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OBRAS - COMPLETAS - EL HOMBRE VASCO


OBRAS COMPLETAS PUBLICADAS - EL HOMBRE VASCO 
 

NAVIOS Y NAVEGANTES VASCOS


Por los años del Renacimiento, hierve-, entre otras actividades que caracterizan aquella época, una de la que vamos a ocuparnos, puesto que en ella —la de los descubrimientos de tierras ignotas— nos tocó a los vascos un importante papel, si no siempre como descubridores, por lo menos como navegantes de primera fila, siguiendo la ya antigua tradición.

Ha sido, fundamentalmente, nuestro pueblo un compuesto de hombres de montaña y de mar que en tantos aspectos se contraponen. El labrador generalmente parco en palabras, apegado al dinero que a costa del duro esfuerzo de todos los días ha de sacar de su caserío, de donde apenas se separa los domingos para acudir a la mañana a la iglesia y a la tarde a la taberna; de su caserío del que toma el nombre por el que es conocido entre los de la aldea y en el que es el ¡efe —hasta el punto en que la etxe-koandre lo consiente... De otro lado, el pescador, despreocupado, bullicioso, en cuya casa reina y gobierna la esposa, frecuentador de la taberna en sus días de forzado ocio y cuyo nombre conocido no es ni el de casa alguna ni su propio apellido, sino ese mote por el que en nuestros puertos son identificados cada uno de sus vecinos con lo que, de vez en cuando, se crean cómicas situaciones en el reparto de la correspondencia, como los podemos ver en la novela "Kresala" (el agua salobre) de nuestro gran prosista Domingo de Aguirre, quien justamente además de esa obra en la que pinta la vida de nuestros puertos, escribió "Garoa" (El helécho) en la cual describe la de un pueblo del interior.

Vamos a hablar de la vida histórica de los vascos a través de sus navios y navegantes. Creo haber dicho antes de ahora que la primera de nuestras características es el euskera y la segunda en mi opinión, el derecho, a las que siguen otras que configuran la personalidad del hombre vasco. Pues bien, vamos a tener en cuenta hoy una que vemos que, desde los más antiguos tiempos, ha sido observada por la mayor parte de cuantos escritores y viajeros se han ocupado de nuestro país: la de los navegantes. Es este uno de los aspectos más brillantes e importantes de nuestra vida histórica que ha sido escrita sobre el mar. Desgraciadamente, quizá por escrita sobre el agua, se ha perdido tanta parte de ella. Es muy poco lo que siguiendo nuestra mala costumbre se ha escrito o por lo menos se conserva de nuestras gestas marinas en poemas épicos o leyendas Pero no faltan, en nuestros archivos y en ajenos, documentos sobre los que pueden trabajar tanto los historiadores como los poetas.

El hecho es que los vascos desde tiempos muy antiguos, como decíamos, hemos tenido fama de excelentes hombres de mar. Antes de ahora hemos citado testimonios de esto entre los que me permito ahora recordar aquello que por el año 1481, escribía Hernando del Pulgar, cronista de los llamados Beyes Católicos de España, "Que los que motaban en aquel Condado de Vizcaya y Provincia de Guipúzcoa son gente sabida en el arte de navegar y esforzados en las batallas marítimas y tenían naves y aparejos para ello y en estas tres cosas eran más instructos que ninguna otra nación del mundo".


Otro tratadista español y especialista, por cierto, en la materia, Tomé Cano, quien en 1611 publicó en Sevilla un importante libro "Arte para fabricar, fortificar y aparejar naos...", afirma que entre los pueblos de Europa hay que dar la primacía a los portugueses como marinos de altura y que los vascos son los mejores navegantes de derrota, asi como grandes constructores navales. Esto explica, quizás, un poco por qué, accidentes aparte, pudo ser un portugués, Magallanes, el primero que emprendió la vuelta al mundo y por qué fue un vasco el primero que la terminó. El hecho es que en esto la fama de los vascos entre los escritores antiguos llega hasta el punto de que el célebre huinanista Pedro Mártir de An-gieria escribió que, por medio de su extraño lenguaje, se entendían los vascos con los fabulosos seres de los mares. Un poquito exagerado nos parece que, por ejemplo, un marino de Bermeo —pongo por sonoro— se engarce a puro insulto con uno de esos fantásticos pulpos que suelen aparecer en las novelas de Salgari o uno de Guetaria, por más "giputz goxo" que sea, pretenda seducir a una sirena, pero bromas aparte, esto se ha escrito por un sabio y es una de las tantas cosas raras que los sabios han escrito de nosotros.

