Make your own free website on Tripod.com

OBRAS - COMPLETAS 

 
ÍNDICE DE TÍTULOS DE ARTÍCULOS  . LENGUA VASCA

 

LOS VASCOS EN LA LITERATURA CASTELLANA* GONZALO DE BERCEO

Por el laudo arbitral de 1177, seguido del deslinde de 1179, se resolvió definitivamente, a favor de Castilla, la larga disputa sostenida con el reino de Navarra sobre la posesión de la Rioja. Quedó así el reino vasco injustamente despojado de un territorio al que títulos históricos y raciales indiscutibles proclamaban parte suya. "La Navarra extrema" la llama aún el médico alemán Gaspar Stein, que en 1610 recorrió la Península. Con anterioridad a él (en 1466) Rosmithal, el viajero checo, escribía: "Dos millas antes de Burgos acaba Vizcaya y empieza España". La lengua vasca, que "en la Rioja se habló por muchos siglos y aún se hablaba en tiempo de Sancho Garcés, llamado el Noble y el de Peñalén"', y que aún pervive en la abundante y clara toponimia de esta región, está diciendo, con voces cuyos ecos repiten los muros que en Santa María la Real de Nájera se alzaron para custodiar el eterno sueño de los reyes de Navarra, cuál es el origen y cuál el idioma de los antiguos pobladores de esta comarca.

Dos partes hay que considerar en la Rioja: la Alta y la Baja, ambas de gran interés para la historia de nuestra cultura.

La Rioja Baja —Calahorra y territorios comarcanos que hacían parte del convento cesaraugustano—, fue la parte de Vasconia más intensamente romanizada. Vencida la heroica resistencia de los calagurritanos2, éstos se romanizaron totalmente ofreciendo a las letras latinas los dos autores en esta lengua que, con justo título, podemos reclamar los vascos: en el siglo I, Quintiliano, el primero que en Roma abrió tienda de elocuencia; en el IV, Prudencio, el príncipe de los poetas cristianos. Esta zona fue poseída por los árabes hasta mediados del siglo XI.

Distinta fue la suerte de la Rioja Alta. Su suelo no fue ocupado por los árabes y el idioma vasco originario se conservaba en ella fresco y vivo en la época en que el referido laudo de 1177 la transfirió definitivamente a Castilla. Más de medio siglo después de su ocupación definitiva por los castellanos, por los años 1234 al 39, el alcalde de Ojacastro ponía en prisión al Merino real por la pretensión de éste de que los naturales se expresaran en los juicios en castellano siendo así que su idioma era el vasco''.

La Rioja fue, de antiguo, gran foco de cultura monástica. No venios que en el viaje hecho a Navarra por San Eulogio (siglo IX) y al regreso libros que habían caído ya en olvido entre los mozárabes y que produjeron una especie de renacimiento4, se citan monasterios riojanos; pero, de todos modos: "La biblioteca de la Abadía de Santa María la Real de Nájera (fundada en 1052) debía de ser rica en obras clásicas puesto que en 127Ü podía prestar a Alfonso el Sabio "quince libros de letra antigua" entre los que figuraban ejemplares de Donato Stacio, Boecio, Prudencio, Ovidio, Virgilio, etc."5- Por el mismo tiempo, la abadía de Albelda prestaba al rey Sabio una "Farsalia", de Lucano, y unas etimologías, de San Isidoro.

Este cenobio de Albelda, que existía ya bajo el dominio de los sarracenos, fue dotado el año 924 por el rey Sancho de Navarra y, hacia 950, tenía 200 monjes y sostenía un importante escritorio; en este escritorio, el año 976, el monje Vigila produjo un famoso códice de Concilios con la adición al cronicón llamado Albelden se6.

Otro centro monástico floreció también desde 927 en la Rioja, del que particularmente tenemos que ocuparnos aquí: el de San Millán de Bercco o de la Cogolla. Estaba situado cerca de la frontera de Castilla y, aunque en 1002 fue incendiado por Almanzor, Sancho el Mayor puso todo su celo en restaurarlo rápidamente. Este monasterio, "El Escorial de la Rioja", aumentó en esplendor, revelado, entre otros aspectos, en e! famoso escritorio en el que tantas obras valiosas se archivaron y copiaron y de las que aún se conservan tantos códices, principalmente de tipo mozárabe, así como el "Cartulario" que encierra tesoros de lengua e historia vasca que están aún por agotar.

