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OBRAS - COMPLETAS - EL HOMBRE VASCO


OBRAS COMPLETAS PUBLICADAS - EL HOMBRE VASCO 
 

FRAY JUAN DE ZUMARRAGA


En nuestro estudio referente al Padre Vitoria considerábamos los problemas que el descubrimiento de América hizo surgir en las cabezas pensantes del Viejo Mundo, principalmente en lo Que se refiere al dominio de las tierras recién descubiertas y a la libertad de sus habitantes. Vimos las respuestas claras e inequívocas que el Padre Vitoria dio a esas cuestiones al afirmar que ni el Emperador ni el Papa son dueños de todo el mundo y que a nadie puede arrebatársele sus libertad ni sus bienes fundándose en motivos de fe, puesto que el creer es cosa de la voluntad "Quia credere est voluntaíis"; ni por supuestos pecados contra el derecho natural, pues "acaso son más grandes los pecados en las costumbres de algunas cristianos que entre aquellos salvajes", etc. 

Bien sabía Vitoria lo que valían esos y otros pretextos, pues que los vio empleados tras la conquista del Perú para la cual ningún motivo encontraba sino la que crudamente ex-ponia en enría particular al Padre Áreos, Provincial de Andalucía, al decirle que los subditos del Inca "no habían hecho ningún agravio a los cristianos ni cosa por donde les debieran hacer la guerra", y que no existió allí "ninguna causa más de guerra, más de para r o bailo s".

Pues bien, junto a la figura de Vitoria, vamos a estudiar hoy la de otro hombre vasco de parecidas dimensiones que viene a vivir por los mismos años (nació 12 antes y murió 2 después) y a quien le tocó ocuparse de los mismos problemas que al Maestro alavés, aunque en otro campo. Vitoria fue el hombre de las teorías generosas, el que, ante los problemas del Nuevo Mundo, proclamó las soluciones que la Moral, la Teología y el Derecho imponían. Zumarraga fue el hombre de la acción, el que sobre la misma tierra de América hubo de vivir al día sus problemas y enfrentarse a ellos con mente clara y, sobre todo, con corazón abierto. Si Vitoria dio las grandes respuestas, a Zumarraga le tocó el aplicar soluciones y remedios. Se complementaron, pues, estos dos vascos que constituyen un binomio en el que, si cada uno de ellos brilla con luz propia, considerados en conjunto su unión hace aún más grande la figura de cada uno de ambos.

Y sin más preámbulo, pasemos hoy a dedicar nuestra atención a la figura de Juan de Zumarraga cuya vida hemos de considerar en dos etapas: la primera que podemos llamar europea y comprende más o menos hasta sus sesenta años de edad y la segunda, la americana, es decir, desde su llegada a México a la dicha edad hasta sus fallecimiento.

Primera etapa: Europa. No son muchas las noticias que tenemos de los primeros años de Zumarraga que aun aguardan a sus descubridores en los hogares y claustros franciscanos, desde el santuario de Aranznzu donde profesó en fecha que desconocemos lo mismo que su vida anterior a la profesión, el de los conventos de San Esteban (cerca de Burgos) y Ávila donde ejerció la guardiania, así como el del Abrojo (cerca d eValladolid, por entonces capital del reino) donde también fue guardián y (1527) lo conoció Carlos V que allí estaba de retiro de Semana Santa. Parece que este conocimiento fue decisivo en las futuras actividades de Zumarraga quien, aquel mismo año, es enviado por el Emperador para entender en el caso de las supuestas brujas de Navarra.

 Capacitado como estaba para entender e interpretar a los vascos, hubo de ver en aquellas supuestas brujerías lo mismo, más o menos, que lo que observó más tarde el insigne extremeño Pedro de Valencia quien, como se sabe expuso en su famoso "Discurso sobre las brujas y cosas tocantes a magia" aquello de que "todo lo concerniente al akelarre debía entenderse entre las cosas que pasan sólo en la imaginación" (de los brujos y brujas).

Y así había de ser, en efecto, si nos detenemos un punto a considerar cosas como ésta que se menciona sobre tales sucesos en la Historia del Emperador Carlos V, de Fray Prudencio de Sandoval, donde podemos leer que el juez pesquisidor para certificar la verdad del caso, ofreció el indulto a una bruja "si a su presencia y en la de todo el pueblo se untaba y ascendía por los aires; lo cual ella hizo con maravillosa presteza, remaneciendo a los tres días en un campo inmediato".