La explicación de nuestra afición al mar y pericia de marinos la dio muy bien Navaggiero aquel embajador de la República de Venecia que pasó el siglo xvi por nuestra tierra al decir: "Salen mucho al mar por tener muchos puertos y muchas naves construidas con poquísimo gasto, por la gran cantidad de robles y de hierro que poseen; por otra parte, la poca extensión de la región y el gran número de gente que la habita les obliga a salir fuera para ganarse la vida",


Es decir que han sido tres los factores que han determinado el hecho marítimo vasco: I9 E! multitudinario clamor del mar que golpea en sus costas- ofreciendo la seducción de sus rutas infinitas; 2e La abundancia de maderas buenas para la construcción de navios, y 39 El trabajo del hierro, vieja industria del país que ofrecía en este aspecto cuanto de herraje, anclas y demás era necesario. Si a ésto se añade la conservación del patrimonio familiar materializado en el caserío y que daba como resultado la existencia de numerosos segundones que ansiosos de un brillante porvenir en pocos sitios podían verlo mejor que sobre las rutas del mar, principalmente tras el descubrimiento de América, todo se concierta, vocación e intereses, para que el hombre vasco fuera marino en tan importante proporción.

Así sabemos que desde tiempos tan remotos como los del Bajo Imperio romano, puertos vascos como el de Bayona tuvieron fama. Cuando unos siglos después, el rey vascón Sancho el Sabio fundó, en 1150, San Sebastián, ya se sindica a su puerto como centro de cierta importancia en pesquería y comercio. Tenemos datos históricos tales como los relativos a la conquista de Sevilla (año 1248) en la que colaboró la marina vasca que sabemos que tras la conquista de Granada (1492) intervino también, incluso en el transporte de moros de Andalucía a África. Para entonces eran ya viejos sobre el mar los balleneros a los que siguen en el andar de los siglos, en el xiv y el xv los que combaten —con los ingleses en Winchel-sea (1351) o con los franceses en La Rochela— los que constituirán en el xvn la Escuadra de Cantabria, los que en el xvni llegan a Venezuela a bordo de los navios de la Ilustración y otros en fin, que en su lugar iremos viendo. Para estudiar, con cierto método y aunque sea en la forma somera que aquí debemos hacerlo esta materia, vamos a considerarla en dos partes: primero los navios, después los navegantes. 

Las embarcaciones que en la parte vasca, como en casi todos los países, aparecen primero son las balleneras. Una imagen de ella la tenemos en esos selloa antiguos de varios de nuestros puertos como los de Lequeitio, Bermeo, Guetaria, Biarritz, etc. Son barcos de remo construidos según el sistema de tingladillo, es decir, de tablas superpuestas, en los que la popa y la proa vienen a ser de igual altura. Su modelo es probable lo diera el sistema nórdico, las embarcaciones que usaban los vikingos, los normandos a quienes se considera los primeros y más audaces navegantes del mundo. 

Pero nuestro mar, el Golfo de Vizcaya no se prestaba mucho ni poco a la navegación de remo, por lo cual no tarda en aparecer el barco impulsado a vela. En los tipos más antiguos de éstos que conocemos, vemos que proa y popa son levantadas e iguales y el mástil va fijo en el centro. Pronto se produce en nuestra costa una actividad febril que ae traduce en la construcción de estos tipos de barcos en los que se darán todas las variantes conocidas en sus tipos nórdicos y mediterráneos y que llevarán esos nombres en que abundan nuestros antiguos documentos: urcas, pataches, saetías, galeras, galeazas, carabelas, galeones, zabras, galizabras, filipotes y más modernamente fragatas, bergantines... Todos estos tipos de navios consta que se construían en nuestros astilleros.

Nuestro actual Lendakari, Jesús María de Leizaola cuya curiosidad intelectual tantas metas ha perseguido y alcanzado, ha demostrado especial interés por las cosas del mar y ia intervención vasca en ellas. Quiero recordar aquí unas páginas que publicó en la revista "Euzko Deya" de París (1-VI-S6) dedicadas al estudio de buques vascos y no vascos. Expresa allí el Lendakari su creencia en la parte fundamental que la construcción naval vasca ha tenido en la creación del buque transoceánico de vela, de aquel que sirvió para grandes descubrimientos. En ese buque hay tres elementos esenciales: a) el casco; b) el aparejo o velamen, y c) el timón, y estima que los tres fueorn creación de los vascos. Cita al escritor francés contemporáneo Heers quien atribuye a los vascos Ja primera penetración de las naves del Atlántico en el Mediterráneo, ya en el siglo xiv, si no antes, pues a mediados de ese siglo se las halla pululando en actividades comerciales en el Mare Nostrum. En el puerto de Genova, patria de Colón que iba a nacer en ese siglo, no había naves de otra nación tan abundantes ni que comerciasen tanto allí como las vascas, Y la primera consecuencia de ésto fue que los italianos copiasen a los vascos sus naves para venir ellos al Atlántico.