En este monasterio se redactan a mediados del siglo X aquellas glosas que constituyen el primer texto conocido del romance español; el monje autor de este primer texto romance era vasco, seguramente navarro, y entre esas glosas romances estampa dos en euskera, que constituyen también el primer texto escrito vasco conocido: "guec ajutu ez dugu" y "izioqui dugu".

En este monasterio, cosa de dos siglos después, batía sus alas la dulce y grave musa de Gonzalo de Berceo, de quien vamos a ocuparnos a continuación.

A fines del siglo XII, por los años en que Castilla, continuando su política imperialista y arruinadora de la unidad vasca, conseguía separar de la corona vascónica los estados de Guipúzcoa y Álava, como antes lo había hecho con la Rioja, nace en un pueblecillo de ésta, el mismo "ond San Millán fue nado", Gonzalo de Berceo (probablemente en 1198).

El mismo nos dice que: "en San Millán de Suso fue de niñez criado" y a nosotros nos place imaginarnos al mocito corriendo por los campos próximos al monasterio, saltando los varios arroyos que corren por la pequeña planicie rodeada entonces de espesos montes. El muchacho es sano y gusta de corretear por aquellas arboledas donde aquí y allá ofrecen sus frutos los granados y perales, los manzanos y las higueras. En estos deportes —o quirolas, como él en vasco sabe decir—, se ejercitaba en su niñez, contenido en sus travesuras por la visión de "Don Bildur", fantasma que, tal vez, sus padres euskaldunes —¿es que él no lo fue?— imaginaron a este fin.

Los años van pasando y Gonzalo es ya un mozo grave que gusta del retiro y la meditación. Siente misteriosos "arduras" que le hacen buscar la soledad. Miradle ahí, sentado en ese prado "verde e bien sencido de flores bien poblado" que es lugar codiciable para un hombre cansado. ¿Cansado de qué? se pregunta Gonzalo, mientras proyecta su mirada a la lejanía, allá a las cumbres de la sierra de la Demanda que le hurtan de esa parte el horizonte, o al pétreo pico de la "Cuculla" o Cogolla, de que recibe su nombre el Monasterio. Muy pronto su vocación está decidida y la vida de Gonzalo queda vinculada a la del monasterio riojano.

Aquí su vivir tiene una doble proyección: de un lado, es el apartamiento, la meditación, las largas horas que en la iglesia o en la celda su alma pasa embebecida en lo divino; de otro lado, el bullicio y las novelerías de los romeros que pasan y pagan su hospedaje en el monasterio famoso refiriendo sus andanzas y recuerdos; tal vez es uno que hace pocos años estuvo en la de las Navas donde Sancho de Navarra, olvidando, generoso, viejos agravios, ayudó decisivamente a Alfonso VIII de Castilla y León contra la morisma, conquistando para Navarra las cadenas de su escudo; quizá se trate de otro que, con los ojos cargados de visiones que pasan pronto a nutrir la fantasía del joven Gonzalo, relata las místicas hazañas con que van asombrando y conquistando al mundo los jóvenes hijos del de Asís y el de Guzmán.

Pero Gonzalo ha aprendido a leer, y en el refugio cogollense de la cultura ha entrado en relación con el mundo de la literatura universal. Ama apasionadamente la estada en la biblioteca del monasterio, que le atrae irresistiblemente con la seducción de aquellos viejos códices que le abren un mundo nuevo lleno de cosas bellas y grandes que los iletrados no pueden ni siquiera sospechar. Y Gonzalo, envuelto en aquel ambiente de espiritual sosiego, frente a los anaqueles de la sala de lectura donde se atesoran aquellos textos de las Escrituras y de los Santos Padres, repletos de sustanciosa doctrina, legendarias narraciones y colecciones de tradiciones piadosas que exhalan su perfume de candor y crónicas contemporáneas que, quizás, descansan en el mismo estante donde yacen algunas raras reliquias de la cultura grecorromana, lee, lee siempre...

