenido ya el ambir, se toma el tabaco cura-seca des-benado y después de hallarse libre del zumo herbáceo o mocoso que le es tan natural se liará o torcerá con igualdad del grosor del dedo pulgar de una persona: hecha esta diligencia, se dispone una troje capaz con reflexión a la cantidad de tabaco que se quiere ambirar, en cuyo troje se ha de disponer una cama de hojas de plátanos secas y sin humedad una quarta de grueso colocada sobre palos que la sostengan algún tanto distante del suelo. Prebenido asi lo dicho, se pone en na batea plana ambir caliente de forma que lo pueda aguantar cómodamente la mano; por este ambir se hirá pasando poco a poco el tabaco torcido y al paso colocándolo con igualdad en forma de madeja en la troje sobre la cama citada de ojas de plátanos, así que esta madeja tenga como una quarta de grueso, se rociará mui bien con el mismo ambir caliente. Luego se pondrá sobre la primera carnada otra de la misma figura y grueso y se hará la misma diligencia de rociarla con ambir caliente y en esta forma se continuará hasta que se llene de tabaco la citada troje o se ambire lo que se quiera si hay tabaco torcido, ambir y trojes. La pre-dicha troje de tabaco ambirado se cubre muy bien con ojas secas de los mismos plátanos y a mas con cueros con bastante peso, para que se apriete el tabaco con igualdad, conserbe el calor y se vaya reconcetrando el ambir. Al dia siguiente se ha de reconocer el tabaco y si se halla con el mismo poco más calor en que se puso, se ha de rocear nuevamente con ambir caliente, repitiendo esta diligencia en la misma forma, si no se aumenta mucho el calor por ocho o diez días, pero, si éste fuera creciendo de forma que se reconozca que de añadirle mas ambir ha de tomar mucho cuerpo, cesará el ambir y se le quitarán los cueros y ojas con que está cubierto; si no obstante esta diligencia, ba creciendo el calor se sacará el tabaco de la troje, se dejará enfriar en lugar sobre cueros se enrrollará, encachupará y enzurronará, teniendo cuidado que ¡os zurrones se deben humedecer para poner el tabaco hasta hacerlos manejables se sequen luego, para que no pase la humedad al tabaco, y para que no crien gusanos que los taladran y echan a perder.

AMBIR CON QUE SE HA BENEFICIADO EL TABACO NUMERO 3.

Se toma de las ojas del retoño del tabaco medio seca, según que se ha dicho, y otra tanta cantidad de bena de tabaco bien seca; todo se corta menudamente. Se ponen en la canoa con la misma cantidad de agua y se hacen las mismas diligencias hasta a raducirlo a ambir que en el precedente.

Dispuesto asi el ambir, y el tabaco torcido según queda indicado, ha de hacerse para ambirar este tabaco las mismas labores y obserbaciones que en el antecedente, sin que falte nada hasta ponerlo en zurrones. Dispuesto el ambir para el tabaco n.4 según queda prebenido, se tiene a prebencion una troje de la misma especie que queda explicado. En dicha troje y sobre la carnada de ojas de plátanos se pone otra delgadita e igual del tabaco que ha de serbir de tripas en esta torce-dura, se rocea muy bien con el ambir citado. Caliente luego se tiende sobre esta carnada otra en la misma conformidad del mismo tabaco, y se buelbe a rocear en la misma forma con ambir; se apelmaza muy bien este tabaco, y asi se prosigue hasta ambirar el tabaco necesario; este tabaco asi dispuesto y con suficiente cubierta y peso encima ha de mantenerse en dha. troje por quatro días pasados los quales se saca y tuerze echándole la capa sin ambirar; luego se debe pasar ligeramente esta cuerda por ambir obserbando y haciendo todas las operaciones que en los antecedentes, y este es el modo como se beneficia el tabaco que ba marcado con el n.4.

Se ha poner siempre el ambir caliente porque sino como esta grueso, ademas de gastarse mas del necesario, se encharca en el tabaco y no se distribuye con igualdad.

Explicados las tres suertes de ensayos, omitiendo barios que se malograron, especialmente los que se efectuaron con tabaco fresco, diré a corta diferencia su costo y las causas que lo han motibado.

Para las 3.850 libras de tabaco que se ha ambirado se recibicieron 3.716 libras tabaco cura-seca con benas, y sin estas 1.281 libras que todas hacen 4.997 libras, a razón de doce reales arroba, importa 2.400 reales el costo del ambir hasta enzurronarse este tabaco ascendió a 8.800 con que bie-ne a salir la libra de este tabaco ambirado a 2 reas. 8 mrs. o poco mas, obserbandose faltan en este tabaco 1.147 libras sin 150 libras que se supone su merma con el peso del ambir que todas hacen 1.297 libras razón de la falta de este tabaco con benas que se recibió y fue preciso quitárselas, hubo demerma 975 libras que pesaron dichas benas y 50 libras de cabullas y estacas de 236 rollos en que se hallaba dicho tabaco son todas 1.025 libras. Las 272 que restan se consumieron y malograron en diferentes ensayos: espliquemos ahora la razón de estos gastos:

Las citadas libras 3.716 tabaco con benas hubo de

costo para quitarlas ..   ..   ..   ..   ..   ..   . •   • •   • •    1.200

En casa, caneyes, canoas, fondos, diferentes basijas menudas y peones para distintas cosas ..    3.000 

En hilar 165 arrobas de tabaco a 6 rs. arroba ....       990

En retoño, leña, agua, y peones para el ambir ..    2.000 

En cueros para enzurronar y otra maniobras ....       300

En enzurronar y encachupar 19 cargas de tabaco ambirado ......    .................        60

En trojes, sus materiales y peones para su construcción  ..   ..   ..   ..   ..   ..   ..   ..   ..   ..   ..   ..    1.250

Que todas estas cantidades hacen, Rs.    8.800

Siempre que conbenga se trabaje por mayor este tabaco, se hace providenciar con los cosecheros que luego que cojan la oja, le quiten las benas en cuyo tiempo, por hallarse con toda su flexibilidad, se hace con facilidad esta maniobra, y se ahorra el grande costo que tiene de hacerse estando seco, y aunque por lo menos que pesa el tabaco sin benas pretendan aumentar de precio, y sea éste a proporción de la merma, no equivale al costo de haberlas de quitar estando seco, además de que con las benas se quita parte de la oja, lo que no sucede cuando berde.

Bajo el supuesto que no había ninguna disposición cuando se determinó ensayar este tabaco, seria demasiada prolijidad y enfadoso explicar por menor las causas que han motivado su alto precio. La falta de casa con Almacenes proporcionados, la de dibersidad de trojes y que no se advertía hasta quan-do se necesitaban, la de los asoliadores para secar el retoño que se perdía mucho de este por no poderse reducir a ambir para quando llegaba otro que era preciso recibir por la falta y pequenez de los fondos en que se cozia, la demasía de peones que se ocupaba por falta de las cosas referidas, últimamente se considera se ha hecho duplicado gasto del que se hará poniendo fabrica con los utensilios necesarios para ambirar anualmente 24.000 q.q. que a lo sumo se considera pueden cosecharse en esta Provincia con reflexión al actual vecindario y a los que se ocupan en sembrar tabaco. Guanare, 26 de Agosto de 1784.

Pedro Berastegui",

5.   Minas y Plantaciones.

Los conocimientos y actividades de Berastegui no se limitaron al tabaco. Lo sabía bien el Intendente Abalos, quien, después de haberlo empleado en las labores que hemos visto en Guanare y Barinas, lo comisionó para que fuese a la ciudad de Mérida donde había de dedicarse a diversos estudios.

Llegó Berastegui a Mérida el 16 de mayo de 1781, según nos informamos por carta que de allí dirigió el 5 de junio siguiente a Abalos (195), y en dicha ciudad fue atendido por el Vicario Eclesiástico don Francisco Antonio Uzcátegui, a quien iba recomendado por Abalos (196) y en la citada carta nos da cuenta del comienzo de sus actividades: "A esta ciudad llegué el diez y seis del último mes de mayo y luego dispuse en las vecindades de su laguna diversidad de montones de tierra de la que baña la agua de la misma laguna algunas ocasiones; esta tierra dispuesta en la conformidad dicha, mezclada con distintas materias y libre de las lluvias, es preciso que por algún tiempo le dé por todo lados el aire, además de lo dho. otros montones de la misma tierra se regarán con la agua de dha. laguna, de forma que se tentará por todos los medios que ocurran y yo alcance a fin de investigar de cual saldrá el salitre con más utilidad. La agua de la citada laguna no es común, y las señales de color, olor y gusto la caracterizan de particular, motivo suficiente para ponerlo en tortura a fin de que manifieste lo que ahora nos oculta". Termina la carta con otro párrafo por el que vemos que, no sólo el Vicario sino que también el Cabildo y el Administrador de Real Hacienda le ofrecían la debida colaboración en su empresa.