El barco velero del siglo xiv, dice Leizaola, es típicamente oceánico y en el Mediterráneo tenía ya un nombre de origen: se le llamaba corrientemente "coca bayonesa"; tenía dos puentes y un solo timón. Los dos puentes de esta "coca bayonesa" —que no hace falta decir provenía de la ciudad vasca de Bayona—son los castillos de proa y popa. Pero lo verdaderamente importante en este tipo de barco es el timón único. Pues en todos los existentes hasta entonces —y no hay más que ver las estampas de la época— la dirección estaba a cargo de dos remos paralelos puestos a popa. Leízaola, fundándose principalmente en autores franceses, ha llamado la atención sobre la aportación vasca del timón y estima que al inventar éste prestaron al mundo una contribución tan valiosa que se manifiesta en el hecho de que hasta los aviones han adoptado el timón sito en el eje de marcha del aparato. La adopción por otras gentes fue rápida y general, pues hasta 1400 se ven en todas las pinturas y dibujos de naves los dos remos de dirección a popa, pero desde 1410, ya todas aparecen con timón.

En cuanto a la vela, está por demostrarse que los nórdicos hayan conocido naves construidas exclusivamente para la navegación por ese medio, pues los drakkar no tienen nada que ver con la nave oceánica panzuda, hecha para mecerse sobre las olas, no para cortarlas y que, al no necesitar remeros, dispone de un gran espacio para hombres y carga, al mismo tiempo que, por no contar sino con un velamen, necesita una disposición y forma de casco capaz de aguantar la arboladura permanente y pesada que es necesaria. Estos barcos eran los que en siglo xrv y después, entre 1440 y 1470, llegaban, más abundantes con mucho que otros cualesquiera, a Genova donde por aquellos años podemos figurarnos a Cristóbal Colón soñando con la travesía del "mar tenebroso".

Estos barcos transportan nuestra imaginación a loa astilleros donde se construyeron que sabemos que desde el siglo xv, cuando menos, hasta muy avanzado el estaban asentados en las rías de Pasajes, Orio j Bilbao, entre otros puertos y fueron de los más acreditados de la Península y reflejan los cambios que se van sucediendo en la arquitectura naval, a través de esos siglos, pues de ellos fueron saliendo los tipos de embarcaciones por entonces conocidos. Asi nos lo atestigua respecto a su tiempo (1575) el famoso tratadista español Juan Escalante de Mendoza. En el siglo xvt, es indiscutible la pericia de constructores y navegantes vascos, sobre todo, los de derrota. Pero un siglo después, asoman los holandeses y con más poder que ellos los ingleses y va declinando, por las causas que veremos, nuestro rango marítimo.


Una de las cosas curiosas que podemos recordar a propósito de los navios es la costumbre que ha quedado de medir su capacidad por toneladas. Pues bien, fueron los vascos los que iniciaron ésto al establecer la moda de fijar la capacidad de cada buque por el número de toneles de mercancías que en él podían transportarse.

Otro aspecto importante es el de la fabricación de anclas en el que también hubieron de destacar los vascos. Un muy famoso fabricante fue el guipuzcoano Juan Fermín de Guilisasti quien viajó al extranjero deseoso de perfeccionarse en su trabajo hasta el punto de que llegó a decirse de él que era "artista consumado en la materia". Oquendo decía que Guilisasti era "un inventor en su modo de fabricar anclas de que cuantos ven quedan admirados. Y así lo publican ingleses, franceses y holandeses que ven las anclas en el muelle de San Sebastián".

Y otro tanto puede decirse de las cadenas, barras, clavazón y herraje en general, cosa muy natural en aquella época en que con el auge de la marina coincide el de las terrerías vascas.

Algo hay que decir de los constructores. Por ejemplo de aquel Antonio de Gaztañeta, nacido en Motrico en 1656. Gaztañeta hizo su primer viaje en un galeón en 1672, y el mismo año, otro a Veracriiz con su padre, marino consumado, que murió en esa travesía y dejó al joveucito encargado de la dirección del viaje de vuelta. 

Desde ese año hasta el de 1684 realizó once viajes a Buenos Aires, cinco a Tierra Firme y cuatro a Nueva España. Pasó luego a servir en la Eeal Armada española donde llegó a Teniente General. De 1687 a 1688 datan sus tareas de constructor, arte en el que pronto descolló como hombre de enorme experiencia sobre los mares y las naves. De la que obtuvo como constructor de éstas dejó, a su muerte un curioso manuscrito. En 1720 publicó "Reglas y proporciones para la construcción de bajeles" que, por Real Cédula de 1721, se mandó observar en los astilleros de España y América. Se le acusó de excesivo empirismo en la construcción, cosa comprensible dada su formación, pero no han faltado quienes modernamente le defienden y ponderan la valía de este hombre extraordinario.

Por la misma época en que Gaztañeta se esforzaba en sus labores de constructor enderazadas a la reforma del arte de navegar y de construcción naval, vivía otro vasco quien alcanzó en el mundo fama extraordinaria en el mismo arte que el guipuzcoano.
Era éste Bernard d'Elissagaray, nacido en Armen-daritz, cantón de Yoidi, en 1562, es decir cuatro años antes que Gastaneta.