Nuestro mozo ha llegado a los 23 anos; es ya diácono; el que no profesara en el monasterio, el que viviera más bien como un vínculo de los monjes de la Cogolla y sus paisanos, los legos de la comarca, hizo que comparara más de una vez interiormente la gran riqueza espiritual de los primeros con la penuria cultural de sus feligreses. De esta comparación surgió en él una idea que marcaría un rumbo decisivo en su futuro: hacer partícipes de aquellos tesoros encerrados en los preciosos códices a aquellos comarcanos suyos con quienes tanto gustaba de conversar. Ellos le contaban sus vidas humildes; tal vez le llamaban para que concurriese como juez en sus diferencias o como testigo en sus pleitos. El joven diácono se sentía muy cerca de ellos. Era, además, la época en que Santo Domingo (m. 1221) y San Francisco (m. 1226) habían revolucionado el antiguo concepto monástico: cada uno debe buscar su salvación procurando la de sus prójimos. Y, ¿quiénes podían invocar con más títulos ese nombre que sus compatriotas, aquellos hombres de Berceo, aquellos de la Rioja toda, a quienes tan frecuentemente tenía ocasión de tratar en las visitas de ellos al monasterio o en las de él a los pueblos comarcanos?

Gonzalo se propone, pues, que sus compatriotas participen de los tesoros espirituales de aquellos códices latinos; él los traducirá y los hará asequibles a todos. Y hará más: llevado de su patriotismo y de un certero instinto que le dice que ningún ejemplo influirá mejor sobre los riojanos que el dado por sus propios santos, se lanza a traducir y versificar la vida de éstos. Y así compone la del varón de Cañas, Santo Domingo de Silos o la del hijo de Berceo, su glorioso compatriota San Millán o la de la virgen de Villa Vellayo, la bendita Santa Oria...

En la "Vida de Santo Domingo de Silos", primera que compuso, comienza Gonzalo declarando su propósito vulgarizados

"Quiero fer una prosa en román paladino, En qual suele el pueblo fablar a su vecino".

Esto quiere decir que el romance dominaba ya en Berceo y sus alrededores; pero estamos seguros, sin embargo, de que el euskera, siempre perdiendo terreno, se hablaba en las cercanías, si es que en el mismo Berceo parte de la población no era aún bilingüe. Nos lo dicen los vasquismos que aparecen aquí y allá en la lengua de Berceo, esa lengua "que parecía haber formado él mismo con elementos diversos", al decir de Ernest Merimée, nos lo certifica el que casi por los mismos años (1230) en que el de Berceo publicaba su "Vida de Santo Domingo", el alcalde del lugar riojano de Ojacastro, a no muchos kilómetros de allí, ponía en prisión al Merino real, según ya dijimos, por la pretensión de éste de que los naturales se expresaran en los juicios en castellano, porque el euskera y no el "román paladino" era el lenguaje propio de aquellos riojanos.

Gonzalo de Berceo, para componer estas "Vidas", como hará con las que después escribió, se inspira en un texto latino que le sirve de guía: "Vita Beati Dominici" de Grimaldo (m. 1090), monje de Silos, compañero del Santo. La fidelidad y el respeto de Berceo hacia el texto original son tan grandes que cuando no tiene seguridad absoluta de lo que lee advierte con encantadora simplicidad sus dotes de mediano lector y latinista:

"609. Non departe la villa muy bien el pergamino ca era mala letra en cerrado latino, entender no lo pudi...".