(195)   Ver carta del Intendencia Abalos al ministro Calvez, en García Chuecos: Historia Documental de Venerad». Caracas, 1959, pág. 188.

(196)    García   Chuecos,   op.   cit.,  pág.   182.

No todos eran colaboraciones, sin embargo, y no faltaban las suspicacias y las quejas que, como con frecuencia suele suceder, venían de un paisano suyo, el comisionado Ar-teaga, que escribía al Intendente en los siguientes términos, en carta fechada en 28 de junio: "Muy señor mió: Porque no extrañe V.S. que no le participe alguna cosa sobre los progresos de la comisión conferida a Dn. Pedro Berástegui, insinuaré lo que ha ocurrido. Y es que, a pocos días de haber llegado a ésta, continuó su marcha para la laguna del Urao, en donde me dicen está haciendo algunas operaciones para verificar lo que de ellas solicita. Esto he sabido por fuera, pues no le he merecido me haya dado la menor noticia en la corta distancia que hay, que es poco más de media día de camino.

También estoy notificado de que hallándose allí un confidente del Administrador de la Renta de Tabaco haciendo sacar algunas arrobas de urao para proveer esta Admon. y otras que tiene a su cargo para sufragarles con dicho urao, se apropió de los pocos indios que lo sacan dejando al comisionado de la Admon. sin conseguir el que se necesitaba y se le había prevenido por dicho Admor. Dicen también que el principal motivo de agregarse los indios a Dn. Pedro y su compañero fue por haberles ofrecido mayores ventajas y premios, conforme a la cantidad del urao que dichos indios le entregaran, y con éste motivo se haya excusado en parte el celo que debe haber (según lo mandado); se dice que los mismos indios han distribuido alguno entre los vecinos, con grave perjuicio de la venta y contra la expresada orden del Administrador Oral, de Maracaibo, lo que me ha parecido preciso insinuar a V.S. sólo con el pretexto de su mejor inteligencia y no en perjuicio de don Pedro y su compañero" (197).

Del efecto surtido por esta carta, tenemos noticia por la contestación dada por Abalos en fecha 24 de Julio, en la que dice a Arteaga: "Quedo enterado de lo que Vm. me informa, con fecha de 28 de junio último, sobre los progresos de la comisión conferida a Dn. Pedro Berástegui, y su viaje a la laguna del Urao, con lo demás que expone acerca de la extracción de ese mineral. En resulta, ha parecido prevenir a Vm, que con esta fecha advierto al insinuado Berástegui no impida en manera alguna la extracción del urao que necesitan los Administradores subalternos de esta Provincia y el de Trujillo para la composición del chimó y mó, procurando con suavidad y buen modo que los indios trabajadores no lo distribuyan oculta y clandestinamente a los vecindarios y a los particulares que abusan de su sencillez, con perjuicio de la Renta. Pero todo eso, sin perder de vista la moderación y buen trato que corresponde, hasta que conozcan el justo motivo que se tiene para restringir su expendio" (198).

Pero la prevención que se cree obligado a hacer a Berás-tejfui, no impide el que, conociendo su valía y capacidades, le anime en sus trabajos, aprobando lo realizado y exhortándole para lo futuro, en unos párrafos en que el tono administrativo queda diluido en un breve torrente retórico: "Por la de Vm. de 5 de junio último, quedo enterado de haber remitido al Administrador General de la Renta de Tabacos una razón de lo que ha trabajado en Guanare y Barrnas, acerca del cultivo y fomento de las plantaciones de esta especie. De su arribo a Mérida y del examen y reconocimiento que hizo

(197)    García Chuecos, op. cit., pág. 188.

(198)   Ibtdem.

a su laguna, cuyas aguas manifestaban indicios de que se podría extraer buen salitre. Previne a Vm. en otra ocasión que la naturaleza siempre ha sido muy rebelde en manifestar sus secretos, y que de consiguiente era preciso proceder con el mayor tino y circunspección, sin fiarse mucho de los primeros experimentos ni en sus consecuencias. Esta desconfianza ha modificado y consumido el tiempo a los mejores Phísicos que, después de infinito trabajo, se hallaron burlados con efectos muy contrarios a los principios que ya habían abrazado. Pero sin abandonar sus proyectos han adquirido con la paciencia y fatiga muchos conocimientos que ignoraron los antiguos, cuya regla es necesaria siga Vm. en lo concerniente a su facultad, para que en modo posible sea fructuosa su peregrinación" (199).

Pero no necesitaba de exhortaciones nuestro don Pedro que, sin experimentar la menor cobardía "por razón de las cosas que al presente se hablan" (sin duda, las de la sublevación), da cuenta al Intendente de sus labores en la obtención del salitre que ha obtenido y espera salga bueno "para el efecto de pólvora". "Mi más venerado señor: Sólo diré a V.S. en esta ocasión por lo tocante al examen de la laguna, que con el mayor tesón y sin que hayan experimentado en la ciudad y jurisdicción de Mérida la menor cobardía por razón de las cosas que al presente se hablan, he examinado !a laguna con todo lo que en sí encierra y sus vecindades. Será testigo de ésto una carga de salitre y cinco de urao que al cuidado de Cabanie, se conducen a la ciudad del Tocuyo; el salitre es procedente de las tierras vecinas a la laguna de Mérida y a su agua; si éste, como espero, sale bueno para el efecto de pólvora, haré con la mayor puntualidad un plan, de forma que de la dicha laguna y las tierras vecinas se pueda sacar con bastante utilidad cuanto salitre se quiera.

A fin de llevar a esa ciudad una carga del dicho salitre con el de que V.S. lo haga examinar por algún polvorista a su satisfacción, dispuse la tierra y agua que me pareció necesaria para completar dha, cantidad, y si las vasijas con que se hizo hubieran sido aparentes y yo hubiera andado con economía, sin duda hubieran salido dos cargas, pero me parece que con una será suficiente para las pruebas de pólvora". Termina esta carta, fecha 25 cíe julio, avisando a Aba-los que "el 17 del corriente, después de haber dejado empe-tacadas dichas cargas y pagados los portes hasta Trujillo, salí del pueblo de las Lagunillas". Y la firma en Trujillo (200).

(189)   Intendencia del Ejército y Beal Hacienda. T. XV, f. 344.

A esta carta, contesta Abalos con otra, fecha 7 de agosto, que reza así: "Quedé enterado de cuanto Vm. me informa, desde Trujillo, en su carta de 25 de julio último, sobre las operaciones ejecutadas en la laguna de Mérida y sus inmediaciones, cuyas resultas me han sido agradables por las noticias que se han adquirido de las utilidades que promete para lo sucesivo y las tendré presente las que me comunica para hacer de ellas el uso conveniente" (201), remitiendo, al mismo tiempo, y con la misma fecha, al administrador del Tocuyo, Dn. Francisco Xavier de Uriz, una en la que, al mismo tiempo que acusa recibo de las que éste le había remitido, por conducto de Miguel Vizcaya, le envía otra para Berástegui, quien deberá estar ya, según su aviso, para esas fechas por el Tocuyo (202).

Había, pues, Berástegui interrumpido, por el momento, sus labores en Mérida, a causa de la sublevación, sin haber podido, a causa de ello, dar total cumplimiento a los deseos del Gobierno español, de lo que tenemos noticia por carta de Abalos al Ministro Gálvez, fecha 18 de septiembre (203), en que leemos lo que sigue: "Muy señor mío: Cuando recibí la Real Orden de 1 de junio de este año en la que V,S. se sirve participarme que S.M. se ha dignado aprobar la providencia que

 T.  XVI,  f.  33. T. XVI, f. 86. T. XVI, f. 204.

T.  XVI,  f.  214.

(200)            Intendencia...

(201)            Intendencia..,

(202)            Intendencia...

(203)            Intendencia..,

tomé de acuerdo con el químico español D. Pedro de Serás-tegul de formar en esta capital un depósito o criadero de todas las plantas útiles para irlas remitiéndolas luego que cese la guerra, manifestándome al propio tiempo que, sin perjuicio de esta providencia, quiere el Rey que por los correos marítimos vayan paquetes moderados de semillas, según las vayan cogiendo antes que se añejen, con lo demás que en ella tiene V.S. a bien preceptuarme, se hallaba dho. Berásteguí en la ciudad de Mérida, Provincia de Maracaíbo, donde lo había destinado al reconocimiento de la laguna que hay en aquella jurisdicción y ha hecho útilísimos descubrimientos de salitre y otros mixtos de que daré cuenta a V.S. con toda individualidad en otra ocasión para su superior inteligencia y demás efectos que correspondan".