Discípulo y amigo del filósofo Malebranche, del ingeniero militar Vauban y de otros hombres eminentes, Elissagaray es autor de una obra titulada "Teoría de la maniobra de los buques" en la que sentó principios que fueron combatidos y dieron origen a apasionadas polémicas, pero el hecho es que sus ideas en cuanto a construcción de barcos se impusieroa en Francia a las de Duquesne y formó en Brest y otros puertos una serie de hábiles y eficaces constructores.

Por otra parte, se distinguió en empresas arriesgadas como el bombardeo de Argel, en 1683, que se llevó a cabo siguiendo sus propios procedimientos de ingeniero.
Pudiéramos mencionar a otros vascos distinguidos en el arte naval como José Echeverri y sobre todo, el otro Echeverri, el general Jacinto Antonio quien nos legó un tratado que se titula "Discurso sobre la construcción naval". Y una cosa que da idea de la importancia que a las cosas del mar se daba entre nosotros es que en nuestra literatura euskérica de ese tiempo tan pobre en temas especializados, contamos con un autor como Oyarzábal el de San Juan de Luz que compone "Itsasoko navegazionea", tratado, como el título lo dice, sobre la navegación marítima. Y tampoco nos faltará quien se preocupe de la salud de nuestros marinos que ahí está el libro de Vicente de Lardizábal "Consideraciones Político-Médicas sobre la Salud de los Navegantes.. Instrucciones para el mejor régimen de los Cirujanos de Navios que hacen viaje a América, especialmente para los de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas... Madrid 1769.

Y pudiéramos seguir con otros claros marinos, desde el almirante Zubiaur hasta Churruca quien antes de hacerse célebre con su gloriosa muerte en la batalla de Trafalgar fue, precisamente por aguas de esta América, hombre de grandes estudios y hallazgos sobre temas marinos.
Y tuvimos también grandes innovadores. Pensad en aquellos tiempos en los que para conocer la velocidad que hacía el buque se valían de astillas que se arrojaban por la proa. Cuando se emparejaba con ésta, comenzaba a andar el navegante por cubierta llevando la astilla de través hasta llegar a popa y entonces aplicaba la regla de tres: "si yo he andado tantas brazas (el largo del buque) en tantos minutos, en una hora navegaré tanto".
Pues así se operó hasta el siglo xvii en que Castañeta inventó la corredera de barquilla que privó hasta el moderno invento de la automática.

No tenían los navegantes los perfectos instrumentos de hoy en día y así hubieron de recurrir a métodos como aquel llamado de "las bendiciones del Piloto" que consistía en poner la vista en la estrella Polar y, con la mano de canto, trazar en el aire un círculo vertical hasta caer sobre el rumbo correspondiente en el compás. Procedimiento muy primitivo pero usual hasta Francisco de Aguirre, inventor del método de las distancias lunares para determinar la longitud en el mar.
Si de los navios pasamos ahora al tema concreto de los navegantes, cronológicamente hemos de citar como los más antiguos a los pescadores de ballenas, pesca o caza podríamos decir mejor, en que se sigue creyendo que fueron los primeros hombres que se ejercitaron y en la que, en la persecución del monstruo de las aguas llegaron hasta las islas Feroe y, por el Atlántico septentrional, arribaron a lugares entonces tan remotos como Islandia y Terranova y hasta se dice penetraron en la desembocadura del río San Lorenzo y costa del Labrador, hasta que las guerras de
la corona de España con Inglaterra paralizaron estas actividades cantadas por el viejo poeta de Ziburu Joanes Etxeberri, de principios del siglo xvn.

Después de los balleneros habría que considerar a los pescadores de bacalao ea los bancos de Terranova donde en inscripciones funerarias y en varios nombres toponímicos: Bahía de Vizcaya, Buruandia, Baruchu-mea, Portutxu, Oporportu, Etxaideportu... dejaron constancia de su empresa que, por desgracia, hubieron de abandonar a consecuencia del tratado de Utrecht (1713).
Entre tantas empresas en que tomaron parte importantes los vascos podríamos citar la de la conquista de las islas Canarias (1480-1490) por su concurso a las varias expediciones hechas para esta conquista en la que, además de algunos guipuzcoanos que se distinguieron como Andia, Irarrazábal y An-chieta, estaba el famoso Perucho de Bilbao quien pobló en las islas y formó linaje 

Seguimos, cronológicamente, con los viajes de Colón en los que en ninguno deja de haber un vasco. En el primero, 1492, tenemos con la nave capitana la que antes de ser la Santa María se llamara la "Mari Galanta" con su dueño el gran piloto de nuestra estirpe Juan de Lacosa, el primer cartógrafo del Nuevo Mundo. A pesar de no ser empresa vasca no faltan en este viaje varios marinos nuestros como Pedro Bilbao de Larrabezua, Domingo de Lequeitio, Zamudio y otros. En el segundo viaje el piloto de Colón era un hijo de Pasajes; en el tercero iban el piloto Ledesma y marinos como Gamiz, Bilbao, etc. y, finalmente, en el cuarto sabemos que una de las naves llamada la Vizcaína naufragó pereciendo varios marineros guipuzcoanos.