Lo cierto es que, de ordinario, la Inquisición arrancaba por-medio del tormento las confesiones que así resultan luego de contradictorias y extrañas. No de otra suerte fueron, sin duda, las del famoso auto de Logroño de 1610 al que fueron sometidos 29 vecinos de Bera y Zugarramurdi, entre ellos Juan de Goiburu "Que era el tamborilero de la reunión" y "Juan de Sansin que solía tañer la flauta" y confesaron horrendos crímenes.1

Apenas sabemos nada de la misión cumplida por Zumarraga entre sus paisanos, salvo que lo hizo "con mucha rectitud y madureza". Años después, en un párrafo de su "Doctrina Breve" vemos que se refiere, muy de paso, a ésa su experiencia al decir que: ".. .en el mismo pueblo de Durango donde yo nací... hubo otra herejía que llamaban de Amboto...", Y sobre la fe que a todo esto prestaba nos dicen bastante aquellas palabras suyas: "También se reduce a esta especie de idolatría el negocio de las brujas o sorgui-naa que dicen que hay en nuestra tierra".

En diciembre de ese mismo año de 1527 fue presentado por el Emperador para Obispo de México; en enero del 1528, por cédula dada en Burgos a 10 de ese mes, se le nombra Protector de los Indios, cargo de limites muy indefinidos, y, por último, a fines de agosto de ese mismo 1528, obispo electo pero aun sin consagrar, embarca en Sevilla para México dando fin así a las actividades de su etapa europea de la que tan poco sabemos, para dar comienzo, más o menos a los sesenta años de su edad, a su fecunda etapa americana de la que, para honra y gloria suya, cada día vamos sabiendo más.

Segunda etapa: México (1528-1548). Efectivamente, según aparecen más cartas y documentos de Zumarraga o a él referentes, más y mejor se perfila su nítida silueta de prelado ejemplar, vasco auténtico y enérgico reprobador de las conquistas sangrientas y las explotaciones de los indios.
1 V. F. IdoMe: "Rincones de la Historia de Navarra", pág. 142. "Lt» brují» de Anocibu".

Para contemplarlo más claramente en estos aspectos, dividiremos los veinte años de su actuación en México en dos partes: cinco primeros años, lucha por el Derecho; quince últimos, lucha por la Cultura, todos ellos, naturalmente, bajo el signo y el imperio de la fe y la caridad cristianas.

a) 1468-1533: Lucha, por el Derecho.
La Audiencia. Al embarcarse Zumarraga, como dijimos, en 1528 para México como Obispo electo y Protector de los indios, lo hace en el mismo navio en que parten para tomar posesión de sus destinos cuatro Oidores de la Audiencia mexicana, entre ellos aquel con quien había de reñir en México las peores batallas, el licenciado andaluz Diego Delgadillo.

En efecto, cuando el 6 de diciembre de 1528 Zumarraga y sus acompañantes arriban al México recientemente conquistado por Hernán Cortés, el cuadro que se ofrece a los ojos del flamante Protector no puede ser más triste al ver a los indios marcados o herrados como bestias y vendidos como esclavos por los encomenderos y autoridades que no pensaban en otra cosa sino en enriquecerse del modo más rápido sin reparar en medios, hallándose entre ellos mismos en estado de continuas luchas y discordias, en los comienzos de una incipiente organización colonial. Situación que no ignoraba el Emperador quien, precisamente, para poner fin a ese estado de cosas había nombrado una Real Audiencia y un obispo Protector de cuyos combinados esfuerzos esperaba, sin duda, el mejor fruto.

Pero en lugar de esa fecunda combinación de esfuerzos lo que surgió fue una lucha abierta en la que aparecían en un bando los Oidores, que en cuanto pone pie en tierra hacen causa común con los conquístadores y encomenderos, y en el otro el Obispo que encabeza la defensa de los naturales del país vejado y explotado.
Recién llegado Zumarraga, indios y colonos acudían a él con sus quejas de las que él se hace portador ante la Real Audiencia en la espera de que ésta imponga el remedio necesario. Pero los señores Oidores se identifican con las ambiciones de los conquistadores y encomenderos llegando a superar los abusos de éstos.


Al insistir Zumarraga en sus peticiones de justicia lo único que consigue es que los magistrados le conminen a que deje de intervenir en asuntos civiles. La respuesta de Zumarraga es concluyente: "...aunque me costase la vida no pensaba desistirme de ello ni dejar de amparar y defender y desagraviar los indios. ..". La réplica que la Audiencia da a estas palabras es dictar un bando en que se prohibía acudir al Obispo con ningún asunto, so pena de perderlo los blancos y de ser ahorcados los indios.