Para noviembre del mismo año de 1781, sabemos que Be-rástegui había llegado a Caracas y allí, puesto al habla con el Intendente Abajos sobre las posibilidades de la región me-rideña, le expresó sobre sus observaciones, entre otras cosas, lo que sigue, que tomamos de una carta que Abalos dirigió desde Caracas al Vicario de Mérida, doctor Francisco Antonio de Uzcátegui, en 29 de noviembre: "Dn. Pedro de Berástegui que acaba de llegar a esta ciudad me ha informado que sus terrenos son escasos y poco proporcionados para hacer considerables plantaciones de frutos, y que, aun cuando no hubiera este obstáculo, de su felicidad hay otro casi insuperable cual es la conducción de su producción a Maracaibo por lo costoso que es ejecutarlo per tierra y no haber arbitrio para hacerlo por agua. Una y otra son dificultades de consecuencia cuyo vencimiento ha de ser bastante trabajoso, pues no habiendo tierras suficientes y de bondad para el beneficio de los frutos, no puede hacerse grandes cosechas sin las cuales no es fácil el adelantamiento del comercio, y aunque las haya porque se busquen terrenos donde cultivar, se encuentra el inconveniente de no haber comodidad para extraerlos, a no ser con excedídl-simos costos de fletes de tierra, por cuyo medio quedan estancadas con perjuicio del cosechero" (204).

(204)   V. García Chuecos, Hktorl» Documental de Venerael», pígs. 206-9

Y como las actividades de Berástegui, además del tabaco, el salitre para pólvora, las plantaciones, etc., etc., miraban también al descubrimiento de minas y su explotación —bien acuciado, sin duda, en ésto por Abalos, siempre avizor a todas las posibles fuentes de aumento de los ingresos fiscales—, no falta en la misma carta una información sobre una de cobre de la que Abalos escribe al citado Berástegui: "Dicho don Pedro Berástegui me ha informado también que en las cercanías de esa ciudad se halla una mina de cobre abundante y de buena calidad cuyo beneficio acarrearía considerables ventajas a esa ciudad, singularmente, si lograse la navegación del Chama por la fácil extracción que tendrían los metales mediante lo cual convendría mucho que Vm. solicitara un minero inteligente en el beneficio del cobre en el Reino de Santa Fe y que diese principio a la labor de la referida mina, pues de cualquier modo sería ventajoso su beneficio por la escasez que hay en estos países del insinuado metal en cuyo asunto no dudo procederá Vm. con el celo y eficacia que le es natural y que me comunicará de lo que practicare para mi inteligencia y gobierno" (205).

No sabemos en qué quedó la explotación de esa mina. Ni si ella tiene alguna relación con la que, enclavada en términos de la ciudad de La Grita, fue denunciada a principios del siglo XVII por el tesorero de Real Hacienda Diego de Vi-llanueva. Los encarecimientos de éste sobre la riqueza del yacimiento se asemejan a los que Oviedo y Baños hace de la de Cocorote, cuyo rendimiento sabemos que, en realidad, fue escaso. Y nos recuerdan también las afirmaciones de don Pedro José de Olavarriaga (206) sobre la abundancia de este metal en Venezuela con referencia, tal vez, a los yacimientos de Aroa, de antiguo conocidos, por largo tiempo descuidados y puestos de nuevo en rendimiento por los años de la visita de Humboldt, quien nos habla de tres minas de las cuales la mayor, nombrada "La Vizcaína", "no tiene más que treinta

(205)    A. G. N. Intend. del Ejército y Real Hacienda. T. XIII, f.  171.

(206)   "Instrucción General y Particular..."

obreros, elevándose el número total de esclavos empleados en la extracción de mineral y en la fundición a no más de 60 o 70" (207).

ó.    Los Comuneros de Mérida.

Los trabajos de reconocimiento de la laguna de Mérida a que Berastegui se había entregado, por encargo del Intendente, disfrutaron por muy poco tiempo del beneficio de la paz. Llegado, como dijimos, a la citada ciudad el 16 de mayo, ya, para el 5 de junio siguiente, escribía a Abalos, acompañándole "varios papeles que habían amanecido en las puertas de las casas Reales provocando a la sedición, y amenazando a los ministros de Hacienda, si continuaban en la cobranza del donativo pedido por S.M. y demás derechos Reales para cuya empresa ofrecían su ayuda los sublevados del Reino" (Santa Fe) (208). Era el preludio de la sublevación de lo comuneros.

Sobre las causas de esta sublevación, que no es de nuestro empeño estudiar aquí, nos dirán bastante esos pasquines a que Berastegui —y Uzcátegui y Arteaga al mismo tiempo— hacen referencia en sus respectivas comunicaciones a Abalos y de los que a continuación damos copia;

"Papeleta que amaneció fijada en esta ciudad en el Oficio el día 4 del presente junio de 1781.

"M.I.C.J. y R. Los principales lugares de este Reino cansados de sufrir las continuas pensiones con que el mal gobierno de España nos oprime con la esperanza de ir a peor, según noticias, hemos resuelto sacudir tan pesado yugo y seguir otro partido para vivir con alivio. Sabemos que esa Provincia toda desea lo mismo y asi emprenden sus mejores

(207)   "Viaje a las reglones equinociales...", T. III, pág. 183 de la edición de la Biblioteca Venezolana de Cultura.

(208)    A. G. N. Intendencia. T. XTV, f.  195

resoluciones que las fuerzas unidas son invencibles. Del Perú tenemos ayuda y traza para todas las dificultades que nos objetan con poderosa ayuda para tomar los puertos. En todo Dios nos ayude. Mérida y junio 5 de 1781".

OTRA: "Papeleta que amaneció fijada en las puertas del Oficio de esta ciudad de Mérida el día 4 de junio.

M.I.C.J. y R. Hacemos saber a V.S. como los lugares principales de este Reino, cansados de sufrir el intolerable peso de alcabalas hasta de lo sagrado, rigorosos estancos aun de los frutos de la tierra, etc., con amenazas de peores si caben mayores: hemos resuelto todos a una voz, sacudir tan pesado yugo y tomar otros temperamentos, conservación de nuestras vidas y haciendas que no son muy ventajosas y así el tiempo lo comenzaremos para que, con un acuerdo general, se trate lo mejor pidiendo por ahora a V.S. siga a nuestro Partido y comunique sus progresos. Comenzando por los estancos, donativos, etc., bien sabemos que todas estas Provincias hasta Caracas, anhelan esto mismo, como sabrá V.S. el buen éxito del Inca del Perú de donde tendremos particular razón. El portador espera la respuesta dentro del tercer día y hará ver que Pamplona, Villa, Cúcuta y La Grita están acordes. Mérida y junio 5 de 1781".

Claro está que Abales no toma para nada en cuenta las razones que los sublevados esgrimen, ni aún aquellas que tan de cerca le atañían al referirse a los "rigorosos estancos, aun de los frutos de la tierra" en la carta que dirige a Gálvez, en 26 de septiembre, en la que, después de hacer una breve historia del movimiento, diciendo que muchos de los comuneros que habían capitulado en el Reino de Santa Fe se habían llegado hasta "la Provincia.de Maracaibo donde fueron admitidos por los vecinos de La Grita, San Cristóbal y Mérida, en cuyos pueblos se sublevaron deponiendo a las Justicias, nombrando Capitanes Generales y particulares de ellos y apoderándose de los caudales y papeles pertenecientes a S.M.", ataca muy duramente ai Gobernador y Capitán General Unzaga y Amézaga, como también al de Maracaibo, acusándoles de descuido en los comienzos del asunto y morosidad y tibieza en la posterior acción de contener a los sublevados, y no duda en entrar de lleno en el auto-panegírico, diciendo que: "...a no haber sido por la actividad y eficacia con que, a impulsos de mí celo por el mejor servicio del Rey ha promovido este importante negocio y lo mismo mis subalternos, estaría ya encendido el fuego de la sedición en toda esta Provincia, sin excepción de la Capital" Í209). Y con este espíritu, lo vemos intervenir de lleno en el negocio en el que queda envuelto también, por orden suya, Berastegui, de quien nos da noticia en el extenso extracto de los sucesos que envía a Calvez en fecha 22 de septiembre, donde se detalla cómo el 7 de agosto recibió "carta de don Pedro de Berastegui escrita en Trujülo (a donde se habla retirado evacuada su comisión) en 26 del propio julio, en la cual, entre otras cosas, me avisaba el mal estado en que quedaba la ciudad de Mé-rída, a quien ya creía sublevada, y que la de Trujülo se hallaba dispuesta a seguir su ejemplo, por lo que era necesario enviar tropa para contenerla, y tomar otras serias providencias contra los amotinados y los que los seguían" (210).