En el descubrimiento del Pacífico realizado por Vasco Núñez de Balboa, vemos acompañan a éste vascos como Pello de Ordufia, Ortufio de Baracaldo y otros marinos sin que, por otra parte, faltara el concurso de los Arbolan cha, Zamudio, Zalduondo, etc.

Y viene la primera vuelta al mundo para cuya expedición se encarga de pertrechar las naves Nicolás de Artieta, hermano del almirante lequeitiano Nicolás de Artieta, quien para mejor cumplir su cometido se fue a Bilbao porque, según el parecer de los entendidos, allí habría de obtener los pertrechos mejores y más baratos. No es cosa, en este rápido recorrido de hacer la historia de esta inmortal navegación emprendido bajo el mando de Magallanes, pero que hubo de ser concluida bajo la dirección experta y segura de aquel excepcional navegante que fue Juan Sebastián de Elcano quien al terminar su periplo en la "Victoria' 'traía a su bordo a dieciocho marinos —mejor se podría decir supervivientes— de los que cuatro; Juan de Acuno, de Bermeo; Juan de Arratia, de Bilbao; Juan de Zubileta, de Baracaldo y el propio Elcano, eran vascos.

Otra navegación de primera importancia hemos de nombrar; aquella expedición que al mando de Miguel de Legaepi y en la que va como piloto aquel hombre que conocía como nadie las inmensidades del Pacífico, Andrés de Urdaneta, quien llega a las Filipinas y después de asentar en ellas las bases de una colonización que honrará siempre a quienes la pusieron en práctica y al lema de Legazpi "Nori berea zuzenbidea", Urdaneta, realiza lo que hasta entonces se tenía por imposible la navegación de la vuelta para la Nueva España hasta el puerto de Acapulco.

Con Urdaneta y Legazpi estuvo en las Filipinas el vizcaíno Guido de Labesarri, el primer europeo que entró en los marea de la China con su nave. Y puestos a visitar los más recónditos puertos, los vascos llegan al mar de Azof al que arriban junto con los venecianos; y por el Mar Negro penetran hasta Odes-sa, cosa hasta hace poco desconocida y ahora testificada por los historiadores rusos, y suben al Spitzberg donde su presencia está siendo proclamada por la llamada Bahía de los Vizcaínos, nombre, por cierto, que encontramos en diversos rincones del globo, bien, p. ej., en California, bien en Mianü, bien en otros lugares.

Hay otro aspecto de la actividad de los vascos sobre las aguas y es el de su participación en batallas de las que citaremos algunas de las más memorables.

En la batalla de Lepante (año 1571) en la que se decidió la suerte de la cristiandad contra los turcos, se adelanta la figura de Francisco de Ibarra, célebre organizador de la escuadra a cuyo mando iba don Juan de Austria de cuya nave capitana fue constructor el famoso Juan de Álzate quien si alcanzó renombre en el dicho arte, supo no menos distinguirse peleando como un héroe en dicha batalla como capitán de una de las naves que tomaron parte en aquella memorable acción en que, según el glorioso mutilado de ella, Miguel de Cervantes, "se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban, creyendo que los turcos eran invencibles por la mar" ("Don Quijote... ").
En la pretendida invasión de Inglaterra, en 1588, por aquella formidable Armada a que se llamó la Invencible, aparecen entre los jefes de ella los nombres de Juan de Recalde, almirante jefe de la escuadra vizcaína y vicealmirante de la Invencible; Miguel de Oquendo que mandaba a la giiipuzcoana y Martín de Bertendona, jefe de la de Levante. Conocido es el fracaso de la empresa. No se trata aquí de exculpar a los marinos nuestros que actuaron en tan altos puestos de mando, pero ha de tenerse en cuenta que el supremo de la escuadra fue conferido al Duque de Medinasidonia cuyo mérito principal como lo dice Garrett Mattingly en su reciente documentado libro "The Defeat oí the Spanish Armada" (Londres, 1B59) era el llamarse don Alonso de Guzmán el Bueno y ostentar el título y grandeza de España consiguientes. Por lo demás él fue el primero que se mostró extrañado de la designación como lo expresa en carta a nuestro Idiaquez, secretario del Rey, en la que le confiesa no sólo no tener experiencia del mar sino que se mareaba y resfriaba cada vez que se había aventurado a embarcarse. En este punto principal como en tantos otros, la organización de la empresa, según sigue diciendo el historiador inglés, dejaba mucho que desear. Había muchos barcos en malas condiciones, muchos mediocres marinos y los mejores de ellos, como textualmente lo dice Garret Mattingly, los guipuzcoanos de Oquendo y los vizcaínos de Re-calde y sus barcos, andaban escasos de armamento y aun de tripulación y toda la flota sin la mitad siquiera de las embarcaciones auxiliares necesarias. Así se preparó el desastre.