Siguiendo, pues, fielmente, la narración de los hechos del original, como tantas veces nos lo advierte en el curso de esta "Vida", Gonzalo nos cuenta cómo el sacerdote riojano Santo Domingo, prior de San Millán, enemistado con su rey natural García de Navarra, emigra a Castilla donde por encargo del rey Fernando (hermano de García) restaura el caído monasterio de tierra de Silos "que salva la frontera... contra Extremadura". Gonzalo llama "bon rey don Fernando" al de Castilla, mientras que, después de varias alabanzas preparatorias, tacha de codicioso al navarro en su pretensión sobre los tesoros de la Abadía a la que se opuso Domingo:

"El rey don García de Nágera señor. Fijo del rey don Sancho el que dicen mayor, Un firme caballero, noble campeador. Mas para Sant Millán podrie ser mejor".

Así conviene a la narración de la vida de santo Domingo; así Grimal-do narra los sucesos; ¡lástima que Gonzalo, desviándose por un momento de su guía y recordando cómo el "bon rey don Fernando" mató a su hermano en Atapuerca (1054) y despojó a Navarra de parte de sus territorios, no hubiera señalado más justicieramente de qué lado anduvo la codicia, la secular codicia que hizo que él naciera castellano en lugar de vasco!

Pero si nuestro poeta sigue tan ceñidamente al manuscrito que le guía, hasta el punto de que cuando éste falla no se atreve a completar por su cuenta el texto, la expresión, la forma —y en ella está la esencia poética— es totalmente suya. Son imágenes felices, evocaciones que surgen de los hechos de la vida cotidiana, dichos de la gente del pueblo con quien tanto gusto da tratar, y que engarza oportunamente en sus versos; sabe, frecuentemente, ver con los ojos de la imaginación escenas y cosas que en el texto latino aparecen secamente delineadas y a las que él, al transportarlas al romance, consigue dar animación y vida; es decir, que cuando más se aparta de su guía es cuando, generalmente, más verdadero poeta se muestra.

Esto se ve, aún mejor si cabe, en la segunda de las "vidas" escritas por Berceo, la de San Millán, compuesta pocos años después de la primera (1234).

Si aquí también hubo de tomar una base escrita7 y ninguna mejor que la suministrada por los documentos del mismo monasterio, natural es que al narrar la vida de este santo, cuya juventud se había desarrollado en aquel monte poblado de áspera maleza, en el que, siendo un niño, sólo San MÍ-llán se aventuraba a entrar. Gonzalo recordará sus temores infantiles hacia aquellos parajes —guarida quizá de "Don Bildur"— y deplorando no estuvieran escritas tantas cosas relativas a su amado santo como él había visto. —"Esto vi por mis ojos e so ende certero"—, se decidiera a insertarlas en el cuerpo de sus versos:

"Otra cosa retraen mas non la escribieron,

hí muestran los forados que las sierpes ficieron.

las peñas foradaron cuan fincar no pudieron".

"La Vida de Santa Oria", es la última de las tres de santos riojanos y la postrera que Berceo compuso8. Era el otoño del año y de su vida:

"Los días son non grandes, anochezrá privado, escribir en tiniebra es un mester pesado".

Y Berceo escribe en el portalejo de la celda en que la virgen riojana hija de García y Atnuña había muerto emparedada. Poseído, más que nunca, de místicas visiones, Gonzalo, que espera dulcemente su tránsito, nos da en esta obra una descripción del cielo gozando del cual contempla Santa Oria a los buenos vecinos de su pueblo.

Ya presbítero, había compuesto "El Sacrificio de la Misa", en cuyo poema se le ve, sencillo como siempre, sintiéndose halagado por la augusta potestad de que se ve revestido.

Compone también, siempre según la misma técnica y manera, el "Martirio de San Laurencio", otro santo de tan antigua veneración entre los vas-cones. Este poema, desgraciadamente, nos ha llegado incompleto.

Es en la segunda época de su vida cuando Berceo compone sus obras mariales: Milagros de Nuestra Señora y Duelo de la Virgen.

Son los años en que, con Santo Tomás de Aquino, el escolasticismo triunfa plenamente, haciendo, entre otras cosas, resaltar la figura de la Virgen María, superior a todos los ángeles y los santos; así, pues, la supremacía escolástica coincide con el florecimiento de la literatura mariana. Berceo, cuyo espíritu, por otra parte, parece tan naturalmente "mañano" no podía sustraerse a esta poderosa corriente que se haría sentir bien fuerte en su monasterio tan atento a las pulsaciones de la vida de la cristiandad, y escribe, entre los años 1252 y 1260, sus obras mariales.