Efectivamente, en esa extensa carta, cuya copia, afortunadamente, podemos consultar en la obra que venimos citando (págs. 206-9), vemos que Berastegui expone al Intendente el estado de la ciudad de Mérida diciendo que: ".. .ya en el día contemplo todo aquello turbado pues los que directamente no se atreven a declarar por el lado de los leventes, lo demuestran en su ánimo y algunas palabras que Inadvertidamente producen". Habla de un pedimento que el Procurador General de Mérida presentó al Cabildo, expresando que: ".. .respecto de hallarse la plebe inquieta por las muchas contribuciones presentes debía, desde luego, el Cabildo suspender los estancos y donativos con el fin de aquietarlo". Dice luego cómo, en 30 de junio, llegó al pueblo de Las Lagunillas —donde a la sazón paraba—, el Dr. don Bruno de Castilla, Administrador de Real Hacienda de la ciudad de Pamplona, quien le habló de los alborotos de esa ciudad en que estuvo presente y de su conducta con el Oidor de la Au-'diencia de San Fe, Dr. Osorio, de quien habiéndose apoderado, "...lo trataron con el mayor respeto y veneración". Sigue hablando de este Dr. Castilla en diversos términos, para concluir acostándose del parecer de los que sospechan de él como de "...uno de los confidentes de los sublevados y que anda delante de ellos disponiendo los ánimos", lo mismo que otro "reinoso", don Fulano de Cuéllar, que venía en su compañía y por quien "...hablan todas las gentes de que anda disponiendo los ánimos de los de esta Provincia y es cierto que de anterior la tiene bien conocida". Refiriéndose al ambiente de Mérida, escribe que: ".. .se puede inferir también con bastante fundamento que los de Mérida han tenido y tienen comunicación oculta con los sublevados de arriba, respecto de que: " . .aunque no transita el correo, tienen cartas de la ciudad de Pamplona, Villa del Socorro y otros pueblos". Lo mismo se infiere de los de Trujillo, donde también están dispuestos: "...a seguir el partido de los de arriba", y, en resumen, "sé que todo está ocultamente sublevado". Termina dando su parecer de que "...antes de que prenda aquí este contagio se puede remediar con solo cincuenta hombres mandados por un buen Capitán", y aconsejando ".. .se debe empezar con el mayor rigor a fin de contenerlos y sujetarlos a las órdenes del Rey y sus ministros, y aunque considero hay tiempo para tomar las correspondientes providencias, contemplo no se debe dilatar éste, a cuyo fin y a toda diligencia dirijo este propio".

£209)    A  G. N.  Intendencia.  T.  XIV, í.  149. (210)    A.  G. N.  Intendencia. T. XTV, f. 217.

No cayeron en saco roto las advertencias de Berastegui —a quien, ciertamente, nos agradaría mucho más verlo del lado de la justiciera comprensión que del rigor—, como puede verse por la carta que, en 7 de agosto, escribe Abalos al Vicario Uzcátegui, en la que se lee: "A consecuencia de las instancias de Vm. y de lo que desde Trujillo escribe don Pedro de Berastegui, ha dispuesto el Capitán General que pasen a esa ciudad (Herida) cien hombres" (211). Y Abalos, consciente de la capacidad de Berastegui, no sólo para los asuntos de su especialidad técnica, sino para afrontar con medidas de carácter práctico las amenazadoras circunstancias del momento, hubo de resolver el ponerlo al frente de un cargo de responsabilidad, según se puede ver por la carta que dirigió a Uriz, administrador del Tocuyo, en fecha 14 de agosto, de la que son los siguientes párrafos: "Remito a Vm. la adjunta carta para Dn. Pedro de Berastegui encargándole se la entregue en mano propia si estuviere en esa ciudad, y sino que se la remita a donde se hallare con persona de seguridad y confianza. En ella le participo las medidas acordadas para la seguridad y defensa de esos vecinos con motivo de las turbulencias ocurridas en el Reino de Santa Pe, cuyas resultas como también las novedades que Vm. adquiriere relativas al mismo asunto me comunicará con prontitud y seguridad, etc., etc.".

Esto lo vemos confirmado en la carta que el mismo Intendente Abalos envió con fecha 18 de septiembre al Ministro Calvez, en la cual, después de referirse a las actividades profesionales desarrolladas por Berastegui en Mérida, continúa escribiendo, en relación al mismo, lo que sigue, en que se ve no escasea los elogios para el guipuzcoano; "Posteriormente, con motivo de las revoluciones ocurridas en la misma Provincia, se retiró a la ciudad del Tocuyo donde permanece por mi orden, promoviendo la defensa de esta Provincia, y contención de los sublevados, con cuyo motivo y el de ser aquella jurisdicción el paraje donde se han de acopiar los víveres que necesiten para la manutención y subsistencias de la tropa y milicias que se destinan contra ellos, ha hecho y está haciendo importantísimos servicios a! Rey y al Estado. Por esta causa, no se ha podido dar cumplimiento a lo que V.S. se sirve prevenirme en dha. Real Orden, pero luego que se sosieguen estas alteraciones, llamaré a esta ciudad al referido Berastegui, y se dispondrá la ejecución y envío de cuanto V.S. se ha dignado preceptuarme".

(211)    A. G. N. Intendencia. T. XIV, f. 276.

Ya en el ejercicio de su nuevo puesto de responsabilidad, Berastegui, desde El Tocuyo, informa a Abalos sobre los sucesos (carta de Abalos & Oálvez de 22 de septiembre de 1781), dándole cuenta también de diversas medidas tomadas y de la efectividad de las mismas, etc., según puede verse en su carta del 26 de septiembre que reza como sigue:

"Mi más venerado Señor: Por la adjunta que he recibido de Dn. Francisco Alburquerque la que original incluyo a V.S. se enterará del estado y designios de los levantados que hasta ahora se hallan quietos en Mérida de donde, según yo entiendo, no pueden reforzarse mucho y tirarán a conservar el puesto por lo ventajoso que les es, según naturaleza lo ha dispuesto".

"Dn. Miguel Martínez, después de haber remitido a Tru-jillo cien hombres de las milicias de aquí con otros ciento de las mismas y de las de Barquisimeto que agregó a su destacamento, salió para Guanare el 21 del presente mes; a ambos destacamentos se les dio los víveres correspondientes y demás que pidieron y se continuarán las providencias de aquellos para lo sucesivo de lo aue espero se hallará bien servida la tropa".

"Por disposición del citado don Miguel Martínez y de este Teniente, se ha mandado pedir a Eyaralar trescientos o cuatrocientos fusiles, cuatro quintales de pólvora, las balas correspondientes y las piedras de chispa que se puedan cuyos pertrechos deberán estar aquí para las ocurrencias de esta expedición, por considerarse esta ciudad la más inmediata leal a la Provincia de Maracaibo y con atención a que este vecindario ha contribuido en cuanto ha ocurrido en este asunto y que para la tropa y expedición de víveres ha dado cerca de doscientas muías. Se le ha escrito a Larragoiti para que así que lleguen a la aduana de su jurisdicción otras armas y demás, las remita aquí con bestias de aquella jurisdicción con la custodia y guardia correspondiente, en cuya conformidad se procurará tenerlas en esta administración".

"Llegaron ya de Puerto Cabello 6.000 pesos y mañana salen para Trujillo y con el resguardo competente 2.000, a fin de que Goicoechea provea con oportunidad, si algo le pidieren ; parece se halla ya más sosegado, no obstante de que en la actualidad continuamente debe vivir con el mayor cuidado".

"En esta ocasión remito copia de la de Alburquerque al señor Gobernador, quien me escribió a Mérida previniéndome le diese cuenta individual de estos alborotos. Recibí la carta en esta ciudad, le contesté con agradecimiento y que cumpliría sus órdenes; también le digo a dho. señor lo poco que contemplo puedan reforzarse los levantados en Mérida por las pocas armas y alimentos que allí hay",

"Al presente no hay novedad particular, por acá prosigue este vecindario bien en mi inteligencia, y así que me halle enteramente informado de todas las demás prevenciones que V.S. me hace en las suyas para que le suministre las noticias de lo ocurrido aquí, escribiré de ello a V.S."(212).

La anterior carta nos da bastante noticia de las importantes actividades militares y políticas que estaba desarrollando Beastegui, en contacto directo y con la confianza plena de Intendente y Gobernador. De esas actividades, tenemos también noticia por la carta que, con fecha 1° de octubre, le envía desde Trujillo el Administrador de dicha población Francisco Miguel de Goicoechea, de la que copiamos: "Paisano y muy estimado amigo: "El adjunto oficio es competente recibo de dos mil pesos que me ha remitido Vm. para las ocurrencias presentes. La que me incluye Vm. para Alburquerque la dirigiré con la mayor brevedad y el mismo cuidado tendré con sus consejos siempre que me los remita. Acabo de recibir carta de este jefe, su fecha 30 del que ha expirado, en que me dice que en Mérida continúan sin la menor novedad, y que García volvió a La Grita con sus tropas; esto no obstante, aquí se han hecho preparativos y proyectan partir para e1 campo pasado mañana, sin haber la menor necesidad; yo he puesto mis disimulados reparos, pero no me han valido; ¿odo es dirigido a desollar el Erario, cuya máxima no dudo hubiese Vm. conocido a su partida de aquí, y hoy la siguen con tesón. Cardona no se ha contentado con lo hecho, pues aún me promete grillos: sumamente sofocado me veo, pero no dude Vm. de mi constancia, aunque con el justo dolor de no poder manejar nada con acuerdo. Conviene noticie Vm. fil Sr. Intendente, pues yo no lo puedo ejecutar a causa de que mi achaque totalmente me priva de la tarea de la pluma..."(213).