Otro combate naval y otro desastre fue el de Tra-falgar (1805) en el que los vascos estaban con la escuadra española que junto con la francesa luchó contra los ingleses. Allí, junto a la pericia y heroísmo de Nelson, hay que sañalar la ineptitud de Villeneuve, almirante en jefe de la escuadra coaligada y el fin glorioso de Churmca a quien los ingleses honraron como los valientes saben honrar al enemigo heroico. Con Churriica cayeron otros héroes vascos como los vizcaínos Echagüe, Alcega y Moyua. Y para que no faltara la contribución de tierra adentro allí estaba el almirante Álava, natural de Vitoria y vicealmirante de la escuadra.

Y terminaremos esta serie de célebres batallas retrocediendo un poco al siglo xvm para recordar, ya que la acción fue tan cercana a esta tierra de Venezuela, la defensa victoriosa de Cartagena de las Indias, asaltada por el almirante inglés Vernon quien nada pudo conseguir ante la inquebrantable resistencia de la plaza encarnada en el célebre marino gui-puzcoano Blas de Lezo.
Otro aspecto queremos considerar brevemente y es el de la actividad marítima vasca en cuanto tiene relación con empresas comerciales.

En este capítulo señalaremos como uno de sus más destacados exponentes al tráfico con los Países Bajos donde en la ciudad de Brujas que era un emporio del comercio en los siglos xm y siguientes, llegaron a alcanzar los vascos posición sobresaliente como exportadores de su hierro y de la lana, frutos y otras mercaderías procedentes del interior de la Península.

Allí poseyeron los vascos el Consulado llamado de la Nación Vizcaína que funcionaba aparte del de los reyes de Castilla, según los documentos lo atestiguan. Era un edificio construido al lado del que ocupaba el Ayuntamiento de la ciudad. Fue erigido a fines del siglo xv y era de estilo Renacimiento italiano con grandes columnatas y espaciosas graderías, adornado de estatuas que desgraciadamente, desapareció el siglo pasado a consecuencia de un incendio. Pero todavía se sigue llamando a su antiguo solar "Plaza de los vizcaínos" y aun quedan los vastos almacenes subterráneos que daban al canal por donde los vizcaínos daban salida al tráfico de sus productos.
Había también factorías vascas en diversos puntos como en Francia donde se contaban las de Nantcs, La Rochela y Rúan (Rohuen) y otras partes y hubo en el siglo xrv, depósitos comerciales a orillas del mar de Azof, como en su "Historia de Rusia" lo hace constar Karamsin. Y en el orden de empresas marítimas y comerciales por poco se nos olvida nombrar, de puro tenerla aquí al alcance pudiéramos decir de la mano, aquella del siglo xvm en que los comerciantes y marinos de Guipúzcoa plasmaron sus actividades en la Compañía de Caracas que tanto hizo por el progreso y organización comercial, cultural y aun política de Venezuela, aunque todavía no se la haya hecho la justicia que merece, pero que, poco a poco, los mejores investigadores venezolanos le van acordando.
Tampoco podemos dejar de citar aquí aquel monumento de la experiencia marítima y mercantil de los vascos constituido por las "Ordenanzas de la Ilustre Universidad y Casa de Contratación de la Villa de Bilbao", compilación que trascendiendo a su propio ámbito, llegó a imponerse como Código de Comercio y rigió como tal en todas las posesiones españolas de América hasta que el de Napoleón llegó a sustituirle.

Claro está que si nosotros íbamos con nuestros barcos y comercio a todas partes, era natural que, en más o menos, se diera la contrapartida. Y asi la presencia de extranjeros que con fines comerciales venían a Euzkadi está señalada p. ej. en San Sebastián por la calle de los Esterlines quienes no eran otros que los delegados de la Liga Banseática, es decir, los alemanes de las ciudades de Lubeck, Bremen y Hamburgo que concurrían a hacer activo tráfico mercantil con los puertos vascos. Tenemos en Lequeitio "Holanda'ko molla", el muelle de los holandeses, y en Plencia "Anglesena", es decir, el de los ingleses, y en Orio "Antilla" punto de donde partía el tráfico para Cuba. Y citaremos la calleja de La Rochela, en Bermeo, aunque esto no sea recuerdo de una actividad mercantil sino de aquel asalto frustrado de los hugonotes franceses a la isla de Izaro que dejó huella profunda en la memoria popular ber-meana.

Si dirigimos ahora nuestra vista a nuestros compatriotas del norte del Bidasoa, vemos que allí se da la característica especial de que la mayoría de los marinos de Laburdi se distinguen más que como grandes navegantes como piratas y corsarios. Así el famosísimo "Michel el Vasco" que atacó a Portobelo y raptó el galeón "La Margarita" con un millón de pesos a bordo, y fue por dos veces (1666) asaltante de Maracaibo y de Gibraltar y cuya figura ha pasado a más de una novela de aventuras.