Es por entonces cuando se informa a Zumarraga del atropello que se intenta cometer con los indios de Huexocingo. Ante ello, recurre una vez más a la Audiencia, y al ver que ésta hace oídos sordos a sus denuncias e incluso envia sus esbirros a detener a los indios que han denunciado el atropello, se va en persona a protegerlos y darles asilo en el convento de los frailes franciscanos. Y en reunión celebrada allí por los religiosos, bajo la presidencia de Zumarraga, se acuerda que uno de ellos vaya a México a condenar, desde el pulpito, la conducta de los magistrados. Cuando el encargado de ello, Fray Antonio Ortiz, comienza a hacerlo en la misa mayor, el oidor Delga-dillo da orden de que sea arrojado del pulpito, como se cumple. Zumarraga, sin vacilar, excomulga a la Audiencia y escribe al Emperador (27 agosto 1529) pidiéndole integre una nueva, y además, el proceso de los componentes de la actual, confiscación de sus mal adquiridos bienes, etc., etc.
Los oidores deciden entonces hacer llegar a la corte su particular versión de los sucesos; por su parte, Zumarraga lo intenta también, por medio de su carta de la citada fecha; pero los esbirros de la Audiencia informados de su propósito, detienen a los frailes a quienes ha encargado de enviar la carta y se apoderan de ella. En vista de ésto, Zumarraga se va en persona a Veracruz a pie y simulando ser un fraile mendicante; pero el barco está vigilado y no hay modo de hacer entrar en el la carta. Es cuando surge el hombre providencial; un marinero vizcaíno que se hace cargo de la misiva del Obispo, la oculta en un trozo de brea y logra de ese modo burlar la vigilancia y hacer que la carta de marras llegue a su destino en la corte imperial a la que por ella se impone de todos los sucesos y verdadero estado de la colonia mexicana.


Mientras tanto, a México llega otra carta en la que la Reina transmite a Zumarraga quejas que ha recibido de log nuevos canónigos que se dicen muy mal pagados. De inmediato Zumarraga los reúne (20 octubre de 1580) y dándoles a conocer el total de los recursos con que cuenta, les declara: "Aunque el salario me de para mí menos que para cada uno de vos, y aunque sepa yo andar a pedir con mis alforjas, como solía, no es mi intención que les falte congrua sustentación...".

Pero la lucha con la audiencia no cesa. Muño de Guzmán, su Presidente, que había hecho quemar vivo al inocente rey de Michoacán, Caltzoncin, sale a la conquista de los chichimecas (pobladores de la provincia de Jalisco). Zumarraga expone por escrito su opinión de que la guerra era injusta, sin duda con el mismo espíritu que se puede apreciar en aquella carta que unos años después (15 febrero 1537) dirige a Suero de Águila en la que se lee: "Esta cuaresma pienso andar entre los indios y me parece que ando entre ángeles y cuando entre españoles, entre demonios ...".

Palabras que nos recuerdan la indignada respuesta que dio a ciertos de estos españoles que le urgían a que tuviera menos contactos con los indios sucios y mal vestidos: "Vosotros sois los que despedís mal olor, según mi modo de pensar, y vosotros los que me repeléis y disgustáis, porque sólo buscáis vanas frivolidades y os dais blandas vidas, exactamente como si no fueseis cristianos". (Vid. Lewis Hanke: "Aris-totle and the americans indians" pág. 24, quien lo refiere a Jerónimo de Mendieta: "Historia eclesiástica indiana", edición García Icazbalceta. México, 1870, pp. 631-632).

Todas estas cosas mantienen al vivo la lucha entre la Audiencia y el Protector y los incidentes se multiplican y prolongan. Los Oidores (4 de mareo de 1530) violan el asilo de la iglesia de San Francisco en la que Zumarraga tenía a dos clérigos de corona y los trasladan a la cárcel pública donde descuartizan a uno y mutilan al otro. Zumarraga marcha hacia la cárcel encabezando una procesión de frailes enlutados. Delgadillo les ordena retirarse; Zumarraga le replica con energía y se traba una refriega entre frailes y soldados en el curso del cual Delgadillo tira una lan-rada al Obispo. Zumarraga excomulga entonces, no sólo a la Real Audiencia sino a todo el municipio por su colaboración. Esta excomunión general es levantada dias después con motivo de la Semana Santa, pero la individual de los Oidores no lo fue nunca.


Este es el último choque. Porque la carta de Zu-marraga había ya surtido sus efectos en la corte de donde llegan las primeras noticias favorables. Los Magistrados de la Real Audiencia habían sido destituidos y los nuevos magistrados traían la orden de residenciar a sus antecesores que son enviados presos a España. Zumárraga recibe también la orden de comparecer para informar personalmente ante la corte de su conducta. Su descargo es tan satisfactorio que un año después regresa, ya consagrado obispo, consagración que, como sabemos, no había podido realizarse cinco años antes por estar rotas las relaciones entre Papa y Emperador a consecuencia del saco de Roma por las tropas imperiales.