(212)    A. G. N. Intendencia. T. XV, 1.  20

A ésta de Goicoechea hace alusión Berastegui en la siguiente que, con fecha de 3 de octubre, dirige a Abalos: "Mi mas venerado señor: La premura con que sale este propio con bestias para la exportación del equipaje de S.S. Iltma. y el no haberlo sabido mas antes sólo me permite dirigir la adjunta que hoy mismo he recibido de Goicoechea, por la que verá V.S. la buena disposición que van tomando las cosas: yo creo que, conforme se vayan arrimando las tropas, marchará cada pobre a su casa; estas noticias no obstante, hoy ha salido de aquí para Trujillo Dn. Juan de Salas con sus tropas; le he informado de los caminos y lo demás que me ha parecido y he quedado en remitirle una instrucción circunstanciada de los tránsitos, terrenos y pueblos de aquellos parajes, pues, según me ha dicho, va a ciegas, lo que me ha suplicado en vista de lo que le referido; ha salido muy gustoso de esta ciudad tanto de la buena disposición en que la ha hallado, como de los buenos víveres que se le han dado, habiendo prevenido se acopie para un mes con atención a 800 hombres sobre lo que espero darle exacto cumplimiento".

"Esto no obstante, con atención a la buena disposición en que se consideran las cosas y que lo que nuevamente ocurra, podrá muy bien dar evasión Uriz si le parece a V.S. me retiraré a esa capital o donde V.S. lo dispusiese" (214).

(213)   A. G. N. Intendencia. T. XIV, f. 281

(214)    Intendencia.   T.  XVII,  f.  287.

Abalos, por su parte, da satisfacción a las anteriores de Berastegui con la que le dirige en 17 de octubre, en cuyas líneas finales concede al guipuzcoano el permiso, por 'éste solicitado, para retirarse a Caracas o "a donde V.S. lo dispusiese", para "entender en otros asuntos que se hallan pendientes por su falta", pero no sin que "antes de ejecutarlo pase al reconocimiento de las minas de Aroa y a inspeccionar los trabajos ejecutados por dirección de don Manuel de Lasarte...". Es decir, que apenas concluido su período de actividades políticas y de Intendencia militar, ya se pensaba en utilizarlo de nuevo en aquellas de su especialidad. Dice así la carta de Abalos:

"He recibido tres cartas de Vm. de 19 y 26 de septiembre y 5 del corriente en que me comunica las novedades adquiridas de los sublevados de Mérida con remisión de una que le escribió don Francisco de Alburquerque y otra de don Francisco Miguel de Goicoechea, llegada de los destacamentos del mando del Teniente Coronel Dn. Juan de Salas, suministración de los víveres necesarios así a este como a los que anteriormente habían salido para Barinas y Trujillo y demás puntos que comprenden de todo lo cual quedo enterado para los fines conducentes: pero respecto de que en vista de posteriores noticias recibidas se han acordado las providencias convenientes y en consecuencia hecho a Vm. los encargos que he considerado oportunos, no tengo nada que ordenar a Vm. en cuanto a ésto sino repetirle el cumplimiento de todos ellos y que me comunique aviso de lo demás que haya ocurrido.

"En cuanto a los fusiles, pólvora y demás pertrechos pedidos a Puerto Cabello, ya dije a Vm. que se había mandado suspender el envío de acuerdo con el Capitán General, y si hubiera alguna otra novedad que exija este socorro, se enviarán al primer aviso.

"Quedo inteligenciado de la llegada de los seis mil pesos remitidos a Puerto Cabello, cuyo recibo como también de los tres que fueron de Coro me avisa Dn. Francisco Xavier de üriz y está bien que de éstos caudales se enviasen dos mil pesos al Administrador de Trujillo para subvenir a los gastos que allí ocurrieron. Lo que con motivo de la orden comunicada por el Capitán General para que se despache la gente de los pueblos que estaba sobre las armas, según tengo avisado a Vm., no serán de mucha consideración.

"Respecto de que con la llegada de Don Juan de Salas se irán pacificando los sublevados y que, por lo tanto, cesarán en alguna parte las ocurrencias de esa ciudad para el acopio y suministración de víveres y demás puntos relativos, y que, a lo que se ofrezca podrá dar cómoda salida el Administrador de Real Hacienda, puede Vm. a no haber motivo que lo impida, trasladarse a esta capital para entender en otros asuntos que se hallan pendientes por su falta; pero es necesario que, antes de ejecutarlo, pase al reconocimiento de las minas de Aroa y a inspeccionar los trabajos ejecutados por dirección de Dn. Manuel de Lasarte; y que a presencia del estado en que se hallen, disponga lo conveniente para que continúen las labores con utilidad y aprovechamiento, tomando las demás noticias que considere conducentes para informarme de todo a su llegada" (215).

Era, como se ve, plena la confianza en las capacidades y conducta de Berastegui, quien, ya con el pie en el estribo, en carta fechada en El Tocuyo, en 19 de octubre, da cuenta a Abalos de las últimas novedades y disposiciones y de su impresión de que los días de la sublevación están contados y se acerca la pacificación general: "Mi más venerado Señor: Con este mismo conductor y por Puerto Cabello, remito a V.S. por mano de don Juan Bautista Zarandia, un plan de los frutos que se cosechan en las jurisdicciones de Mérida, La Grita y San Cristóbal: como se podrá allí fomentar el comercio, y lo demás que he comprendido en atención a la facultad de siembra de tabaco, de donde se puede surtir aquella Provincia y el modo fácil de guardarla, como también algunos depar-

(215)    ídem. idem.

Uriz y está bien que de éstos caudales se enviasen dos mil pesos al Administrador de Trujillo para subvenir a los gastos que allí ocurrieron. Lo que con motivo de la orden comunicada por el Capitán General para que se despache la gente de los pueblos que estaba sobre las armas, según tengo avisado a Vm., no serán de mucha consideración.

"Respecto de que con la llegada de Don Juan de Salas se irán pacificando los sublevados y que, por lo tanto, cesarán en alguna parte las ocurrencias de esa ciudad para el acopio y suministración de víveres y demás puntos relativos, y que, a lo que se ofrezca podrá dar cómoda salida el Administrador de Real Hacienda, puede Vm. a no haber motivo que lo impida, trasladarse a esta capital para entender en otros asuntos que se hallan pendientes por su falta; pero es necesario que, antes de ejecutarlo, pase al reconocimiento de las minas de Aroa y a inspeccionar los trabajos ejecutados por dirección de Dn. Manuel de Lasarte; y que a presencia del estado en que se hallen, disponga lo conveniente para que continúen las labores con utilidad y aprovechamiento, tomando las demás noticias que considere conducentes para informarme de todo a su llegada" (215).

Era, como se ve, plena la confianza en las capacidades y conducta de Berastegui, quien, ya con el píe en el estribo, en carta fechada en El Tocuyo, en 19 de octubre, da cuenta a Abalos de las últimas novedades y disposiciones y de su impresión de que los días de la sublevación están contados y se acerca la pacificación general: "Mi más venerado Señor: Con este mismo conductor y por Puerto Cabello, remito a V.S. por mano de don Juan Bautista Zarandia, un plan de los frutos que se cosechan en las jurisdicciones de Mérida, La Grita y San Cristóbal: como se podrá allí fomentar el comercio, y lo demás que he comprendido en atención a la facultad de siembra de tabaco, de donde se puede surtir aquella Provincia y el modo fácil de guardarla, como también algunos depar-

(215)    ídem. idem.

tamentos de ésta: en la misma fecha prevengo a dicho señor Juan Bautista no escribía a V.S. porque no ocurría novedad particular y para hacerlo después que lleguen dos chasques que tenemos uno en Trujillo y otro en la raya de Mérida, los que esperamos por horas. Después de haber cerrado aquella carta, he sabido que el Dr. Gil tiene otro socorro de gente, lo que me ha movido a prevenir a V.S. que, según las últimas noticias de Mérida y Trujillo, los rebeldes se hallan allí un poco dispersos y faltos de un todo, por lo que no dispondrán de un nuevo ataque para Trujillo, como se decía.

"No obstante de que siempre he dicho a V.S. la fidelidad de este vecindario, la que al presente entiendo es la misma, la llegada de las tropas a esta ciudad y a la de Barinas infiero será bastante para que no se haga el más mínimo movimiento de infidelidad, y ya de arriba, no pasan tantas noticias y cartas como las que inficionaban a estas gentes.