Entre los corsarios merece recordarse a Joanes Suhigaraychipi, natural de Bayona (fines del siglo xvir) prototipo de los hombres que consiguen títulos de nobleza por hazañas y servicios prestados. Se dice de él que en seis años capturó cien buques mercantes. Luchó mucho contra los holandeses y llegó en sus travesías a Spitzsbergen y murió en Terranova donde se conserva la lápida de su sepulcro.

Surge ante nosotros la figura de Itchtebe Pellot, nacido en 1765 en Hendaya, quien combatió, principalmente, contra los ingleses los cuales pusieron precio a su cabeza. Era famoso por sus tretas de zorro que le permitían abordar a enemigos que le duplicaban y triplicaban en número, saliendo siempre triunfante. Es una de las más grandes figuras entre nuestros corsarios de los cuales pudiéramos recordar a otros capitanes de los puertos de Guetary, Hendaya, San Juan de Luz... como Haramburu, Haraneder, Destebetcho, Iriart, Larreguy, Garat, etc. Y con Ma-nech, o sea Juan Nicolás Lafitte, el de Bayona, quien luchó en Estados Unidos en su guerra de independencia y cuya estampa parece arrancada de las páginas de una leyenda, cerramos este desfile de hombres de mar.
Por último, vamos a considerar dos aspectos, confortador el uno, desalentador el otro, que surgen de la historia de nuestra vida y hechos a través de los mares.

El primero es el de la confraternidad vasca que, a pesar de la absurda separación impuesta por la estructuración política, arranca incontenible de la entraña misma de la raza para concretarse felizmente en aquellos que se llamaron "Tratados de buena correspondencia" que quizá puedan parecer absurdos en pura teoría de derecho internacional, pero que son como el grito de la naturaleza misma. Consistían estos "Tratados" esencialmente en los pactos que firmaban los vascos de uno y otro lado del Bidasoa en virtud de los cuales se reconocía, en ocasión en que los reyes de España y Francia estaban en guerra, que no tenían por qué estarlo ni lo estaban los vascos. Hay catorce de estos tratados celebrados en los siglos xvi y xvn en que reveía la confraternidad de laburdinos y guipuzcoanos y vizcaínos.

Asimismo quedó testificado ese espíritu de hermandad racial en las pescaderías de Terranova adonde fueron de los primeros los guipuzcoanos con Juan de Echaide y al llegar los de Laburdi convivieron todos en admirable armonía que siguió a través de los si-blos hasta que, con el tratado de TJtrecht que siguió a la guerra de Sucesión española (1713), hubo de romperse tan hermosa tradición por la prohibición impuesta a los barcos de subditos del rey de España de concurrir más a la pesca en aquellos bancos. Protestaron enérgicamente los vizcaínos que fueron a hacer valer sus derechos, antiguos y anteriores a todo rey, a Inglaterra; lo hicieron igualmente las Juntas guipuzcoanas por entonces reunidas en Azcoitia, pero la razón del más pequeño siempre es una pequeña razón.

El aspecto desalentador nos lo ofrece Caro Baraja quien en su hermoso libro "Vasconíana", escribe:
"Si pensamos en la humilde vocación de piloto y capitán, demostrada por Juan Sebastián Elcaco, en los esfuerzos de TJrdaneta, en las gestas de Legazpi, experimentaremos una sensación de confianza: he aquí unos hombres de mar sin mezcla de otra cosa, que en nada se parecen a los aparatosos almirantes del siglo xvm, más conocidos por sus victorias o derrotas que por sus descubrimientos. Pero veamos la suerte de nuestros capitanes unas décadas o siglos después. Miguel de Oquendo el Viejo y el almirante Recalde mueren de pena o de vergüenza al traer a España los restos de la Gran Armada. ZubUur, al termino de su vida, queda maltrecho en una lucha con los holandeses. La última batalla del gran Oquendo, de Antonio, la Batalla de las Dunas, se considera, pese a la piedad filial empeñada en lo contrario, como una victoria del almirante Tromp, su enemigo. Gaz-tañeta, piloto habilísimo, constructor y pedagogo, no figura en las historias generales más que como el almirante al que derrotó de una manera, tal vez no decorosa, pero sí efectiva, el primero de los Bing, frente al cabo de Passero, en Sicilia. Churruca es el héroe de Trafalgar..'., pero héroe vencido. De la mala fortuna histórica se salva, frente a Vernon,/iúerto, manco y cojo, don Blas de Lezo. ¿Cómo explicar la repetida falta de suerte en horas decisivas? Creo que, en esencia, hay razones de carácter técnico, y otras más bien de carácter administrativo que la aclaran". Yo diría que es indudable, que hubo razones de carácter técnico y estoy seguro que otras de tipo administrativo, como en el fracaso de la Invencible, se podrán señalar. 