Antes de ese viaje de Zumarraga a la Península tiene lugar la aparición de la Virgen al neófito Juan Diego en el cerro de Tepeyac y a nuestro compatriota le correspondió intervenir en el correspondiente proceso canónico y autorizar el culto después y en la actualidad tan extendido de la Virgen de Guadalupe entre los fieles mexicanos. Así vemos que consta en el Breviario romano (invierno de 1531).
b) Lucha, por la cultura (1534-1548).

Durante su estado en España (noviembre 1532-ju-nio 1534) muchas cosas fueron proveídas y resueltas: la condenación de los Oidores Delgadillo y Matienzo, mortales enemigos del durangués, la consagración de éste en la capilla mayor del convento de San Francisco de Valladolid a la que asistió la Emperatriz

Isabel, su exposición de hechos mediante la cual se descargaba, en una estensa carta de 27 páginas en cuarto dirigida al Emperador, de las acusaciones que en contra suyo había formulado Delgadillo ante el Consejo de Indias, etc., etc. Por otra parte, visitó las universidades de Alcalá, Salamanca y Valladolid buscando clérigos distinguidos para integrar su cabildo y, sin duda, en Salamanca se entrevistó con el Padre Vitoria de quién con toda probabilidad fue amigo o al menos lo conocía bien. Con toda seguridad, hubo trato entre ellos por los años de 1523 a 1526 en que Vitoria residía en Valladolid y Zumarraga muy cerca, en el convento del Abrojo, Vitoria volvió a Vallado-lid para tomar parte en la junta allí reunida a fin de someter a censura las obras de Erasmo. Lo cierto es que en carta que, desde México, escribirá más tarde a su buen amigo Suero de Águila (17 septiembre 1538) le dice: "He enviado a Salamanca por una docena de buenos clérigos para curas y visitadores, letrados de buena vida, al Padre Fray Francisco de Vitoria, Catedrático, maestro famoso, y tengo proveído en Sevilla que les paguen matalotaje y fletes". Para reforzar esta gestión mediante la cual quería procurarse por auxiliares suyos en la gran empresa cristianizadora y civilizadora de América a los mejores discípulos de aquel compatriota suyo quien como nadie había sabido formular ante el mundo y sus potestades la doctrina de la libertad del hombre americano, Zumarraga acudió al Emperador quien le prestó su intercesión mediante la siguiente carta que dirigió al Padre Vitoria: "Maestro Fray Francisco de Vitoria, Catedrático de Prima en la Universidad de Salamanca: sabed que el Obispo de México me ha escrito que en aquella tierra hay muy gran necesidad de clerígos, personas doctas para que entiendan en la instrucción y conversión de los naturales de ella. Y que porque ha sabido que vos tenéis discípulos sacerdotes de buena vida y ejemplo, nos ha escripto encargándoos cojáis algunos dellos y procuréis con ellos que quieran ir a aquella tierra; que tiene proveído en Sevilla que se les dé pasaje y matalotaje. Y porque, como veis, Dios Nuestro Señor será servido a que aquella tierra pasen personas tales, por el fruto que en ella harán, por ende yo vos ruego y encargo que así de los discípulos que vos tenéis como de los otros que hubiere en esta ciudad, escojáis hasta doce dellos o los que hobiere hasta ese número..." (Toledo, 18 abril 1539).


Pedía frailes escogidos que tanto necesitaba, entre otras razones, porque en su segundo viaje a México, por las razones que fuesen, no había llevado consigo a ninguno. Sí, en cambio, y en plan de colonizador, muchos artesanos casados y con mujeres e hijos, y entre ellos a Esteban Martín que parece ser el primer impresor que puso sus plantas en el Nuevo Mundo. Y con ésto entramos en otra de las más importantes actividades de Zumarraga.

La primera imprenta del Nuevo Mundo.
La introducción de la imprenta en América constituye uno de los más brillantes logros de Zumarraga en su incesante empeño de lucha por la cultura. Y sobre este punto es preciso decir antes de pasar adelante que no se trata, en ningún modo, de un hecho fortuito o cuyo mérito le corresponda por el azar de su cargo. Se trata, como puede bien probarse, de algo cuya idea estaba íntima y reciamente entroncada en el espíritu de nuestro Obispo y para cuya realización no omitió esfuerzos.


Nos consta, en efecto, que ya para fines de 1538 presentó al Consejo de Indias un memorial en el que pueden leerse estas reveladoras palabras: "...porque parece sería muy útil y conveniente haber allá (en la Nueva España) imprenta y molino de papel, y pues se hallan personas que holgaran de ir coa que Su Majestad haga alguna merced con que puedan sustentar el arte, Vuestra Señoría y Mercedes lo manden proveer". (V. José Toribio Medina "La Imprenta en México", t. 1. pp. XXXIIMV, Santiago de Chile, 191*).