"En Barquisimeto y aquí se ha reforzado el destacamento con doscientos hombres y ya en el día los más de ellos van voluntarios: el buen modo y persuasiones de don Miguel Martínez entiendo llevará tras si toda la tropa.

"Con reflexión a que en Trujillo y en lo demás del tránsito no hallará la tropa los comestibles necesarios, se ha dispuesto aquí el almacén de víveres y los renglones que pide el comandante son biscocho, legumbres y carne de todo lo que hay un razonable acopio y disposiciones para reparar los que se vayan consumiendo, por lo que no dudo estará bien asistida la tropa.

"Yo espero que, en breve, se ha de tranquilizar todo esto, según el semblante actual de las cosas, pues ya aquí todos entienden que los rebeldes se deben tratar como facinerosos" (216).

(216)    Intendencia...   T. XVI, í. 214

tamentos de ésta: en la misma fecha prevengo a dicho señor Juan Bautista no escribía a V.S. porque no ocurría novedad particular y para hacerlo después que lleguen dos chasques que tenemos uno en Trujillo y otro en la raya de Mérida, los que esperamos por horas. Después de haber cerrado aquella carta, he sabido que el Dr. Gil tiene otro socorro de gente, lo que me ha movido a prevenir a V.S. que, según las últimas noticias de Mérida y Trujillo, los rebeldes se hallan allí un poco dispersos y faltos de un todo, por lo que no dispondrán de un nuevo ataque para Trujillo, como se decía.

"No obstante de que siempre he dicho a V.S. la fidelidad de este vecindario, la que al presente entiendo es la misma, la llegada de las tropas a esta ciudad y a la de Barinas infiero será bastante para que no se haga el más mínimo movimiento de infidelidad, y ya de arriba, no pasan tantas noticias y cartas como las que inficionaban a estas gentes.

"En Barquisimeto y aquí se ha reforzado el destacamento con doscientos hombres y ya en el día los más de ellos van voluntarios: el buen modo y persuasiones de don Miguel Martínez entiendo llevará tras si toda la tropa.

"Con reflexión a que en Trujillo y en lo demás del tránsito no hallará la tropa los comestibles necesarios, se ha dispuesto aquí el almacén de víveres y los renglones que pide el comandante son biscocho, legumbres y carne de todo lo que hay un razonable acopio y disposiciones para reparar los que se vayan consumiendo, por lo que no dudo estará bien asistida la tropa.

"Yo espero que, en breve, se ha de tranquilizar todo esto, según el semblante actual de las cosas, pues ya aquí todos entienden que los rebeldes se deben tratar como facinerosos" (216).

(216)    Intendencia...   T. XVI, í. 214

Y con esto, don Pedro de Berastegui, terminada su mi-sin político-militar, vuelve a reintegrarse a sus trabajos técnicos emprendiendo, por lo pronto, viaje a Caracas.

Apéndice CARTA DE DON PEDRO DE BERASTEGUI (217)

"Mi más venerado señor. Con fecha de 5 de junio participé lo que concebía y practicaba en la ciudad de Mérida a cerca de las turbaciones o movimientos que se intentaban en aquel vecindario y no obstante estas diligencias por las que se aseguraban los amotinados la mayor fidelidad, ya en el día contemplo todo aquello turbado, pues los que abiertamente no se atreven a declarar por el lado de los leventes lo demuestran en su ánimo y algunas palabras que inadvertidamente producen y los otros o gentes plebeyas que la considero más leal sin duda por hallarse requeridos de éstos con amenazas están dispuestos a seguir el mismo partido, prueba de esto un pedimento que el Procurador General de la referida ciudad de Mérida presentó a aquel Cabildo dispuesto según estoy informado, entre seis o siete de los que aparentan más fidelidad y ocultamente atizan el fuego de la sublevación. Dicho pedimento del citado Procurador se reducía a que respecto de hallarse la plebe inquieta por las muchas contribuciones presentes, debía desde luego el Cabildo suspender los estancos y donativos, con el fin de aquietarlo, pero luego que esta gente tuvo noticias del citado pedimento, su modo y fines alborotaron queriendo presentarse ante el Cabildo contra el dicho Procurador, pero la industria y maña del Congreso que dispuso dicho pedimento los apaciguó haciendo huir al referido Procurador, como es cierto no sabe de su paradero. En este estado y deseosa de que llegasen los reinosos y sin quien administre justicia, ha quedado la citada ciudad de Mérida. En 30 de junio llegó al pueblo de Las Lagunillas el

(217)   García  Chuecos;   "Historia  Documental  de  Venezuela",  paga. 206-B.

Dr. don Bruno Castilla natural de Ocaña y Administrador de Real Hacienda de la ciudad de Pamplona, quien se halló según me dijo en los alborotos de aquella ciudad y por ello me refirió que noticiosa la Audiencia de Santa Pe de aquellos alborotos, despachó al Señor Osorio uno de los Oidores con algunos otros sujetos de recomendación y mérito y cincuenta hombres de armas con el fin de aquietar aquellas cosas y habiendo tenido noticias de este movimiento los sublevados salieron al camino a impedir el tránsito a esta comitiva, en efecto la hallaron en el Fuerte de la ciudad de Vélez y la acometieron con gran vigor, obligando a dicho Oidor y todos sus acompañantes a refugiarse en la casa cercana de dicho Fuerte para ponerse en defensa pero observado esto por los leyentes, dieron fuego a dicha casa por diferentes partes y obligaron a rendirse toda esta comitiva, se apoderaron del señor Osorio y lo trataron con el mayor respeto y veneración, y a los dos días de esto fue dicho señor Osorio con toda esta gente tumultuante a oir una misa delante de Nuestra Señora de la Chiquinquirá que se venera en aquellas cercanías y así a la ida, a la vuelta, como en todo tiempo le tratan con igual respeto los sublevados a dicho Oidor y sin embargo de la vigilancia de aquellos para impedir la comunicación a este señor parece tiene modos y arbitrios para tenerla con la Audiencia y que el haber salido de Santa Pe, el referido Oidor mal escoltado por la poca gente, y la poca o ninguna resistencia que hizo en el citado Fuerte de Vélaz fue idea suya con acuerdo de la Audiencia con el fin de poner entre aquellos ánimos inquietos un sujeto que en algún modo los contenga y que según el parecer de dicho Ocaña estaría ya compuesto todo aquello y que no se pensase podían entrar en la Provincia de Maracaibo, reinosos a inquietarla o turbarla no obstante de que le parecía que los papeles insolentes procuraban distribuirlos no solamente por los pueblos crecidos de la Provincia de Maracaibo si no también por los de esta de Caracas, a fin de que siendo más el número de los culpados sea menor el castigo. Dicho Castilla me comunicó también pasaba sin detención a la ciudad de Maracaibo a informar a aquel Gobernador estas cosas y pareciéndome sujeto adecuado y sagaz para ello lo persuadí cuanto me fue posible pasase a esa de Caracas e informase a V.S. y a ese Gobernador con individualidad de todas ellas, para que cerciorados de lo que pasa tomasen las providencias más bien dirigidas a fin de mantener con la quietud que se debe estas provincias y atendiendo a que dicho Castilla pudo salir de su casa según el estado de las cosas presentes sin aquellas disposiciones precisas para transitar no tan solamente le ofrecí le facilitaría la comodidad que permiten los caminos sino también algunos reales de mi cuenta luego que llegase a esa ciudad.

Nada aceptó, ni menos prosiguió al destino que me significo, se quedó en Mérida y ahora se ha retirado a un pueblo inmediato a dicha ciudad que llaman la Mesa cercano al camino real, aparentando grande miedo a la gente que dice vienen del Reino. Ha corrido con bastante descaro y en público se ha dicho como también en el pedimento que presentó el Procurador general de Mérida a aquel Cabildo que dicho Castilla es uno de los confidentes de los sublevados y que anda delante de ellos disponiendo los ánimos: la presura con que me insinuó iba apartándose de estos alborotos, el no haber aceptado los partidos que le hice y el haberse quedado en Mérida y el esperar ahora a los sublevados como también en no haberse dado por entendido de los que contra él produjo el referido procurador de Mérida, en mi entender son motivos de alguna sospecha, más que a mí me consta ha sido bien cortejado de los autores del citado pedimento del Procurador de Mérida. Dicho Castilla venia en compañía de otro reinoso don Fulano Cuéllar quien aseguraba se aparta de su patria Pamplona huyendo de estos alborotos y por no ser Capitán de los sublevados que lo querían nombrar que pasaba a Barinas hasta que lo de arriba se sosegase, pero el dicho tomó el rumbo de Trujülo como es cierto ha pasado por dicha jurisdicción en unas partes sembrando su fidelidad y en otras introduciendo la peste que en el Reino se experimenta, por este igualmente que por Castilla hablan todas las gentes de que anda disponiendo los ánimos de los de esta Provincia y es cierto que de anterior la tiene bien corrida y por ello bastantes conocidos. 