En estas obras nos place considerar a Berceo en un simpático aspecto, en el que ya ha sido examinado; el de juglar

Es menester, para empezar, no perder de vista el ambiente de la época. El relato no va dirigido a un lector o a un público meramente contemplativo; se lo compone pensando en la "moralidad", es decir, en la enseñanza que se supone será mejor lograda si la palabra va directamente a los que escuchan, allá, por ejemplo, en la iglesia o en el atrio de San Millán, en que los feligreses o los romeros se hallan reunidos.

Berceo comienza su narración rimada con el mismo estilo que el del juglar en la plaza pública:

"Amigos e vasallos de Dios Omnopotent, si vos me escuchásedes, con vuestro cosiment, querría vos contar un buen aveniment".

El espíritu de juglaría de Berceo es, como dice Menéndez Pidal, tan sincero como el de San Francisco de Asís. Hay que tener presente que, como decíamos al principio, el principal objeto de los poemas de Berceo es el de llevar al pueblo los tesoros espirituales encerrados en los códices latinos del monasterio; el público, pues, para el que él escribe, es el mismo para quien cantan los juglares; si en los otros poemas lo quería así, ¡cuánto más en éstos en que se trata de hacer conocer a sus coterráneos los maravillosos poderes de la Gloriosa!.

Por eso Gonzalo, su humilde juglar, tiene, más que nunca, ante sus ojos, al público iletrado para quien hizo su trabajo y se dirige a él con fórmulas juglarescas para pedir atención o para anunciar un descanso en la sesión de recitado público: "Señores, si quisiéredes atender un poquiello".

"Señores e amigos, por Dios e caridat, oíd otro mirado fermoso de ver-dat", y, con afortunada frase, define su arte al hacer la sencilla petición de aquel "vaso de bon vino" que seguramente nunca le supieron negar las vides generosas de la Rioja. Tampoco la Gloriosa habrá dejado de saciar para siempre su otra sed: aquella de amor dulce, universal y fraterno de que siempre sufrió en la tierra su candoroso juglar.

Berceo es una prueba de que la poesía romance de los clérigos no nace, como por algunos se ha creído, en lucha contra la de los juglares, sino, al contrario, como una consecuencia y modificación de ésta10.

Así vemos que Berceo sólo se distingue de ios juglares antiguos por el uso de una versificación regular. Es la llamada "cuaderna vía", sisícma de versificación de origen francés adoptado por los rimadores del "mester de clerecía".

La cuaderna vía emplea cuartetos de alejandrinos monorrímos, o sea, versos de catorce sílabas divididos en dos hemistiquios iguales, acentuado cada uno en la sexta sílaba.

Se puede decir que Berceo, primer poeta conocido en lengua castellana, es también el primero con quien en esa literatura aparece el nuevo modo de construir versos sujetos a la medida y consonancia características de la cuaderna vía, y otro caso más en que vemos a los vascos sirviendo de introductores en Castilla de las novedades de la cultura francesa. Porque difícilmente se habrá escrito en España ningún poema de esa clase antes de que Berceo comenzara su producción. Y en todo caso, el Alexandre han sido compuestos, más o menos, por los mismos años, no hay duda de que, a pesar de que el que compuso el primero se envanece con la novedad de su obra, anunciándola como "un romance de nueva maestría" y de que el autor del segundo, Juan Lorenzo Segura, clérigo de Astorga, se jacta diciendo:

"Mester trago fermoso, non es de joglaria, a silabas cuntadas, ca es grant maestría".

Berceo, que de nada de esto presume, es el más perfecto de todos ellos.