En 1538 (6 de mayo) escribe al Emperador: "Poco se puede adelantar en lo de la imprenta por la carestía del papel,- que esto dificulta las muchas obras que acá están aparejadas y otras que habrán de nuevo de darse a la estampa, pues que se carece de las más necesarias y de allá (España) son pocas las que vienen".
Por fin, en los últimos meses de 1539, de acuerdo con el Virrey Mendoza, contrata con el impresor alemán residente en Sevilla, Juan Cromberger, el viaje a México del dependiente de éste, el lombardo Juan Pablos (Giovanni Pauli) con una imprenta completa y los tipógrafos necesarios" para imprimir libros de doctrina cristiana y de todas maneras de ciencias", instalándolos en la casa llamada "de las campanas" inmediata a su residencia episcopal. Esta promisoria carga cultural, la primera de su naturaleza que arribaba a América, gracias al esfuerzo perseverante de Zumarraga, llegó en el navio de su compatriota Miguel de Jáuregui.
Ya con esta instalación de la imprenta junto a su residencia, hacía ver el Pastor de México la importancia que atribuía a la empresa y el profundo interés con que la miraba. En sus palabras al Virrey, en sus gestiones cerca de la Corte, pueden verse ideas y frases concretas por las que hemos podido darnos cuenta de cómo Zumarraga admiraba a Vitoria y amaba a los indios por éste defendidos. Defensa que, por su parte, vio claro Zumarraga que mejor que en nada estribaba en su instrucción. Comprendió bien que necesitaban de la gran arma que el Renacimiento hacía proliferar en Europa. 

Y comprendió también que aquellos libros que los naturales de México necesitaban no eran tanto los que venían de España, no muy abundantes por otra parte, sino los que estuviesen escritos en el idioma de los indígenas: "No sabemos qué pasto puede dar a sus ovejas el pastor que no las entiende ni le entienden", decía lamentándose de ignorar el azteca que, por su avanzada edad, no estaba ya en condiciones de aprender. Y repetidamente expresó su deseo de que las Sagradas Escrituras se tradujesen a todas las lenguas y estuviesen en manos de todos. Lo que en esto pudiera haber de influencia renacentista o de simpatías erasmistas, según Marcel Bataillon lo quiere, no vamos a debatirlo aquí. Nos complace más ver en estas directrices de Zumarraga el resultado del conocimiento en propia carne del problema; el recuerdo sin duda en él nunca borrado de la dificultad de la adquisición de una doctrina y una cultura a través de un vehículo lingüístico que tan extraño era para él, hombre de habla vasca, en su infancia y juventud, sobre todo, como lo podía ser para los aztecas.
No podemos extendernos más aquí en detalles sobre este punto. Diremos brevemente que en vida de
Zunaarraga es editaron cuando menos 13 libros, todos ellos a su costa, dos al menos redactados por él "Doctrina Breve" (1643) y "Regla Cristiana Breve" (1547) y cinco publicados en idioma indígena.

Tocó, pues, a México, a través de Zumarraga, el set la primera nación editora del libro del Continente, como más tarde le correspondería el tener en su seno al primer periodista de América latina, el sacerdote zacatecano, chantre de la catedral de México, y más tarde obispo de Yucatán, doctor Juan Ignacio Castoreña Urzúa y Goyeneche, editor de la "Gazeta de México" en 1772, cuyos apellidos lo están diciendo todo sobre su estirpe.
Otro de los más fuertes anhelos de Zumarraga fue el de la Universidad en solicitud de la cual escribió al Emperador, allá por febrero de 1537. Poco antes, en 1536, había inaugurado el famoso Colegio Superior de Tlatelolco donde, además de religión y moral, se enseñaba lectura, escritura, gramática latina, retórica, filosofía, música y medicina mejicana, mereciendo por ello célula de la Reina en que se felicitaba al incansable obispo reconociendo su iniciativa en el asunto.

Su preocupación cultural se revela también en la biblioteca particular que formó y que al morir legó al monasterio de San Francisco en la ciudad de México, salvo algunos libros que apartó para la hospedería que había fundado en su pueblo natal de Du-rango. Y no dejaremos de citar aquí otra empresa suya: la construcción de la iglesia catedral. Las ambiciosas miras que sobre ella alentaba Zumarraga pueden verse en la carta que dirige a Suero de Águila (17 septiembre 1538): "Agora quiero entender en comenzar esta iglesia no menor que la de Sevilla: yo tengo ojo al trascoro de Ávila...".