Si con cuidado se atiende a las conversaciones de las mujeres de mayor calidad producen reflexión, lo que sin duda han oído hablar con gusto a sus maridos de las sublevaciones que esperan igualmente los hijos de familia y niños de ambos sexos. Se puede inferir también con bastante fundamento que los de Mérida han tenido y tienen comunicación oculta con los sublevados de arriba respecto de que aunque no transita el correo tienen cartas de la ciudad de Pamplona, Villa del Socorro y otros pueblos lo mismo se Infiere de los de esta ciudad con los de Mérida pues ciertas cartas que de esta manera se han escrito a V.S. en atención a los precios de los estancos y para mudar la vara de Teniente Justicia Mayor de Mérida corren aquí sus contenidos publicamente y esto puede que los haya hecho mover aquí a pedir al Administrador del Tabaco las órdenes de V.S. respecto a los estancos es así-también desean enterarse si el señor Gobernador podrá en la actualidad mandar aquí tropas con atención a la guerra actual. En la misma fecha que a V.S. y al Señor Gobernador dio cuenta la ciudad de Mérida de los Pasquines que se hallaron en las casas reales, hizo igual diligencia al gobierno de Maracaibo quien respondió se debían hacer las mas vivas diligencias a fin de indagar los autores de tal atrevimiento y que se debían castigar con el mayor rigor y que si proseguían en adelante dichos disturbios que avisasen con puntualidad al insinuado gobierno. Mas esto último unos dicen la ha practicado dicho Cabildo y otros aseguran no la ha ejecutado y yo puedo decir lo cierto. En esta ciudad se hallaron dispuestos a ejecutar y seguir el partido de los de arriba y con deseos de que lleguen cuanto antes como entes de actuar en ella inadvertidamente y por no conocerme se han explicado algunos que por disimular ni inquirir quienes son pero por los criados y peones que me acompañan con quienes se explican con más satisfacción se que todo esto está ocultamente sublevado: asi mismo me lo ha conferido el abogado don Antonio Nicolás Briceño y el Cura del pueblo de Mendoza. Según me parece antes que prenda aquí este contagio se puede remediar con solo cincuenta hombres gobernados por un buen Capitán, con estos se atemorizarán los nobles u ocultos sediciosos y no pudiendo conspirar a los plebeyos a dichos fines, sin duda se harán todos del partido de la tropa y habrá suficiente número de gente para disputar por esta parte la entrada, los de Marida en esta Provincia con otras providencias que según los casos que se presenten se podrán tomar. Los sublevados cuando entran en un pueblo quieto dicen que para quitar los estancos, donativos y otras contribuciones tienen órdenes reservadas de nuestro Príncipe de Asturias y que no atrepellando la Ley de Dios (según los han impuesto) no cometen delito, estas y otras persuasiones al intento adelantan a los pueblos que pueden. Por todo lo cual y con la reflexión a los exhortes que en Me-rida se practicado y el poco fruto que se sacó de ellos, me parece que aquí se debe empezar con el mayor rigor a fin de contenerlos y sujetarlos a las órdenes del Rey y sus Ministros y aunque considero hay tiempo para tomar las correspondientes providencias contemplo no se debe dilatar este, a cuyo fin y a toda diligencia dirijo este propio. Este es señor el informe que según mi alcance y con toda sinceridad puedo y me ha parecido debo hacer a V.S. sobre estos asuntos, sea del agrado de V.S. u otro superior para tomar las providencias más bien acertadas en estos asuntos. Después de tres o cuatro días de la fecha de ésta partiré a la ciudad del Tocuyo donde espero con el mismo propio las órdenes de V.S. pues me es imposible pasar a esa ciudad, tanto porque tengo las bestias cansadísimas cómo por hallarme con una llaga bastante enconada en el pié izquierdo que hace imposible poner el botín. Nuestro señor guarde la vida de V.S. muchos años. Trujillo 26 de julio de 1781. B. las M. a V.S., su más atento seguro servidor, Pedro Berástegui. Señor Intendente General de Ejército y Real Hacienda.

Es copia de su original. Caracas 20 de setiembre de 1781.

Abalos".

7.   Últimos años y muerte.

Vimos que Berastegui regresó a Caracas en noviembre de 1781, no sabemos si cumplida o no la inspección de las minas de Aroa y los trabajos hechos bajo la dirección de don Manuel de Lasarte, en que Abalos tenia tanto interés.

El hecho es que, desde esa fecha, su nombre desaparece de los documentos del Archivo por un tiempo y el primer indicio que, a través de ellos, volvemos a tener de nuestro personaje lo hallamos en una Real Orden, firmada en San Lorenzo el 10 de noviembre de 1783 (218), por la que podemos saber dos cosas: la primera que, en 12 de agosto de 1782, el Intendente Abalos lo nombró Visitador General de la Renta del Tabaco y Juez de Comisión de la Provincia de Venezuela, es decir, que seguía siendo hombre de la plena confianza del Intendente; la segunda, que para esa fecha de noviembre de 1783 ". - -había ocurrido presentando testimonio de dicho nombramiento... solicitando su aprobación".

Si tenemos en cuenta que la transmisión de poderes de Abalos al nuevo Intendente Saavedra tuvo lugar—en Mai-quetla— el 22 de agosto de 1783, parece muy probable que esa solicitud que hacia Berástegui para la aprobación del referido nombramiento hecho, precisamente, cuando ya Abalos se hallaba en sus últimos días de gobierno y, prácticamente, al margen de él, estaría motivada en sus fundadas dudas de que con el nuevo Intendente podría seguir disfrutando de la posición de hombre de confianza de que con el que cesaba había mantenido.

Probablemente no lo consiguió. Y este cambio de intendentes originó una decadencia en las actividades de Berástegui, de quien no volvemos a hallar rastro hasta un año después, exactamente en noviembre de mil setecientos ochenta y cuatro en que hallamos su nombre figurando en el "testamento a usanza militar ante tres testigos que fueron don Juan Agustín de Zuaznabar, Dn. Pedro Ibarrarte y Don Pedro Berástegui", otorgado por don Francisco de Muxica "Contador del Ejército de esta Provincia de Caracas, natural de la villa

(218)   Reales Ordenes. T. VIII, f. 203. (Archivo General de la Nación.)

de Segura de Guipúzcoa, casado con doña María del Carmen Aranguren" y a cuyo Contador Muxica "se le dio sepultura eclesiástica en la Iglesia del Convento de San Francisco, a los pies del altar de Nuestra Señora de la Soledad" (219).

La siguiente noticia que referente a él hallamos, es ya la de su fallecimiento, ocurrido en Madrid poco antes de agosto de 1785, según puede deducirse del oficio que el Intendente Saavedra dirige al Ministro Gálvez '220), en cuyo primer párrafo leemos: "Muy Sr. mío: En Real Orden fecha en San Ildefonso a 5 de agosto de este año, me dice V.E. que en atención a los méritos y servicios del Visitador Dn. Pedro de Berástegui que acabara de fallecer en esa corte, coloque sin dilación a un sobrino suyo que dejó en esta Provincia

Como ahí se le llama "visitador", es claro que, por lo menos uno de los empleos que Abalos le había conferido en los últimos días de su mando, había obtenido la aprobación que vimos que Berástegui solicitó. El que se omita el otro, la falta da noticias sobre él en esos dos últimos años y el que falleciera en la Corte, natural refugio de solicitantes, nos hace pensar en que los últimos días de nuestro guipuzcoano no giraron bajo el signo de la prosperidad que, ciertamente, por sus talentos y actividades merecía.

Cuando, a través de los viejos papeles, se ha seguido afanosamente el rastro de un hombre de otras edades que se convierte, por un tiempo, en el centro de nuestro interés y cuya figura, ya se nos acerca a la luz de algunos reveladores documentos, ya se difumina en la sombra de la repentina falta de ellos, sentimos al abandonarle algo de ese indefinible sentimiento que nos envuelve en las despedidas de las perso-'nas que amamos. Y, como el último rayo del sol que se pone,

Intendencia... Intendencia..

T. XXXIII, fí. 49 vto. y 50. T.   XXXII,   ff.  214   y  223 (219) (220)

su presencia nos visita súbitamente para fijar por vez postrera en nuestro espíritu los contornos de una figura que creímos conocer.