Acabamos de releer la obra de Berceo. Y abandonamos con pena la compañía de este poeta primitivo y candoroso al que imaginamos, otra vez, niño entregado a sus "quirolas" en los prados del monasterio navarro, cohibido en sus travesuras por la sombra de "Don Bildur". Le vemos ya hecho diácono platicando con los romeros que buscan su "zatico", mezclado, quizá por curiosidad trovera, con un grupo de "arlóles" prestos, si es preciso, a blandir la "azcona". Nos lo representamos en el escritorio de la Cogolla devorando los preciosos códices o, ya en su celda, ardiendo en celo de que aquellos tesoros sean repartidos entre sus pobres compatriotas los iletrados; lo vemos recitando sus versos candorosos al público sencillo agrupado en el atrio del monasterio... Y, junto con un sentimiento de dulce ternura por el juglar bueno y candoroso, ingenuo y humilde, un dejo de honda amargura se posa gravemente en nuestro pecho al pensar en los compatriotas euskeldunes de Gonzalo que no recibieron su parte en la generosa distribución del tesoro; al pensar que, quizás por muy poco, perdimos con Berceo un poeta cuya obra, de haber sido escrita en vasco, tendría para nosotros un valor cuyo alcance, en todos los aspectos, podemos hoy muy bien apreciar.

 

INDICE CRONOLOGICO

 

 

LENGUA Y LITERATURA VASCA.

 

  1. Euskera. La lengua vasca 

  2. La lengua vasca. Conferencia 

  3. El día del euskera 

  4. Los vascos en la Literatura Castellana 

  5. Euskera y patria

  6. Congreso de Estudios Vascos 

  7. Diálogo de la Lengua 

  8. Cantemos en vasco 

  9. En defensa del euskera 

  10. Literatura vasca 

  11. Lengua y Nacionalidad 

 

GERNIKA.

 

  1. En el recuerdo de Gernika. 9.° Aniversario 

  2. El Roble de Colonia. Pasquín 

  3. Un árbol y un hombre son nuevo testimonio de Gernika 

  4. En el décimo aniversario de la destrucción de Gernika 

  5. El otro nieto del Árbol de Gernika 

  6. Gernika. En el 13 aniversario 

  7. El martirio de Gernika 

  8. Gernika. En el 15 aniversario 

  9. Gernika. En el 17 aniversario 

 

URUGUAY.

 

  1. El pueblo vasco ventila 

  2. En los Campos Elíseos 

  3. Intermedio jovial 

  4. La invasión de Europa 

  5. Comunidad vasco-uruguaya 

  6. Palabras de agradecimiento 

  7. Hermandad vasca 

  8. "Albokas" y "albokaris" 

  9. ¡Agur!  

  10. Rezaron fervorosamente el rosario 

  11. El pueblo de las ermitas 

  12. Canciones de Navidad 

  13. Los vascos cantan y danzan 

  14. Estudios vascos 

  15. Las casas solares del País Vasco 

  16. La realidad española bajo Franco 

  17. Defensa de la Libertad 

  18. "Sabremos cumplir" 

  19. Los Juegos Florales Catalanes 

  20. "Con Libertad, ni ofendo ni temo" 

  21. Miseria y honor de la gramática 

  22. Los paisajes entrañables 

  23. Esta es la justicia que mandan hacer 

  24. Algo sobre el carácter vasco 

  25. Franco y la cultura vasca 

  26. Ensayo sobre el retorno 

  27. "La comarca y el mundo" 

  28. Uruguay y la UNESCO 

  29. Voluntad de sobrevivir 

  30. Arte Vasco 

  31. Adiós al Uruguay 

 

VENEZUELA.

 

  1. Diálogos de ausencia y presencia 

  2. Begoña de Naguanagua 

  3. Problema de jóvenes 

  4. Yunque y martillo 

  5. Esto es Pizkunde 

  6. Artistas vascos en Venezuela 

  7. Diálogos de emigrados 

  8. Carta de Caracas 

  9. Hombres de la Compañía Guipuzcoana 

  10. Política y Patriotismo 

  11. El Himno nacional vasco 

  12. Ideas simples 

  13. Sinfonía de Guecho 

  14. Belford Hinton Wilson 

  15. El caso vasco 

  16. Resistir y persistir 

  17. Exportación de cacao 

  18. Información bibliográfica 

  19. Bolívar y los vascos 

  20. A un joven vasco 

  21. El humorismo vasco 

  22. Tres emigraciones 

  23. El Bilbao de Bolívar 

  24. Un reflejo del País Vasco 

  25. Hacia la Libertad 

  26. Los libros de la Caracas Colonial 

  27. Publicaciones del Cuatricentenario de Caracas 

  28. La "gens" caraqueña de los Landaeta

I) INIDICE OBRAS COMPLETAS PUBLICADAS INTERNET

 