Otra de las más brillantes realizaciones y que mejor revela por qué caminos marchaban sus preocupaciones culturales la tenemos en su fundación del colegio de Santiago Tlatelolco al que hace poco nos hemos referido y sobre el que merece la pena de volver. Porque Zumarraga no fundó este colegio, como bien hace notar Leizaola,1 para aspirantes al sacerdocio sino para muchachos indígenas bien dotados, en general, para que armados de una cultura universitaria, pudiesen participar en la constitución de su patria sobre las bases de una prosperidad general. Se trataba, en primer término, de hacerles aprender latín, lengua entonces de toda la alta cultura europea que quedaba así al alcance de los indios mejicanos, sin diferencia de castas entre ellos y los blancos. Pero los esfuerzos de Zumarraga fueron ahogados por los preconcebidos juicios de tendencia racista y anti-in-dígena contra los que Vitoria luchaba igualmente en Salamanca. A pesar de su fracaso, su iniciativa revolucionaria permanecerá siempre como un noble ejemplo. No ha de olvidarse, por lo demás, que uno de los reproches lanzados contra las actividades de ese colegio era el de que los mexicanos aprendían demasiado bien el latín.

Esta lucha por la cultura no le hacía ciertamente olvidar los esfuerzos que a la causa de la justicia había siempre consagrado. Un testimonio de ésto lo hallamos en aquella carta (4 de abril de 1537) dirigida a un clérigo cuyo nombre no se conoce y en la que, tras hablarle de un Padre Fray Marcos, custodio de los Franciscanos en el Perú, "gran religioso, digno de fe", el que "como testigo de vista" refiere
1 "Le genie basque el le monde de la Culture". "Euíko Dey«". P«m, 30 Avril 1947.
"desafueros y crueldades", cuyo relato envió el Virrey Mendoza a Carlos V, le pide entregue otra relación en su mano al Emperador "que persuadirá harto su corazón católico para que se quiten esas conquistas que son oprobiosas injurias de nuestra cristiandad y fe católica y en toda esta tierra no han sido sino carnicerías cuantas conquistas se han hecho...".


Concordaba en ésto, como en tantas otras cosas con su compatriota el Padre Vitoria, cuando éste, en su carta al Padre Arcos (8 noviembre 1534) refiriéndose a la conquista del Perú escribía: "Lo primero de todo, yo no entiendo la justicia de aquella guerra... Ni sé por dónde puedan robar y despojar a los tristes de los vencidos de cuanto tienen y no tienen... Si los indios son hombres y prójimos... no veo cómo excusar a estos conquistadores de su última impiedad y tiranía...".

El espíritu de justicia que en los citados párrafos de ambos religiosos vascos resplandece es, concretamente en el caso de Zumarraga de quien ahora nos estamos ocupando gemelo del de caridad que le impulsa a fundar el hospital de "El Amor de Dios" para enfermos contagiosos, y aquellos otros tres entre Ve-racruz y México para inmigrantes, lo mismo que aquel otro instituyó especialmente dedicado a las jóvenes indias.
Finalmente, y con relación a su constante preocupación por la justicia y los derechos de los indios no dejaremos de mencionar aquella asamblea de obispos del Virreinato (fines de octubre de 1946) que adopta, a favor de los indios, conclusiones idénticas a las postuladas por el Padre Vitoria en sus (elecciones "De Indis" y "De Jure Belli".

En cuanto al problema de los inmigrantes, para los que, como acabamos de decir, construyó tres hospitales, supo encararlo con una amplia visión de auténtico colonizador. Comprendió que los inmigrantes que se necesitaban no eran aquéllos cuya única preocupación era la de "henchir e ir allá a vaciar", sino que se precisaban colonos estables con el ánimo de trabajar e iniciar nuevos cultivos y explotaciones industriales; hombres casados con sus mujeres e hijos que acudieran allí a fundar una patria nueva. Por ésto fomentó también Zumarraga la introducción de nuevas formas de cultivo, la siembra de árboles frutales europeos y la crianza de animales desde la de ovejas y burros hasta la del gusano de seda, dando muestras en todo ello de una actividad tan prudente como incansable.

No le faltaron a su lado algunos hombres que eficazmente colaboraran con él. Citaremos aquí a su sobrino político Martín de Aranguren, rico mercader que se constituyó en el financiador de sus empresas y a quién nombró su albacea. De él solía decir Zumarraga que no había conocido sosiego sino hasta que Aranguren se encargó de su casa y negocios. Él era su prestamista y le adelantaba cuanto necesitaba para sus gastos y limosnas. Enfermo Zumarraga, al otorgar su testamento escribía que: "Nada le inquietaba sino el quedar adeudado con su buen mayordomo Martín de Aranguren".
El hombre Zumarraga.