Pero hay otra en la que no repara Caro B aro ja y que para mí es la fundamental, la razón de las razones: la dispersión nacional vasca, la falta de conciencia nacional que nos hizo vivir separados unos de otros y al servicio unos y otros de causas extrañas; la falta de un Estado, un reino o lo que fuera que nos hubiera llevado, en un común y coordinado esfuerzo a tener algo así como, a ejemplo de Portugal y Holanda, como nosotros pueblos pequeños y de vocación marinera, un imperio colonial en el que se pudieron hacer grandes fuera de sus fronteras naturales; el habernos faltado este espíritu patriótico que no nos llegó hasta hace poco y que restalló formidable por toda nuestra tierra con nuestros gudaris y se hizo gloria pura e inmortal en la gesta del "Nabarra", aquel barquito heroico que supo luchar, sin temor y sin esperanza, contra el crucero español "Canarias", inmensamente superior a él. Yo creo que si estos hombres que nosotros tuvimos sobre el mar; esos navegantes, esos almirantes, esos navios bien construidos y bien aparejados hubieran estado al servicio de una nación vasca unida y saturada de un espíritu como el que vibró en los combatientes de] "Nabarra", la historia marítima vasca sería otra cosa. Y seguramente otra cosa sería también la historia de nuestra Patria.
Caracas. Centro Vasco, 8-XI-19G1

 
 
 
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I) INIDICE OBRAS COMPLETAS PUBLICADAS INTERNET

 

I.1 Linea de Vida  y su Obra

I.2 Poesias en Euskera Recopilacion Total

I.3 Conferencias Recopilacion

I,4 Articulos Periodisticos Recopilacion Total

I.5 Lengua Vasca

I.6 Gernika

I.7 Uruguay

I.8 Venezuela

I.9 Reseñas Biograficas

I.10 Traducciones

I.11 Obras Publicadas

I.12 Semana Vasca en Montevideo

I.13 Ciclo de Clases

I.14 Nota Bio-Bibliografica

I,15 Biografia en Euskera

I.16 Sitio en Internet en Euskera

I.17 Nostalgia

I.18 Articulos Periodisticos Indice Cronologico

I.19 Articulos Periodisticos Indice Alfafabetico

II) OBRAS COMPLETAS - Libros Publicados en Internet

 

II.1  El Hombre Vasco

II.2 Hombres de la Compañia  Guipuzcoana

II.3  El Elemento Vasco en el siglo XVIII Venezolano

II.4 Vicente Antonio de Icuza

III) INDICE de TEMAS RELACIONADOS. Libros publicados por sus hijos;

 

III.1 Nere Aita - el exilio vasco - Mirentxu Amezaga 

III.2 Cronicas del Alsina -  Arantzazu Amezaga de Irujo

IV) Sus Hijos Escriben;

 

IV.1 Los tres Barcos que llevaron a Ama y Aita

IV.2 Travesia

V) Sus Hijos Escriben tras su muerte;

 

V.1 A mi Aita

V.2 La cancion de mi Padre

VI) Otros aspectos

 

VI.1 Reunion Familar en su Memoria

VI.2 Exodo

VI.3 Comision del Cuatricentenario de Caracas

VI.4 Inauguracion de la Plaza que lleva su nombre en Algorta

VI.5 Su Pequeño Poema en la Nota Necrologica 4 Febrero 1969

VII) Toda su Obra Publicada convertida en Formato PDF- puede ser leida en dispositivos  e-Book

 

 VII.1 Amézaga Vicente  Autor Irujo Ametzaga Xabier

 VII.2 Articulos de Prensa

 VII.3 Bio Biografica

 VII.4 Biografia en Euskera

 VII.5 Ciclo de Clases

 VII.6 Ciclo de Conferencias

 VII.7 Nostalgia

 VII.8 El Elemento vasco en el Siglo XVIII Venezolano

 VII.9 El Hombre Vasco

 VII.10 Los Hombres de la Compañia Guipuzcoana

 VII.11 Obras Publicadas

 VII.12 Vicente Antonio de Icuza

 VII.13 Poesias

 VII.14 Relacion de Escritos como Autor

 VII.15 Reseñas Biograficas

 VII.16 Semana Vasca Montevideo

 VII.17 Semana Vasca Montevideo Indice de Articulos

 VII.18 Traducciones

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Dedicatoria y mi homenaje a Mercedes Iribarren Gorostegui - Su esposa y mi ama

 
Sitio en Internet en homenaje a Vicente de Ametzaga Aresti.
http://vicenteamezagaaresti.blogspot.com
Unico sitio en Internet, que lleva su nombre, de referencia completa de su vida y su Obra totalmente publicada en Internet, 
Poesias, Articulos de Prensa, sus Libros, completando asi, y cerrando todo lo que se habia escrito en libros sobre el y su vida
Creacion, Edicion y contacto: Xabier Iñaki Ametzaga Iribarren
e-mail: xabieramezaga@gmail.com
Blog Xabier Amezaga Iribarren: http://xabieramezaga.blogspot.com
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