Asi nos sucede hoy con don Pedro de Berástegui, de quien tan poco sabemos, pero que, sin embargo, nos sugiere tanto. Porque este guipuzcoano es para nosotros un tipo en que la estirpe y el momento histórico coinciden en feliz unión. Traía de su estirpe el sentido práctico en el hacer, la tenacidad en las empresas, que no otra cosa es sino la conciencia de deberse a ellas por entero hasta verlas rematadas, y las demás comunes cualidades y correspondientes defectos por los que los de nuestra sangre se han hecho conocidos en América, como en otras partes de la tierra; pero unía a esas características las que el momento estaba haciendo florecer en el País Vasco a través de los nobilísimos afanes de los Amigos del País: el gusto por las ciencias naturales y la experimentación, por el saber puesto al servicio del adelanto y mejora de los hombres y los pueblos mediante la explotación de las fuerzas y riquezas naturales, por el bienestar material que trae el disfrute de las cosas que han sido creadas para la comodidad y gloria del hombre y que éste, sin incurrir en imperdonable desidia, no puede desdeñar.

La recia figura de Berástegui que en Mérida, Trujillo o El Tocuyo toma militares disposiciones para afrontar a los sublevados contra el Rey, a cuyo servicio él trabaja, se confunde con la del químico que analiza, a la altura de los conocimientos de su época, las aguas de la laguna de Mérida; que estudia sobre el terreno el cultivo y beneficio del tabaco en las feraces tierras de Aragua, de Guanare y de Barinas; que considera las posibilidades de las plantaciones en las tierras meridefias o hace cálculos sobre la mejor explotación de las minas de Aroa...

Coronado de aquél halo de la Ilustración que turbaba un poco las cabezas de los hombres pensantes del siglo dieciocho, se nos aparece por un momento Berástegui, vasco de estampa y ya venezolano en sus gestos. Nos visita con el atuendo de la época: amplia casaca sobre la blanca chupa, sombrero galoneado de plata y ceñido el espadín. En sus manos un volumen que acaba de llegarle de Francia donde, por aquellos mismos años, Lavoisier está consagrando a la renovación de la química lo mejor de aquella genial cabeza que muy pronto hará rodar la guillotina, o quizá de Vergara, donde Proust, otro gran químico galo, trabaja en los laboratorios de los Amigos del País... Permanece un momento ante nosotros musitando un mensaje que creemos entender, y luego, la sombra se lo lleva, como se lo llevaron las de la muerte, allá en Madrid, en el mismo lugar y casi por los mismos meses del año en que se decretó el fin de la Real Compañía de Caracas.

 

INDICE
 
  • Prólogo 
    Capitulo I. Pedro lote de Olavarria», el Precursor 
         1. Gobierno de Betancourt y Castro 
         2. Gobierno de don Diego Portales y Muñeses 
         3. La "Instrucción General y Particular.." 
         4. Fundación de la R. C. Guipuzcoana 
         5. Gobernación de don Sebastián García de la Torre 
         6. La rebelión de Andresote 
         7. Gobierno de don Martin de Lardizábal 
             Apéndice 1.* Reconocimiento Real de los servicios
             Apéndice 2.* Reedificación y arriendo de la casa de la Factoría de La Guaira 
    Capítulo II. José de Iturriaga, el Director Principal 
         1. Defensa de las costas venezolanas. Zuloaga 
             Aparece don José de Iturriaga 
             Las "funciones" de La Guaira y Puerto Cabello 
             Prevenciones de Iturriaga 
             Apéndice I. La función de 1739. Información de Zuloaga 
             Apéndice II. La función de 1743 
             Ataque a Puerto Cabello 
         2. El manifiesto de 1749 
             Juan Franciscgo de León 
             El "Manifiesto" de la R. C. G. 
         3. La Expedición de Límite
             La expedición al Orinoco 
             La estada en Cumaná. El Gobernador Gual 
             Antonio de Urnitia 
             Juan Ignacio de Madariaga 
             Iturriaga sale de Cumaná 
             Síntesis de las actividades de Iturriaga 
             Exploraciones 
             Fundaciones .
             Pacificación y población de Indios 
             Los holandeses 
             El problema de los negros 
             Los portugueses 
             Los jesuítas 
             Alvarado 
         4. Iturriaga, Comandante General del Orinoco 
             Apéndice 1." 
             Apéndice 2.' 
    Capítulo III. José de Amenabar, un Factor Principal 
             El hombre de la Compañía 
             El. Amigo del País 
    Capítulo IV. Los libros 
         1. Inventario d« 1749 
         2. El Factor Tellería 
         3. El Capital Urrutia 
         4. El Director Iturrlaga 
         5. El Administrador Torre 
             El Factor Uranga 
         6. El Cabo a guerra Aguinagalde 
         7. Una certificación 
         8. El Arancel de Maracaibo 
    Capítulo V. Fermín de Sanslntnea: Un manuscrito 
            "Razón suelta de la Provincia de Guayana" 
    Capítulo VI. Pedro de Beraategui 
         1. Noticia personal 
         2. El Tabaco 
         3. Apéndice 1. 
         4. Apéndice 2. 
         5. Minas y plantaciones 
         6. Los Comuneros de Mérida 
             Apéndice 
         7. Últimos años y muerte 
    Capítulo VII. El añil 
         1. Los valles de Aragua 
         2. El añil en Venezuela 
         3. Pablo de Orendain 
         4. Antonio de Arbide 
             Apéndice 
         5. Manuel de Arbide 
         6. Hacendados vascos de añil 
            
    Indice de Nombres de Personas

I) INIDICE OBRAS COMPLETAS PUBLICADAS INTERNET

 

I.1 Linea de Vida  y su Obra

I.2 Poesias en Euskera Recopilacion Total

I.3 Conferencias Recopilacion

I,4 Articulos Periodisticos Recopilacion Total

I.5 Lengua Vasca

I.6 Gernika

I.7 Uruguay

I.8 Venezuela

I.9 Reseñas Biograficas

I.10 Traducciones

I.11 Obras Publicadas

I.12 Semana Vasca en Montevideo

I.13 Ciclo de Clases

I.14 Nota Bio-Bibliografica

I,15 Biografia en Euskera

I.16 Sitio en Internet en Euskera

I.17 Nostalgia

I.18 Articulos Periodisticos Indice Cronologico

I.19 Articulos Periodisticos Indice Alfafabetico

II) OBRAS COMPLETAS - Libros Publicados en Internet

 

II.1  El Hombre Vasco

II.2 Hombres de la Compañia  Guipuzcoana

II.3  El Elemento Vasco en el siglo XVIII Venezolano

II.4 Vicente Antonio de Icuza

III) INDICE de TEMAS RELACIONADOS. Libros publicados por sus hijos;

 

III.1 Nere Aita - el exilio vasco - Mirentxu Amezaga 

III.2 Cronicas del Alsina -  Arantzazu Amezaga de Irujo

IV) Sus Hijos Escriben;

 

IV.1 Los tres Barcos que llevaron a Ama y Aita

IV.2 Travesia

V) Sus Hijos Escriben tras su muerte;

 

V.1 A mi Aita

V.2 La cancion de mi Padre

VI) Otros aspectos

 

VI.1 Reunion Familar en su Memoria

VI.2 Exodo

VI.3 Comision del Cuatricentenario de Caracas

VI.4 Inauguracion de la Plaza que lleva su nombre en Algorta

VI.5 Su Pequeño Poema en la Nota Necrologica 4 Febrero 1969

VII) Toda su Obra Publicada convertida en Formato PDF- puede ser leida en dispositivos  e-Book

 

 VII.1 Amézaga Vicente  Autor Irujo Ametzaga Xabier

 VII.2 Articulos de Prensa

 VII.3 Bio Biografica

 VII.4 Biografia en Euskera

 VII.5 Ciclo de Clases

 VII.6 Ciclo de Conferencias

 VII.7 Nostalgia

 VII.8 El Elemento vasco en el Siglo XVIII Venezolano

 VII.9 El Hombre Vasco

 VII.10 Los Hombres de la Compañia Guipuzcoana

 VII.11 Obras Publicadas

 VII.12 Vicente Antonio de Icuza

 VII.13 Poesias

 VII.14 Relacion de Escritos como Autor

 VII.15 Reseñas Biograficas

 VII.16 Semana Vasca Montevideo

 VII.17 Semana Vasca Montevideo Indice de Articulos

 VII.18 Traducciones

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Dedicatoria y mi homenaje a Mercedes Iribarren Gorostegui - Su esposa y mi ama

 
Sitio en Internet en homenaje a Vicente de Ametzaga Aresti.
http://vicenteamezagaaresti.blogspot.com
Unico sitio en Internet, que lleva su nombre, de referencia completa de su vida y su Obra totalmente publicada en Internet, 
Poesias, Articulos de Prensa, sus Libros, completando asi, y cerrando todo lo que se habia escrito en libros sobre el y su vida
Creacion, Edicion y contacto: Xabier Iñaki Ametzaga Iribarren
e-mail: xabieramezaga@gmail.com
Blog Xabier Amezaga Iribarren: http://xabieramezaga.blogspot.com
Editoriales relacionadas con sus Publicaciones