De Zumarraga sabemos que era grave en su aspecto exterior, pero al mismo tiempo, sencillo y humilde y que vestía y se trataba con mucho aseo. "Un clérigo debe andar siempre limpio", solía decir y de ello procuraba dar ejemplo, aunque naturalmente fuese al mismo tiempo, enemigo de adornos superfluos lo mismo en su persona que en su residencia episcopal. Andaba siempre entre indios y lo hacía constantemente a pie, lo mismo en el campo que en la ciudad. Su aspecto reflejaba la condición del hombre interior, de tal modo que originó esta espontánea exclamación de parte de un caballero recién venido del Perú que habiéndolo visto en la calle, preguntó quién era: "Dichosa ciudad que tal obispo ha merecido".


Ni los años ni la enfermedad pudieron doblegarle y siguió hasta el último momento, entregado a sus múltiples empresas. Cuando sintió que su fin se acercaba, escribió, con total serenidad, dos cartas de despedida al mundo. Una de ellas al Emperador, con fecha 30 de mayo de 1548, la otra a Fray Bartolomé de las Casas, el 2 de junio de ese mismo año, víspera de su muerte que fue fiel reflejo de su vida. Como bien escribió Jesús de Galíndez, "No muere Zuma-rraga en un éxtasis místico ni en la insensibilidad de un coma: muere en plena lucidez y muere sufriendo". Asi se lo dice a sus frailes poco antes: "Oh, padres, cuan diferente cosa es verse et hombre en el artículo de la muerte, a hablar de eila". Para reaccionar con la serenidad de los hombres fuertes y expirar diciendo: "In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum". Sus restos yacen sepultados en la capilla de San Pedro en la catedral de México.

El vasco Zumarraga.
Lo fue por nacimiento y por linaje y, como fiel herencia de ellos, por carácter y condición.
Sabemos por él mismo que nació en Durango (Vizcaya) pueblo al que no olvidó, pues que con sus propíos recursos y limosnas recogidas entre sus paisanos reunió lo necesario para fundar allí una hospedería con su capilla y pequeño beaterio para albergue de frailes pobres que alli arribasen. Y dejó, al morir, con destino a dicha casa, varios de los libros de su biblioteca.


Su linaje era de los Muncharaz y Larrazábal que son apellidos de familias arraigadas en Abadiano, pue-blecito a dos kilómetros de Durango.

El euskera fue el idioma que mamó y habló en su infancia y seguramente nunca olvidó. A esta condición de euskaldún se refiere más de una vez, como en aquella carta al canónigo sevillano Francisco Tello de Sandoval, cuando le escribe: "Y porque mi ignorancia y el lenguaje que no mamé no había de tener atrevimiento de escribir tan largo a S. A...." (2 noviembre 1547). En otra, dirigida al Príncipe Don Felipe (luego Felipe JJ) leemos: "...Mas como no mamé este romance no me supe declarar en lo que escribí..." añadiendo líneas después: "Y porque más me declaré en mi estilo vizcaíno...". (12 noviembre 1547).

Fácil es de observar, por lo demás, que se complacía en declarar su condición de vasco. Así en carta al Consejo de Indias, fechada en México (88 marzo 1531) leemos: "...en ésta no me alargaré, para perder algo de mis costumbres vizcaína...". Y en otra dirigida a su particular amigo Suero de Águila (13 junio 1534): "Como yo no me crié como Vm. entre ellos (los cortesanos) sino entre manzanos...".

Recordemos también el episodio del marinero vizcaíno con quien, sin duda, en el idioma nacional de ambos se entendió para preparar el envío de aquella carta de tan capital interés para él y que el futuro demostró de tanta consecuencia. Y nos consta que sus servidores más allegados fueron vizcaínos. Así lo vemos en carta que escribe a Suero de Águila (17 septiembre 1538) en la que, refiriéndose a sus prepara^ tivos para la edificación de la catedral, escribe: ".. .y yendo yo antes a buscar cantera con mis vizcaínos canteros que tengo en casa, que son mis maestresalas y camareros...".

Y volvamos a recordar a Martín de Aranguren quien fue su mano derecha en tantas empresas, sobre todo en lo referente al aspecto financiero de las mismas.