I.1 Linea de Vida  y su Obra

I.2 Poesias en Euskera Recopilacion Total

I.3 Conferencias Recopilacion

I,4 Articulos Periodisticos Recopilacion Total

I.5 Lengua Vasca

I.6 Gernika

I.7 Uruguay

I.8 Venezuela

I.9 Reseñas Biograficas

I.10 Traducciones

I.11 Obras Publicadas

I.12 Semana Vasca en Montevideo

I.13 Ciclo de Clases

I.14 Nota Bio-Bibliografica

I,15 Biografia en Euskera

I.16 Sitio en Internet en Euskera

I.17 Nostalgia

I.18 Articulos Periodisticos Indice Cronologico

I.19 Articulos Periodisticos Indice Alfafabetico

II) OBRAS COMPLETAS - Libros Publicados en Internet

 

II.1  El Hombre Vasco

II.2 Hombres de la Compañia  Guipuzcoana

II.3  El Elemento Vasco en el siglo XVIII Venezolano

II.4 Vicente Antonio de Icuza

III) INDICE de TEMAS RELACIONADOS. Libros publicados por sus hijos;

 

III.1 Nere Aita - el exilio vasco - Mirentxu Amezaga 

III.2 Cronicas del Alsina -  Arantzazu Amezaga de Irujo

IV) Sus Hijos Escriben;

 

IV.1 Los tres Barcos que llevaron a Ama y Aita

IV.2 Travesia

V) Sus Hijos Escriben tras su muerte;

 

V.1 A mi Aita

V.2 La cancion de mi Padre

VI) Otros aspectos

 

VI.1 Reunion Familar en su Memoria

VI.2 Exodo

VI.3 Comision del Cuatricentenario de Caracas

VI.4 Inauguracion de la Plaza que lleva su nombre en Algorta

VI.5 Su Pequeño Poema en la Nota Necrologica 4 Febrero 1969

VII) Toda su Obra Publicada convertida en Formato PDF- puede ser leida en dispositivos  e-Book

 

 VII.1 Amézaga Vicente  Autor Irujo Ametzaga Xabier

 VII.2 Articulos de Prensa

 VII.3 Bio Biografica

 VII.4 Biografia en Euskera

 VII.5 Ciclo de Clases

 VII.6 Ciclo de Conferencias

 VII.7 Nostalgia

 VII.8 El Elemento vasco en el Siglo XVIII Venezolano

 VII.9 El Hombre Vasco

 VII.10 Los Hombres de la Compañia Guipuzcoana

 VII.11 Obras Publicadas

 VII.12 Vicente Antonio de Icuza

 VII.13 Poesias

 VII.14 Relacion de Escritos como Autor

 VII.15 Reseñas Biograficas

 VII.16 Semana Vasca Montevideo

 VII.17 Semana Vasca Montevideo Indice de Articulos

 VII.18 Traducciones

.

Dedicatoria y mi homenaje a Mercedes Iribarren Gorostegui - Su esposa y mi ama

 
Sitio en Internet en homenaje a Vicente de Ametzaga Aresti.
http://vicenteamezagaaresti.blogspot.com
Unico sitio en Internet, que lleva su nombre, de referencia completa de su vida y su Obra totalmente publicada en Internet, 
Poesias, Articulos de Prensa, sus Libros, completando asi, y cerrando todo lo que se habia escrito en libros sobre el y su vida
Creacion, Edicion y contacto: Xabier Iñaki Ametzaga Iribarren
e-mail: xabieramezaga@gmail.com
Blog Xabier Amezaga Iribarren: http://xabieramezaga.blogspot.com
Editoriales relacionadas con sus Publicaciones