Sí, fue un hombre vasco por la sangre y por el nacimiento, jure sanguinis y jure soli, pero lo fue además y sobre todo por su pensamiento y por su acción. Por su pensamiento parejo al de Vitoria en todo cuanto se refiere a la dignidad del hombre y al problema de su libertad que parece mamado, como lo vimos al tratar de Vitoria, de aquellas leyes que estampadas en los Fueros Vascos y nunca como letra muerta, constituyen uno de los mayores títulos de gloria de nuestra estirpe. Y en cuanto a la acción, en la que resplandece la rectitud en la conducta siempre clara y la inquebrantable firmeza en el obrar, en aquél su espíritu de empresa que se manifiesta en libros, escuelas, asüos, hospitales, erección de catedral y universidad; en todo el magnifico ejemplo de su vida que fue luz y calor de caridad para los despojados indios y de justicia para todos. Conjugado todo ello en un vivir en el que se puede ver que el fraile que pasó la mayor parte de su existencia en el claustro, es también el hombre de estado que maneja con mano experta y firme los negocios del mundo. Derramando la luz con las obras que fueron saliendo de su imprenta y en las enseñanzas impartidas en las aulas de los colegios por él fundados y arriesgando en su lucha contra la injusticia y por la libertad de los indios. Su vivir fue, en suma, el de un varón de Dios y el de un hombre vasco que nos honra y a quien debemos honrar.

Montevideo, 27 mayo 1954


 
 
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I) INIDICE OBRAS COMPLETAS PUBLICADAS INTERNET

 

I.1 Linea de Vida  y su Obra

I.2 Poesias en Euskera Recopilacion Total

I.3 Conferencias Recopilacion

I,4 Articulos Periodisticos Recopilacion Total

I.5 Lengua Vasca

I.6 Gernika

I.7 Uruguay

I.8 Venezuela

I.9 Reseñas Biograficas

I.10 Traducciones

I.11 Obras Publicadas

I.12 Semana Vasca en Montevideo

I.13 Ciclo de Clases

I.14 Nota Bio-Bibliografica

I,15 Biografia en Euskera

I.16 Sitio en Internet en Euskera

I.17 Nostalgia

I.18 Articulos Periodisticos Indice Cronologico

I.19 Articulos Periodisticos Indice Alfafabetico

II) OBRAS COMPLETAS - Libros Publicados en Internet

 

II.1  El Hombre Vasco

II.2 Hombres de la Compañia  Guipuzcoana

II.3  El Elemento Vasco en el siglo XVIII Venezolano

II.4 Vicente Antonio de Icuza

III) INDICE de TEMAS RELACIONADOS. Libros publicados por sus hijos;

 

III.1 Nere Aita - el exilio vasco - Mirentxu Amezaga 

III.2 Cronicas del Alsina -  Arantzazu Amezaga de Irujo

IV) Sus Hijos Escriben;

 

IV.1 Los tres Barcos que llevaron a Ama y Aita

IV.2 Travesia

V) Sus Hijos Escriben tras su muerte;

 

V.1 A mi Aita

V.2 La cancion de mi Padre

VI) Otros aspectos

 

VI.1 Reunion Familar en su Memoria

VI.2 Exodo

VI.3 Comision del Cuatricentenario de Caracas

VI.4 Inauguracion de la Plaza que lleva su nombre en Algorta

VI.5 Su Pequeño Poema en la Nota Necrologica 4 Febrero 1969

VII) Toda su Obra Publicada convertida en Formato PDF- puede ser leida en dispositivos  e-Book

 

 VII.1 Amézaga Vicente  Autor Irujo Ametzaga Xabier

 VII.2 Articulos de Prensa

 VII.3 Bio Biografica

 VII.4 Biografia en Euskera

 VII.5 Ciclo de Clases

 VII.6 Ciclo de Conferencias

 VII.7 Nostalgia

 VII.8 El Elemento vasco en el Siglo XVIII Venezolano

 VII.9 El Hombre Vasco

 VII.10 Los Hombres de la Compañia Guipuzcoana

 VII.11 Obras Publicadas

 VII.12 Vicente Antonio de Icuza

 VII.13 Poesias

 VII.14 Relacion de Escritos como Autor

 VII.15 Reseñas Biograficas

 VII.16 Semana Vasca Montevideo

 VII.17 Semana Vasca Montevideo Indice de Articulos

 VII.18 Traducciones

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Dedicatoria y mi homenaje a Mercedes Iribarren Gorostegui - Su esposa y mi ama

 
Sitio en Internet en homenaje a Vicente de Ametzaga Aresti.
http://vicenteamezagaaresti.blogspot.com
Unico sitio en Internet, que lleva su nombre, de referencia completa de su vida y su Obra totalmente publicada en Internet, 
Poesias, Articulos de Prensa, sus Libros, completando asi, y cerrando todo lo que se habia escrito en libros sobre el y su vida
Creacion, Edicion y contacto: Xabier Iñaki Ametzaga Iribarren
e-mail: xabieramezaga@gmail.com
Blog Xabier Amezaga Iribarren: http://xabieramezaga.blogspot.com
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